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Que sirva para aprender

Todavía está en etapa de aprendizaje Crucero. Le cuesta jugar como quiere Rivoira. Acertó frente a For Ever y Guaraní y por eso ganó. Pero anoche mostró un flojo rendimiento y cayó 2-1 con Gimnasia y Tiro de Salta en el marco de la 4° fecha del torneo Federal A.
El Colectivero se puso en ventaja en el primer tiempo a través de Roberto Tucker (cuándo no), pero no supo definirlo en el segundo período y el Albo, por intermedio de un penal y un bombazo de afuera casi en el descuento, se llevó un triunfo dorado de la tierra colorada.
En los primeros 45’, tal como había sucedido en el debut como local ante For Ever, Crucero no tuvo demasiadas ideas y prácticamente no generó peligro en el arco de enfrente. Apenas un remate desviado de Robinho Dujaut a los 14’ fue lo más destacado.
Después hubo escaso juego asociado, porque Robinho y Bruno no sacaron ventajas por los costados y Marinucci esta vez estuvo fuera de sintonía. Así las cosas, la variante de los pelotazos para que la pelee Cardozo no fueron la mejor solución.
El Albo, que venía de perder a su técnico el fin de semana tras la derrota como local ante Sarmiento de Resistencia, vino con un libreto muy claro a la tierra colorada: cerrar los carriles y apretar en la zona media. Entendió lo que había que hacer para cortar los circuitos del Colectivero y obligó a que el local haga un juego incómodo.
Más allá de la falta de volumen de juego, el equipo de Rivoira se apoyó en las individualidades para asustar a Leguiza, y promediando el primer capítulo Cardozo recibió una gran habilitación de Dujaut pero entrando al área perdió mano a mano con el uno salteño.
Y si de individualidades se trata, Crucero parece haber encontrado en Roberto Tucker a su as de espadas. Cuando las cosas no salen, el defensor siempre dice presente y clarifica lo que pinta oscuro.
Sobre los 39’, el olavarriense ganó en tierra de gigantes y metió un frentazo potente que hizo estéril la volada de Leguiza. Así, y tal como sucedió ante For Ever y Guaraní en los últimos dos partidos, el zaguero fue la clave para abrir un juego hermético.
Pudo haberlo liquidado el Colectivero en el arranque del complemento, pero Marinucci definió apenas desviado, contra un palo y cruzado, cuando todos ya celebraban el 2-0.
Cuando el partido estaba entrando en un pozo, inesperadamente, el Albo encontró su chance y no la dejó pasar. Se cumplían 18’ cuando Lechner bajó bruscamente a Toledo dentro del área y el chaqueño Vallejos pitó penal. El propio delantero fusiló a Argüello y estableció una paridad hasta entonces impensada.
Hasta los 30’ el Chulo mantuvo la idea. A partir de ahí se la jugó, mandó a la cancha a dos puntas (Perussato y Cavallo) y sacó a Bruno y Caballero. La idea era clara: Perussato y Marinucci por las bandas y Cavallo-Cardozo en el corazón del área.
Pero lejos estuvo de mejorar el local. Es más, se mostró descompensado y Gimnasia lo aprovechó al máximo. Y de qué manera. A poco del final, Pablo Motta –justo él- capitalizó un rebote desde afuera del área y sacó un zurdazo que se metió en el ángulo inferior del arco de Argüello. Así como había ganado el clásico, Crucero sufrió su propia medicina. Y en Santa Inés.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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