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¿Cuánto cuesta salir a la cancha?

tapat (1)Hoja, lapicera y calculadora en mano. El dirigente deportivo se sienta detrás de su escritorio, toma un suspiro y comienza a ajustar los números.
El suspiro no es casual. Son los primeros pasos que inevitablemente debe sortear el dirigente para que el club que conduce y administra pueda afrontar su próximo compromiso.
Competir en la elite del deporte nacional lejos está de ser un placer. Al menos para aquellos que tienen como obligaciones conseguir los recursos, pactar convenios, buscar precios y resolver toda la logística para que el club cumpla con las reglamentaciones y pueda ser parte de un determinado campeonato.
El papel blanco rápidamente comienza a mancharse de tinta, la lapicera dibuja número tras número y la calculadora resuelve la sumatoria y muestra aquello que más incomoda al dirigente: el dinero que se necesita para afrontar viajes, hospedaje, comida, indumentaria, elementos deportivos y servicios varios.
La calculadora termina siendo ese circunstancial enemigo que obliga a agarrarse de la cabeza a más de uno.

Rápidamente el dirigente toma nota del evento que se avecina, anota detalladamente cada centavo que necesitará el club para afrontar ese viaje y se pone manos a la obra.
Tener un equipo de fútbol jugando en la Primera B Nacional, en el torneo Federal A, B o C, un equipo de básquet en el Torneo Nacional de Ascenso, uno de rugby en un torneo Regional o incluso un grupo de deportistas participando de un Regional o un Nacional en otra provincia, realmente implica un sacrificio importante.
Más allá de los contactos que tenga cada uno con el gobierno de turno, con el municipio o con empresarios amigos, nadie se salva a la hora de poner la cara y conseguir una mano.
En mayor o en menor medida, ningún atleta, club o federación tendrá la posibilidad de evitar gastos si no se mueve y genera los recursos para hacerlo.
Así, por ejemplo, los presidentes de Crucero del Norte y de Guaraní, pese a ser importantes empresarios, se vieron obligados a realizar una importante campaña para potenciar la masa societaria y aumentar el presupuesto de sus clubes. Un par de escalones más abajo se encuentra Bartolomé Mitre, que viene sorteando con éxito sus cruces de playoffs en el Federal C y tiene como meta escalar un peldaño y llegar al B, que el año pasado tuvo como abanderados misioneros a Jorge Gibson Brown de Posadas y Ex Alumnos 185 de Oberá. Si bien necesita menos presupuesto que los clubes anteriormente mencionados (viajes mucho más cortos, sueldos más bajos y gastos no tan elevados en cuestiones administrativas), conseguir el peso resulta mucho más complicado y sacrificado.
En el mismo sentido, para que los rugbiers del Capri puedan ser parte del torneo Regional, los propios jugadores del Azurro contribuyen con diferentes sumas de dinero para poder costearse los viajes, el hospedaje, las comidas. Incluso el tercer tiempo cada vez que juegan de local.
Y en el escalón más bajo de la pirámide aparecen aquellos deportistas que tienen que golpear puertas, caminar kilómetros y perder varias horas del día insistiendo para que almas generosas se apiaden de ellos y les permitan cumplir un sueño.
Salir a jugar, como dicen ellos, tiene un precio. Y hay que pagarlo.

Sosa: “Jugar en Puerto Madryn nos cuesta $300 mil”

Gustavo Domínguez, utilero de Crucero, se encarga de que a los jugadores nos les falte nada (Foto: Marcelo Rodríguez)

Números, números y más números. Enteros, decimales, primos, racionales, positivos y, sobre todo, negativos. Competir cuesta plata. Y conseguirla cuesta.
“Para poder jugar en Puerto Madryn necesitamos 300 mil pesos”, dice con el ceño fruncido Juan Sosa, el nuevo coordinador general de fútbol de Crucero del Norte, consultado por El Territorio. Es fácil escucharlo. Difícil asimilarlo.
“Es un viaje muy largo y lo tenemos que hacer en avión”, aclara. Y rápidamente repite los cálculos que ya hizo una y otra vez. “El pasaje en avión a Trelew (no hay viaje directo de Buenos Aires a Madryn) cuesta 7.000 pesos por persona, por 26 pasajeros suma 182 mil pesos. Trasladarnos de Posadas hasta Buenos Aires (a un promedio de 2.000 pesos cada pasaje) nos implica un gasto de 51 mil pesos. Y de Trelew a Madryn, otros 21 mil pesos en micro. A esto hay que sumarle 34 mil pesos por un día de hotel, aunque como tenemos el viaje de regreso a la noche seguramente vamos a tener que pagar media pensión más de hotel, lo que significan más o menos otros 15 mil pesos”, detalla. Las matemáticas no mienten. Alrededor de 300 mil pesos para jugar un partido de la B Nacional.
Jugar en la ciudad chubutense sin dudas repercute en un gasto importante para cualquier equipo, por las largas distancias, pero claramente aún más para uno del norte del país.
Para jugar frente a Juventud Unida de Gualeguaychú, en el debut de la Copa Argentina, Crucero deberá desembolsar 170 mil pesos. “Sólo ir en avión a Buenos Aires nos cuesta 91 mil pesos (26 pasajes a 3.500 pesos cada uno), y a esto hay que sumarle 31 mil pesos de hotel y 51 mil pesos para volver en colectivo”, apunta.
La AFA, que según el convenio debería pagar a los clubes de la Primera B Nacional 700 mil pesos mensuales, sólo abona 600 mil, pero ya lleva cuatro meses de deuda y la mayoría de los clubes no tiene cómo sostenerse.
“A nosotros la AFA nos adeuda cuatro millones y medio de pesos”, afirma el dirigente, y aclara que “ese dinero lo puso la empresa Crucero de Norte en su momento para costear los gastos y ahora tenemos que devolvérselo a la empresa”.
Pero no sólo jugar afuera de la provincia repercute en gastos. Hacerlo en casa también. “Cuando jugás de local el club debe hacerse cargo de los árbitros y del operativo de seguridad”, agrega. Alrededor de 18 mil pesos en gastos de traslado para los hombres de negro (árbitro principal, dos líneas, cuarto árbitro y un veedor), y otros 12 mil para hospedarlos obligan a juntar un piso de 30 mil sólo para tener justicia. Y 40 efectivos policiales, el mínimo que pide AFA, demandan casi 13 mil pesos (a 320 pesos cada uno).
Crucero actualmente tiene 5.000 socios activos, pero la gran mayoría utiliza sólo los segmentos sociales del club, como los quinchos, el gimnasio, la pileta, las canchas de tenis, de padel, de hockey y el salón, por lo que ese dinero no va al fútbol profesional.
De hecho, y ante la imposibilidad de afrontar en soledad los costos de presentar las seis categorías menores de Crucero en los torneos de AFA, el club recibió con muy buenos ojos la iniciativa de unos padres que decidieron conformar una comisión y recaudar fondos para que los chicos crezcan profesionalmente. Hoy, esa comisión de padres aporta la mitad del dinero que el club necesita para que 120 pibes de entre 14 y 20 años puedan jugar semanalmente frente a los principales clubes del país en las divisiones inferiores, indudablemente la base de todo club.
Para poder sostener una estructura, “lo ideal sería llegar a 15 mil socios”, reconoce el dirigente.

Guaraní y su campeonato aparte con los números

Competir en el torneo Federal A es complicado para la Franja en cuanto a lo económico. Viajes, árbitros, hoteles y seguridad, son los principales gastos que tienen los misioneros.

Cada vez que Guaraní debe abrir el estadio para un partido del Federal A debe gastar entre 55 y 60 mil pesos (Foto: Facundo Correa)

El fútbol sabe de pasiones y de emociones. Conoce miles de historias de alegrías y de frustraciones, de victorias y de derrotas. Pero hay otro lado: el que tiene que ver con las cifras de cada fin de semana. Un terreno frío, que no perdona y que muchos desconocen. Los números del fútbol son crueles muchas veces con los clubes.
El descenso de la Primera B Nacional al torneo Federal A no solamente significó para Guaraní un sabor amargo en su historia deportiva y un mal recuerdo para todos sus hinchas. La Franja sufrió también en lo económico, ya que claro, pasar de la segunda categoría a la tercera del fútbol nacional tiene su costo.
Cada vez que el equipo posadeño debe jugar en Villa Sarita, el club debe desembolsar entre 55 y 60 mil pesos. Abrir el Clemente Argentino Fernández de Oliveira para 90 minutos de juego, hospedar a los árbitros, líneas y veedor que exige la AFA, contratar a la seguridad para el día del partido -otro punto que se solicita desde la organización-, pagarle a los trabajadores del club es algo que se debe realizar, al menos, dos veces al mes.
La cosa cambia cuando Guaraní va a jugar afuera. En este caso los costos antes mencionados pasan al equipo local, pero la Franja igual debe viajar y hacer noche en Resistencia o Formosa, sede de sus compromisos en la primera fase.
Si bien el equipo misionero tiene un acuerdo con una empresa de colectivos, que le permite obtener “por canje” un micro para el plantel, la delegación se conforma con al menos 25 personas y eso implica otro gasto más.
Jugadores, entrenadores, médicos, preparadores físicos, utileros, son parte de esa delegación. Guaraní viaja un día antes de cada partido fuera de casa y debe gastar entre 50 y 55 mil pesos en hospedaje y comidas. ‘Afortunadamente’ en esta primera fase del federal A, la Franja tuvo viajes a Chaco y Formosa, es decir, que apenas terminados los partidos emprendió la vuelta a Posadas, aunque, claro, antes debe pagar la cuenta.
Hay que sumar a estos gastos mencionados, por ejemplo, que en cada partido que Guaraní es local se deben utilizar tres nuevas pelotas oficiales. La AFA les vende a los clubes los balones con un precio especial, aunque para la categoría de la Franja no bajan de los 750 pesos cada una.
Pero no son todas pálidas. Para que los clubes no desesperen a la hora de hacer números, la AFA aporta para las arcas a través de los derechos de televisación. La entidad madre del fútbol nacional baja para el conjunto misionero 78 mil pesos por mes. Esto claro después del problema que hubo y del reclamo de varios equipos, ya que antes los miembros del Federal A recibían 60 mil pesos, poco más de lo que cuesta abrir el estadio para un partido.
Hoy Guaraní cuenta con alrededor de tres mil socios que conforman un pequeño piso de ingresos. A esto hay que sumarle lo que aportan algunos patrocinadores y el dinero que recibe desde AFA por la televisación, como números a favor.
Es cierto que los costos de la categoría son otros. Abrir el estadio para jugar en el Federal A es más barato que en la B Nacional. Lo mismo corre para el canon que perciben los árbitros, pero también es cierto que los ingresos son menores, ya sean por parte del espónsor como de la televisión y de todo eso debe hacerse cargo el club.
Para que la redonda ruede todos los fines de semana, antes hay que hacer números (a veces malabares), sino en este fútbol-negocio millonario, las facturas son caras y la cosa se complica.

El Gigante posadeño que resurgió de las cenizas

Con un gran crecimiento, el club Bartolomé Mitre se embarcó en el torneo Federal C. Siendo protagonista de la categoría, la economía pasa a cumplir un rol fundamental.

Dei Castelli es optimista con el futuro de Mitre (Foto: Facundo Correa)

Es difícil suponer que un club demande gastos mayúsculos participando en la quinta categoría del fútbol argentino. Hasta conociendo las estrategias de sustentabilidad parece una utopía alcanzar cifras considerables en el torneo Federal C.
Lo cierto es que la realidad golpea todos los meses la puerta en Rocamora imponiendo condiciones. Entonces hay que estar preparados para tomar decisiones en frío en una batalla numérica que parece eterna. Eso sí, si ya estás embarcado es difícil mirar atrás, ya sea por amor propio o por el simple hecho de no fracasar en el intento. Porque el crecimiento está a la vista, sólo que hay que sortear obstáculos en el camino.
El club Bartolomé Mitre registra desde 2014 avances importantes tanto en estructura como en competencia. Con ayuda del Gobierno y una buena administración, las deudas fueron saneadas permitiendo el renacer del Gigante. “Decidimos construir cuatro canchas de fútbol cinco dentro del club. De esta manera íbamos a tener un ingreso sostenido en el tiempo y dejar de recurrir a terceros para poder manejar la economía interna”, inició el presidente de la entidad, Marcelo Dei Castelli. Una de las tantas decisiones que abrieron el camino.
Los cambios resultaron a la vista en un corto lapso con la puesta a punto de la cancha principal (pintura en las tribunas, instalación de tejidos, instalación del sistema de riego y la colocación de pasto semilla). Por supuesto que los títulos ligueros fueron los primeros en aparecer. Entonces había que apostar a más.
“El gran problema del fútbol amateur son los ingresos, se requiere de ingenio para lidiar con los gastos”, agregó Dei Castelli. El club, con las escuelas de fútbol cinco, polideportivo céntrico e instalaciones en Rocamora demanda mensualmente gastos de entre 200 y 250 mil pesos, sin incluir los viajes que realiza el plantel de primera.
Actualmente, Mitre cuenta con un número cercano a los 100 socios activos y un ingreso de 180 pesos por cada uno. Además en las divisiones infantiles son 500 los chicos que forman parte de la escuelita auriazul. Pero en gastos mensuales se deben incluir los trece profesores de cada una de las categorías, la mantención de las canchas, cuerpos técnicos, personal de mantenimiento y administrativos.
“Hoy en día prácticamente nos solventamos nosotros. La ayuda oficial representa un 10 por ciento del costo de las erogaciones del club”, remarcó.
“Alquilamos la cancha de básquet, el salón de cantina y el gimnasio del polideportivo céntrico. Con este dinero cubrimos los gastos del personal. Además un porcentaje de las cuotas del fútbol infantil lo destinamos a los profesores y técnicos (incluyendo los que compiten en la liga y todas las categorías) y lo que queda invertimos en implementos”, agregó.

Los gastos del Federal
Con el club saneado la dirigencia se embarcó a la alta competencia. El equipo de fútbol logró dos títulos ligueros y actualmente compite en el torneo Federal C, en el que ya accedió a las semifinales en busca del ascenso.
Pero no todo es color de rosas. Habilitar la cancha en este certamen implica un gasto de 13 a 15 mil pesos por partido de local. Para pasarlo en limpio, la cifra se desmenuza de la siguiente manera: 1.950 pesos al Consejo Federal más 6.50 pesos por entrada vendida, 2400 pesos en efectivos policiales y la presencia y estadía de los árbitros (el número varía dependiendo de la distancia de la que provengan los colegiados).
“Con las entradas cubrimos gastos de habilitación de la cancha cuando jugamos contra El Brete, pero ante Argentinos del Norte de Clorinda no, porque se jugó un lunes y eso significa pérdida”.
Distinta es la historia para el club cuando juega de visitante. La cifra puede ascender hasta el doble en gastos. “Jugar de visitante en el Federal C te sale 50 mil pesos porque hay que sumar la estadía, el transporte y las comidas”.
A pesar de las cifras, el destino está marcado. Con doce personas en la dirigencia y la ayuda de padres, el club logró salir adelante y va por la buena senda. “Ahora buscamos construir baños, vestuarios y completar el sistema de iluminación en la cancha principal”, cerró Dei Castelli. Hay buenos augurios para el Gigante de Rocamora.

CAPRI corre con desventaja en el Regional

Los posadeños tienen un gasto aproximado de 30 mil pesos cada vez que juegan de visitantes en Corrientes, Chaco o Formosa.

Los jugadores de CAPRI gastan aproximadamente 1.800 pesos por mes para jugar el Regional del NEA (Foto: Sixto Fariña)

Si bien es cierto que durante los últimos años el rugby en la Argentina tuvo un crecimiento exponencial en cuanto a su nivel económico y deportivo, la realidad indica que para las uniones de cada provincia el presupuesto dista, y mucho, de ser el ideal para poder afrontar las distintas competencias que se presentan cada temporada.
Es más, lejos de llegar a cubrir los gastos necesarios, les genera pérdidas a los clubes que tienen la posibilidad de participar en torneos regionales, provinciales o nacionales. Un fiel exponente de esta situación en Misiones es CAPRI, equipo que viene disputando hace varios años el torneo Regional del NEA (el más importante de esta parte del país) y que realiza un gran esfuerzo económico cada vez que tiene que jugar como visitante en Corrientes, Chaco o Formosa.
“Si viajamos un día antes del partido y tenemos que quedarnos a pasar la noche en un hotel con todo el plantel, tenemos un gasto aproximado de 30 mil pesos”, contó al El Territorio Gustavo “Oso” Esteche, ex jugador y actual entrenador del Azzurro.
Estos gastos se solventan, en gran parte, con el apoyo económico que recibe todos los años la Unión de Rugby de Misiones (Urumi) por parte de la Unión Argentina de Rugby (UAR) y que se encarga de distribuir a los distintos clubes de la provincia según las competencias que deban afrontar.
Pero esta ayuda le sirve al club posadeño sólo para cubrir los gastos de transporte, por lo que la estadía (de ser necesaria), la alimentación, y demás gastos corren exclusivamente por cuenta de la comisión de rugby del club y el aporte de los jugadores, que compiten de manera amateur y colaboran poniendo de sus bolsillos un promedio de 1.800 pesos por mes.
Cabe destacar que la de Misiones es una de las uniones más chicas a nivel país y tiene un presupuesto muchísimo menor al que le toca a Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o Tucumán, que cuentan con una gran cantidad de clubes y que tienen distintos tipos de competencias de mayor relevancia a lo largo de todo el año.
En este contexto, el club CAPRI se las ingenia para dejar lo más alto posible a la provincia cada año, aunque los resultados deportivos son muy desfavorables frente a equipos que cuentan con otro presupuesto para infraestructura, logística y nivel deportivo.
La participación de CAPRI en el Regional del NEA en cuanto a lo económico depende de los fondos destinados para Misiones desde la UAR, de lo que aporta la comisión de rugby del club cada año (aproximadamente contribuye con 73 mil pesos para realizar ocho viajes durante todo el Regional) y de los patrocinadores que colaboran con sus auspicios. Todo esto sin contar el aporte de los jugadores, que generalmente ayudan con 150 pesos en cada viaje.
Desde la dirigencia del club aseguran que para que esta situación cambie y no se generen pérdidas hay que sumar más auspiciantes, un objetivo bastante complicado para los tiempos que corren y más en un deporte amateur como el rugby.
Como conclusión se puede señalar que si bien en los últimos años las uniones de las provincias recibieron una mayor partida de dinero, el rugby argentino debe priorizar su frente interno, fortalecer las competencias y hacer lo imposible para que los clubes de todo el país sigan siendo ese reducto desde donde surgieron, históricamente, esos valores tan preciados.
Porque el rugby tomó otro protagonismo en la sociedad y se debe apuntalar a los clubes para la gran cantidad de nuevos chicos que se acercan a este juego. La UAR tiene en la AFA un espejo donde no mirarse: el de una unión rica y clubes en quiebra. Que la opulencia no signifique pérdida.

OTC y el desafío de sostenerse en la elite

Los costos, el desgaste de los auspiciantes y falta de renovación dirigencial hacen cuesta arriba el proyecto. Analizan jugar partidos como local también en otras localidades.

OTC tuvo que afrontar momentos difíciles en cuanto al presupuesto pero siempre se mantuvo vigente en el TNA (Foto: Luciano Ferreyra)

 En la última década, Oberá Tenis Club (OTC) se convirtió en la nave insignia del básquet misionero. Es el equipo de la provincia con mayor continuidad en la Liga Nacional, ya que militó dos temporadas en Liga B y ocho consecutivas en el TNA. Un récord de permanencia para el deporte de la tierra colorada.
Tras diez años de protagonismo, parece natural ver al Celeste entreverado en la elite del básquet argentino y muchos no logran mensurar el esfuerzo, la dedicación y el trabajo que existe detrás del sostenimiento del proyecto.
La contracara fue Luz y Fuerza de Posadas, que logró un meteórico ascenso a la máxima categoría y al año siguiente todo era ruinas. Duró lo que dura cualquier estructura ficticia inflada con recursos ajenos.
Pero OTC eligió un camino sustentable, lo que no es sencillo en los tiempos que corren. Hoy, los altos costos, el desgaste de los auspiciantes y falta de renovación dirigencial, más el exitismo de muchos hinchas que sólo acompañan triunfos, hacen cuesta arriba la continuidad en el TNA.
“Por la realidad que nos toca, estamos en serias dificultades para seguir. No vamos a bajar los brazos porque no queremos perder lo que logramos y tenemos la tranquilidad de que el Gobierno provincial no seguirá ayudando, lo que prácticamente asegura la continuidad. Pero para que esto tenga mayor basamento tenemos que reforzar la dirigencia y encontrar el indispensable acompañamiento de la Municipalidad, que te puede resolver cuestiones con elementos que están en su estructura, no sólo con plata”, explicó Antonio Lindstrom, presidente de la subcomisión de básquet profesional.
En diálogo con El Territorio, el dirigente anticipó en exclusiva la intención de reforzar la representatividad provincial de OTC para llegar a más público y auspiciantes.
“Estamos evaluando que el equipo juegue algún partido en Posadas, Iguazú o Eldorado, sobre todo cuando hay dos juegos por semana y por ahí se recarga al espectador local”, explicó.

OTC es Oberá
En la última temporada, la participación en el certamen demandó un presupuesto de 4,5 millones de pesos, para un equipo que pretendió estar de mitad de tabla para arriba. Después, como es deporte y no una ciencia exacta, los resultados dependieron de varios factores.
Para temer una idea de lo que significa la Liga Nacional, el costo de apertura de cancha en el TNA ronda los 22 mil pesos por partido, cuando la recaudación promedio de OTC como local es de cuatro o seis mil pesos.
“Hoy en día el aporte oficial asciende al 80 o 90 por ciento del presupuesto. Por eso, si el Gobierno no nos apoya, no podemos jugar”, reconoció el dirigente Roberto Sigot.
Por ello, la actual conducción considera imprescindible el aporte de la Municipalidad y comenzaron a barajar opciones para oxigenar el proyecto, al punto que analizan jugar algunos partidos en otras plazas de la provincia.
“Reclamamos la participación de una pata clave, que es la Municipalidad de Oberá. OTC representa a Oberá y la Municipalidad nunca nos acompañó. Ahora, el nuevo intendente por lo menos nos acompañó en los últimos dos partidos de la temporada”, destacó Tony Lindstrom.
Y graficó que “una temporada no nos fundimos porque la Municipalidad de Campo Grande nos prestó el colectivo, siendo que es un pueblo mucho más chico. Cómo puede ser que en Oberá, siendo la segunda ciudad de la provincia, no podamos lograr ese apoyo. Insisto, para que esto tenga futuro la Municipalidad tiene que ser parte importante, tiene que estar junto en la misma mesa, resolviendo y gestionando”.

Fuente: El Territorio.

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