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“Jugar con ellas fue lo mejor del deporte”

“Jugar con ellas fue lo mejor del deporte”

Mariana Chuda y Lucía y Delfina Marcos no solamente son madre e hijas, sino que también comparten la pasión por el básquet (Foto El Territorio)

Para Mariana, Lucía y Delfina será un día especial. No solamente porque es el Día de la Madre y porque van a pasarlo juntas, sino porque habitualmente los domingos son días de partido. Día de básquet para la familia Marcos-Chuda, aunque este 2020 cambió todos los planes.

La rutina no fue tal a lo largo del año y a las mujeres de la familia les faltó encontrarse dentro de la cancha. Tener ese momento en el que pisar el rectángulo lo cambia todo y lo de afuera deja, al menos por un rato, de ser lo indispensable.

Mariana vio dar a sus hijas, Lucía (21) y Delfina (12), sus primeros pasos en una cancha de básquet. Fue entrenadora de la mayor y ahora lo es de la menor de una familia que respira básquet y que se completa con Mariano Marcos y Juani, quien hoy está en España jugando en Barcelona.

En tiempos de pandemia, tanto Mariana como Lucía se tomaron un rato para revalorizar el juego entre madres e hijas. Los momentos buenos y los no tanto. Los inicios y el disfrute que produce darse el lujo de jugar juntas al deporte que aman.

“Jugar con mi mamá es una locura. Ella me dirige desde que tengo 5 años, nunca tuve otra entrenadora. Hemos tenidos muchos choques porque somos madre-hija fuera de la cancha y ambas tenemos un carácter importante, pero creo que no hay un mejor momento como cuando compartimos la cancha”, aseguró Lucía, quien hoy vive en Posadas y viajó a Eldorado para pasar el Día de la Madre con Mariana.

“Para mí jugar con ellas fue de lo mejor que me dejó el deporte. Yo arranqué a dirigirla (a Lucía) cuando tenía cinco. Vivíamos en Rosario y yo trabajaba en el club Náutico, en el que me crié y empecé a trabajar como entrenadora, y ella me llevaba a sus amigas a jugar al básquet, siempre fue así”, recordó la madre y rápidamente contó una infidencia.

“Después me boicoteaba, porque me decía ‘jugamos a lo que yo quiero, sino le digo a mis amigas que no vengan porque es aburrido’. Fue una negociación hasta que fue más grande y empezó a disfrutar del básquet. Creo que al principio era como una obligación, lo mismo que le pasó a Delfina. Nosotros vivíamos en la cancha de básquet, estábamos todo el día. En un principio, quizás era una obligación y después empezaron a disfrutarlo”, agregó.

De idas y vueltas
Compartir tantas horas dentro y fuera de la cancha puede ser complicado. La relación madre-hijas es además una relación entrenadora-dirigidas, algo con lo que Mariana, Lucía y Delfina tuvieron que aprender a convivir, pero que no afectó lo que sucedía en casa, al contrario lo potenció.

“Generalmente cuando era más chica peleábamos un montón, pero de grande fue disfrutar y darme cuenta de que no mucha gente puede compartir la cancha con su mamá, no solamente dirigiendo, sino jugando”, analizó Lucía.

“Soy muy maternal con mis alumnas, pero con mis hijas soy muy exigente porque el ejemplo empieza por casa”, confesó Mariana y agregó que “si ellas no hacen las cosas como corresponde, si faltan o no dan el cien por ciento, qué ejemplo sería”.

“Las responsabilidades cayeron en ellas, pero lo entendieron, sobre todo Lucía, que fue con la que más jugué. Ella a los 14 o 15 ya estaba en Primera y ahí rotábamos”, contó.

“Con Lu compartí todo. Desgraciadamente la única entrenadora, salvo en algunas selecciones, que tuvo fui yo. Ella siempre me retrucó que todas las culpas eran de ella, pero no era así, aunque lo haya sentido de esa manera”, explicó Mariana, dejando entrever que hubo momentos de tensión.

Pero el paso del tiempo puso las cosas en su lugar y llegó la hora de disfrutar. “Cuando me vine a estudiar a Posadas cambió mucho. Los domingos cuando jugábamos era nuestro momento, nos volvíamos a encontrar y a tener esa unión que teníamos”, comentó Lucía.

La pandemia interrumpió todas las competencias y la chance de poder encontrarse dentro de una cancha de básquet, pero no se desaniman.

“Para nosotras domingo era partido, el sábado era partido y es durísimo. Tratamos de buscar el lado positivo y de saber que apenas se pueda esto va a seguir”, se ilusionó Lucía, al tiempo que Mariana contó que con Delfina tienen su momento los fines de semana: “Los domingos me voy con Delfina a tirar a un playón, a jugar uno contra uno”.

“Cuando viene Juani la salida familiar es ir a jugar al básquet. Disfrutamos ir a tirar al aro, a jugar uno contra uno, dos contra dos”, resumió Mariana. Es que la familia Marcos-Chuda respira básquet.

Tres en cancha
Si bien Mariana dirigió a Lucía toda su vida y jugó con ella de manera oficial, todavía no pudo hacerlo con Delfina, aunque no faltará oportunidad.

“Delfina juega muy bien y tiene mucho talento. Hemos jugado torneos internos. Jugué con las dos, en algún entrenamiento, porque Delfina entrenaba con las más grandes. Oficialmente no jugamos, pero compartimos algunos minutos en torneos internos”, recordó la madre, quien dirigió a la más pequeña de la familia en la selección misionera.

Para Mariana sería un broche de oro poder jugar con Delfina de manera oficial. Ya se dio el gusto con Lucía, pero resta compartir partido con su otra hija.

“Hoy si se vuelve a jugar un torneo, el día que vuelva, voy a jugar. No lo haré todo el tiempo que pueda, pero lo haré”, confesó entre risas. Esa vuelta será, seguramente con Lucía al lado y, con la ilusión de poder hacerlo en algún momento con Delfina.

Lucía, Delfina y Mariana pasarán un día particular, lejos de una cancha de básquet, con las ganas de que la espera sea corta para encontrarse nuevamente haciendo lo que más aman: jugar al básquet y juntas.

Fuente: Diego Vain, El Territorio.

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