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De las inferiores de Boca se benefician otros clubes

La formación titular con la que Boca despidió el año, frente a Estudiantes, tenía a un solo jugador surgido de sus divisiones inferiores: Guido Vadalá. La lesión de Darío Benedetto había generado el resquicio para que aunque sea hubiese un futbolista con raíces xeneixes en el último compromiso de 2017. Si el rosarino de 20 años estuvo en el triunfo ante el conjunto platense fue también porque logró ser uno de los juveniles que tuvo la fortuna de regresar al club; lo hizo después de una breve aventura en Juventus (como parte del acuerdo por el regreso de Carlos Tevez) y un préstamo en Unión. Su suerte no fue la de muchos otros.
Marcelo Torres, Guillermo “Pol” Fernández, Juan Cruz Komar, Andrés Cubas, Sebastián Palacios, Nahuel Molina Lucero, Nicolás Colazo, Leandro Marín, Luciano Acosta, Nahuel Zárate, Agustín Bouzat, Alexis Messidoro, Nicolás Benegas, Franco Cristaldo, Francisco Di Franco, Mauro Dalla Costa, Matías Roskpopf, Gonzalo Escalante, Gabriel Gaona Lugo, Sergio Araujo, son algunos de los jugadores formados por Boca que no tuvieron cabida.

Los nombres ocupan varias líneas más. Con menos exposición están Iván Leszczuk, Alejandro Maciel, Mauro González, Nicolás Maná, Pedro Silva Torrejón, Santiago Krieger, Tomás Pochettino.

En distintos clubes de primera división y otros tantos del ascenso pueden rastrearse futbolistas surgidos del club de la Ribera que no lograron asentarse o tan siquiera alcanzaron a debutar con la casaca azul y oro. La cantera xeneize reparte sus productos a lo largo y ancho del fútbol argentino pero no los puede consolidar en su propia casa, ni, al menos, mantenerlos como alternativas.

La voracidad y la urgencia permanente de “Deportivo Ganar Siempre”, como renombró al club Alfio Basile en 2009, no habilitan procesos de maduración. Y la opulencia económica de Boca hace que en cada mercado de pases vaya por titulares y suplentes a fuerza de varios ceros. La gestión de Daniel Angelici , iniciada en 2011, orilla los 60.000.000 de dólares en contrataciones de futbolistas.

En 2017, Boca incorporó como coordinador de inferiores a Claudio Vivas , un hombre experimentado en la conducción del fútbol amateur, y puso en funcionamiento su fastuoso predio en Ezeiza, un espacio de más de 60 hectáreas que se creó con los campos deportivos de Real Madrid, Tottenham, Universidad Católica y AFA como modelos. De la nueva fábrica y el capataz designado se esperan pronto productos de piernas calientes y mentes frías. La proyección es que el plantel profesional se instale próximamente en la localidad del sur del Gran Buenos Aires, pero por ahora sigue en el complejo Pedro Pompilio, con la Bombonera de fondo. Los casi 40 kilómetros que separan ambos lugares materializan en parte la brecha entre el fútbol profesional y juvenil: aun cuando estuviese dentro de su intención promover jugadores, para el cuerpo técnico que lideran Guillermo y Gustavo Barros Schelotto es dificultoso presenciar entrenamientos y partidos de las divisiones menores.

En la era de los Mellizos, que se encamina a cumplir dos años, debutaron cuatro juveniles formados en el club: Gonzalo Lamardo, Messidoro, Benegas y Silva Torrejón. En el inicio de esta pretemporada se sumaron al plantel el delantero Gabriel Guerra (regresó del préstamo en Johor Darul, de Malasia) y el mediocampista Agustín Almendra, dos juveniles que se agregaron a Manuel Roffo (arquero), Agustín Heredia (central), Lamardo (mediocampista), Gonzalo Maroni (mediocampista) y Vadalá (delantero), quienes ya trabajaban con la primera.

Jorge Raffo, antecesor de Vivas, explica que “en inferiores hay cuatro procesos: detección, formación, promoción a Reserva o Primera y consolidación en el primer equipo” y que es este último el que “tiene fallas en Boca, porque los otros tres se llevan a cabo muy bien”. “Hay que tener una política de consolidación y una búsqueda específica en inferiores; como lo hace el Barcelona en España, que apunta a formar mediocampistas y extremos”, asegura en diálogo con La Nacion. “La consolidación de futbolistas juveniles requiere tranquilidad y seguridad del entrenador para potenciar a esos jóvenes. Los enormes compromisos que implica una institución como Boca Juniors muchas veces hacen difícil que se dé el tiempo que se necesita para la consolidación. La presión y las obligaciones que hay, sobre todo de títulos internacionales, hace que se compren futbolistas ya maduros”, concluye.

Boca terminó como líder de la tabla general de divisiones inferiores cuatro veces en los últimos cinco años. En 2017 fue primero en el acumulado al sumar 368 puntos (107 victorias, 47 empates y 20 derrotas), 8 más que Vélez y 14 más que San Lorenzo. Además, fue campeón en Quinta y Sexta División, mientras que terminó tercero en Cuarta y Séptima. Ese perfil ganador, sin embargo, se opaca por la falta de continuidad con valores que lleguen al primer equipo.

El ejercicio económico de la institución al 30 de junio del año pasado arrojó un gasto en fútbol juvenil de $42.337.371 (contra los $27.493.457 de 2016). Si los recursos que Boca destina a la formación no se traducen en soluciones futbolísticas, al menos sí representan un negocio rentable. Así lo expresa esa Memoria y Balance, que refleja ingresos por más de 200 millones de pesos por ventas de jugadores formados en el club (la de Rodrigo Bentancur a Juventus superó los 130 millones). El reverso de esta situación radica en que la política compradora de Boca también se extiende a la contratación de juveniles, algo que se ha mantenido desde aquella operación con Argentinos Juniors de hace más de dos décadas en la que a cambio de 800.000 dólares sumó a Juan Román Riquelme, César La Paglia, Emanuel Ruiz, Fabricio Coloccini, Carlos Marinelli y Pablo Islas. Con los Barros Schelotto debutaron Julián Chicco y Maroni, provenientes de Colón e Instituto, respectivamente.

Boca invierte y trabaja para formar jugadores con su propia filosofía, pero el hueco para que ingresen al fútbol de las grandes luces, de la Bombonera colmada y la máxima exposición, es tan estrecho que pocos logran atravesarlo; y los últimos que lo consiguieron después no encontraron su lugar. Crecer y triunfar con la camiseta xeneize es un sueño cada vez más difícil de concretar.

Por Tevez y Bentancur, el balance es muy positivo
Según el último balance, Boca embolsó varios millones de pesos por jugadores de su cantera: 4.300.000 por una mitad del pase de Escalante, 3.020.000 por una mitad del de Juan Komar, 12.080.000 por un 50% de Sebastián Palacios, 27.090.000 por un 50% de Blandi y 16.233.000 por el 100% de Luciano Acosta. Números que se suman a los 140.875.000 que Shanghai Shenhua pagó por Carlos Tevez y los 132.750.000 que Juventus abonó por Bentancur.

Fuente: Cancha Llena.

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