Fue un cachetazo que a esta altura es más doloroso, por la etapa en la que se encuentra el Argentino B. Brown dio un paso en falso, cayó 3-2 con Textil Mandiyú y comenzó a preocuparse con mayor seriedad en la tabla de los promedios.
Fue meritorio remontar un 2-0, es cierto, aunque en el instante en que debe bajar la persiana o tomar mayores recaudos, se queda masticando bronca, como sucedió después del tanto visitante en la agonía.
Si bien en los primeros minutos el Verdirrojo se animó a repetir pasajes de lo que fue la producción con For Ever (balón al ras e intento de desborde, con Pérez como cara visible), el escenario se complicó cuando Velárdez recibió en soledad en tres cuartos y asistió a Méndez de manera perfecta (puso el pase entre Romero y Arce); después el volante izquierdo se encargó del resto con una definición excelente.
Cómo resolver este problema fue la consigna para el local; tenía que poner la cabeza en remojo y saber que todavía quedaba mucho tiempo por jugar; por eso buscó aproximarse con la receta que había presentado en los primeros minutos. Y por poco no halló el gol cuando después de un rebote, Franco quedó a mano a mano con Rougier, duelo que el “uno” se encargó de tapar de manera perfecta. Esa acción fue determinante, porque después del córner posterior, Mandiyú sacó un contraataque ciento por ciento letal, con Troche como autor material. El atacante dejó sentado a su defensor y la mandó a la red con serenidad para el 2-0.
A partir de allí, Brown quedó desdibujado. Con Defilippi muy solo y Cáceres jugando al llanero solitario, las cosas se le facilitaron al visitante, que se movió con la tranquilidad de la ventaja, a la espera de una nueva contra.
Pero Brown es una caja de pandora: la abrís y no sabés con qué te podés encontrar. Esto pasó en el complemento, cuando en un abrir y cerrar de ojos se puso 2-2 a través de dos cabezazos de Cáceres, después de dos centros-asistencias de Pérez y el ingresado Núñez, respectivamente. El duelo ganó en emotividad, Mandiyú se vio tocado en su orgullo y desnudó algunas desinteligencias defensivas en el local.
Con las acciones abiertas, nadie se animaba a apostar fuerte por uno y otro; el local tenía grietas llamativas, lo que le daba chances serias al Algodonero de pasar otra vez al frente. Pero el propio Brown encendía una y otra vez la mecha de la esperanza cuando los delanteros pasaban tres cuartos. Con tanto desorden, algo tenía que pasar.
A tres del final llegó la mejor, con una acción individual de Fragata en el área, cuyo disparo se fue muy alto. Y sobre los 45′ lo increíble: un tiro libre desde el campo de Mandiyú, Troche la bajó y del rebote posterior a su remate, Riedmaier puso el 3-2 final. ¿Si estuvo bien? Dicen que la concentración es clave. Y el visitante así lo entendió en la última jugada.
Fuente: territoriodigital.com




Comentarios recientes