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Tomás Petry: “Volvería a elegir el fútbol cien veces más”

Es posadeño pero jugó cinco años en Suecia, donde fue ídolo a base de goles. “Es cierto que allá se corre más”, confirma sobre el mito del fútbol europeo. Y va más allá de la pelota para contar experiencias únicas. Cómo es el fútbol y la vida en el otro lado del mundo.

Calor. Mucho calor. La tierra colorada se levanta gracias a alguna que otra brisa desubicada. Unos pocos automóviles, algunas motos más y hasta bicicletas. La postal -con alguna que otra diferencia circunstancial- se repite día a día en cada uno de los rincones de la patria futbolera, donde los flashes no llegan y el fútbol es pasión pura.
Tomás Petry (32) es uno más entre los que desafían a la siesta misionera en un rincón perdido del oeste posadeño. Se confunde entre el grupo que corre bajo los rayos del sol. Es uno más. Sin embargo, no es uno más.
Su pasado junto a la pelota lo llevó a recorrer lugares impensados que le permitieron vivir el fútbol de una manera diferente. Tomás es uno de esos jugadores “tocados” que pudo cumplir el sueño de vivir de la pelota.
“Si tuviera que hacerlo, volvería a elegir el fútbol cien veces más. Estoy agradecido, el fútbol me dio muchísimo”, le dice Tomás a De Primera. Y se entiende. Hoy su casa es La Picada, pero hace algunos años el delantero posadeño fue ídolo y goleador en el Öster y en el Sylvia, ambos del fútbol sueco.

La experiencia de Petry en el fútbol europeo fue única. Tuvo años dorados en los que se alimentó de goles. Sin embargo, además de lo futbolístico, Tomás pudo saber cómo es vivir en uno de los países con mayor índice de desarrollo humano del mundo. Fueron años inolvidables que lo hicieron dueño de una historia para escuchar y leer.

 
Tomás, ¿cómo llegaste a Suecia?
Bueno, yo venía de jugar el Argentino B con Candelaria, después de jugar en Atlético Misiones. Eso fue allá por junio de 2006 y tenía 22 años. Y bueno, ahí una persona conocida de mi familia me contacta desde Suecia. Sabía que yo jugaba al fútbol, entonces me contactó con un representante argentino que vive allá y que me consiguió una prueba. 
 
¿Y cómo fue viajar a Suecia??¿Conocías Europa?
No no, de Argentina,?Paraguay y Brasil no había salido nunca, así que imaginate. Para mí fue como tocar el cielo con las manos, porque era una posibilidad impensada. Y fue algo espectacular, no tenía ni idea adónde iba ni lo que me estaban ofreciendo.?Pero a esa edad, soltero y con la ilusión de jugar al fútbol de manera profesional, si me decían Vietnam, me iba…
 
¿Cómo fue la llegada? ¿Sabías hablar sueco??¿Inglés?
Nada de nada. De sueco nada y de inglés apenas lo que había aprendido en la escuela. Y?enseguida lo sufrí, porque llegué a Copenhague (N. de R:?capital de Dinamarca, conectada a Malmo, en Suecia, por un puente de casi 8 kilómetros de largo) y el representante no pudo ir a buscarme, entonces tuve que llegar por mi cuenta. Recuerdo que tenía que llegar a una ciudad que se llama Växjö, así que iba preguntando a todo el mundo. Recién me entendían cuando les mostraba el papelito con el nombre anotado. Y llegué así, en tren. Tenía un miedo que no te puedo explicar. Y cuando llegué, lo primero que hice fue preguntarme qué hacía ahí. Estaba a más de 13 mil kilómetros de Posadas. No entendía nada…
 
¿En qué club hiciste esa prueba?
Me llevaron al Öster, que jugaba en Segunda División, pero venía de Primera y de jugar la Copa Uefa. En el vestuario sólo agachaba la cabeza y decía “Hello”. Encima el técnico era ruso. Una cosa de locos. El representante me traducía todo. Y nunca me voy a olvidar del primer entrenamiento. Todos estaban vestidos con ropa Nike, eran unas instalaciones espectaculares. Imaginate, había pasado de Candelaria a jugar en una cancha de césped sintético, con tribunas cerradas para resistir el frío del invierno. Me acuerdo que me paré atrás de uno de los arcos, miré la cancha, me agarré la cabeza y me dije:?“No puedo creer donde estoy”. Porque eran esos estadios del fútbol europeo que uno ve por televisión. Era increíble.
 
¿Y qué pasó con la prueba?
La prueba duraba supuestamente un mes, pero yo a la semana firmé contrato. Me tocó una racha muy pero muy buena. En esa semana jugamos tres amistosos e hice siete goles. Fue espectacular. Creo en Dios y sé que esa semana estuvo cerca mío, como siempre. Pero fue una semana increíble. Las veces que lo recuerdo aún no logro dimensionarlo. Es increíble que te pase eso en el otro lado del mundo, donde nadie te conoce.
Y encima después la rompiste… Fue un sueño. En el primer torneo en el Öster hice 17 goles en 26 partidos, en el segundo hice 13 goles en menos cantidad, porque había sufrido pubalgia, y en el tercero si no recuerdo mal, hice 12 goles. Tenía un muy buen promedio y eso hizo que la gente y los dirigentes  me quisieran mucho. En el Öster viví tres años inolvidables, al punto que llegó un momento en el que el representante y mis amigos me preguntaron en broma si yo les pagaba a los diarios, porque salía todos los días en la tapa o al menos me mencionaban. Una vez hasta me llamaron de un diario de Estocolmo y me preguntaron qué pasaría si me llamaban de la selección sueca para nacionalizarme. Nunca pasó nada… (N. de R: Tomás se ríe, como si aún no pudiera creer esa pregunta). Y también en una oportunidad vinieron a verme del Elfsborg, un club de Primera. ¿Sabés quién fue? Anders Svensson, el que le hizo el gol de tiro libre a Argentina en el Mundial 2002. Él vino junto a algunos dirigentes para verme.?Me saludó. Pero fue justo en el momento en que me recuperaba de la pubalgia. No se dio, por algo no se dio.
 
¿Cómo siguió tu carrera?
Lamentablemente me fui del Öster por un problema con el entrenador, con el que casi me agarré  a las trompadas. Yo estaba en mi tercer año en el club cuando él llegó desde las inferiores. Siempre pienso que fue una cuestión de ego, porque yo venía de ningún lugar y él era el goleador histórico del club. Yo como todos los años me presenté a entrenar y enseguida comenzaron cosas atípicas. Por ejemplo, hacíamos fútbol en espacios reducidos y me mataban a patadas, pero él dejaba seguir. Empecé a sentir una diferencia hacia mí en los entrenamientos, en las charlas. Y yo me reconozco bastante temperamental, entonces en una práctica estallé. Ya había aprendido sueco y en la tribuna había algunos dirigentes. Obviamente me echó de la práctica, pero yo le dije que él no me echaba, que yo me iba. Ahí encaré a los dirigentes y les dije, en sueco, que o se iba él o me iba yo. Estaba muy caliente. Al otro día volví a entrenar, pero ya fue todo muy diferente. Ese año me quedé, pero al año siguiente decidí marcharme, no quería hacerlo porque era un club espectacular, pero tampoco podía quedarme así.
 
¿Dónde recalaste?
De ahí me fui al Sylvia, en un pueblo de 180 mil habitantes que se llama Nörrkoping. Es un equipo no muy grande que en esa época estaba en Tercera. Fue el único club que me respetó el contrato. La gente ahí también era espectacular. Gracias a Dios pude hacer muchos goles. Y estuve ahí dos años, hasta que volví a Misiones.
 
¿Por qué volviste??¿Te arrepentís?
Fueron varias cosas. Yo cuando llegué tuve un muy buen momento, después caí un poco y en el Sylvia otra vez estaba muy bien, pero sentía la necesidad de volver, de jugar en algún club de mi provincia. Sentía ganas de volver. Y eso se sumó a algunas cuestiones personales. Tenía contrato vigente y todo, pero un día dije “Me voy, me vuelvo, no quiero saber más nada”. Y me vine. Son decisiones que tomás en el momento, porque después me arrepentí, porque volví y me costó muchísimo adaptarme. Cuando llegué había hablado con Pedro Dechat para jugar en Crucero, pero las cosas no se dieron y nunca supe por qué. Lo mismo con Guaraní. De ahí me fui a Rosamonte para el Argentino B, a Sportivo Patria de Formosa, Textil Mandiyú  y Ferroviario de Corrientes. Luego vine a Brown para el Federal B, el año pasado, y ahora estoy en La Picada nuevamente, ya mucho más tranquilo, porque ya quiero quedarme en Posadas y dedicarme a mis cosas.
 
¿Qué comparación hacés entre el fútbol argentino y el fútbol europeo?
El fútbol allá es muy físico, al estilo inglés. Se juega fuerte, van con los tapones de punta, jugadas que si vas acá así te dicen que sos un asesino. Allá es muy común y, por ejemplo, se usan mucho los botines de seis tapones.?Los centrales son muy altos y usan mucho los extremos, para que vayan y vengan. Hay mucho 4-4-2 y 4-3-3 y se juega a mucho pero mucho ritmo. En Suecia particularmente hay una mezcla del fútbol inglés y alemán.
 
El mito dice que en Europa se corre más… ¿Qué opinás?
Sí, para mí sí, se corre mucho más pero también se juega de manera más inteligente.?Desde los entrenamientos que ya todo es diferente. Yo acá hice inferiores en Defensores de Belgrano y en Banfield. Y los trabajos son distintos, acá es todo mucho más light. Y allá los trabajos de técnica con pelota son todos a alta velocidad.?Y entonces así se juega después, parar, tocar y moverse. Por eso físicamente tenés que estar muy bien.
 
Dejemos de lado el fútbol y hablemos de la vida en Suecia. Uno imagina que es totalmente diferente...
Y mirá, para empezar, es un frío que no te imaginás. La temperatura más baja que viví fue de 27 grados bajo cero, me quería meter abajo de la tierra, había un metro de nieve por todos lados. Y te pasás adentro de tu casa casi todo el día. Después, en lo que tiene que ver con la organización social, es impresionante en todo sentido. Por ejemplo, te vas a un banco y no hay cola. Entrás y hay dos o tres personas. Y?turno para todo. Sacás el turno que te dice que te van a atender a las 9.30 y vos decís “me van a atender a las 11”. Y no. A las 9.30, clavado, sale un tipo de no sé dónde y te llama. Lo mismo pasa también en los centros médicos. Mi primer hijo nació en Suecia y me tocó sacarle turno para el médico. Te daban consulta de acá a una semana, a las 10 de la mañana. Vos ibas y a las 10 en punto, ni un minuto más, salían del consultorio y te llamaban. Vos mirás el reloj y decís ¿cómo puede ser??¿cómo hacen? ¿cómo se organizan? Es algo sorprendente.
 
Quienes conocen dicen que también se nota en el tránsito…
Mirá, yo para sacar el carnet me tuve que leer un libro así de gordo en sueco?(N. de R: Tomás abre los dedos y los extiende, al menos, ocho centímetros). Rendí el primer examen y salí mal, recién en el segundo pude aprobar. Te toman examen oral y escrito, son 70 preguntas. Todo muy exigente. Y tenés que pagar una escuela de manejo sí o sí para practicar antes de rendir. Yo manejé en Posadas, en Brasil, en Paraguay. Y acá manejás como un loco, lo más rápido posible, tirando el auto para los costados, porque tenés que llegar rápido a tu casa. Y?allá la organización que tienen hace que todos vayan más despacio, más organizados. Y?tienen muchas rotondas. Hay mucho respeto por el otro. Otro ejemplo es que si el peatón pisa la senda peatonal, automáticamente todos frenan.
 
El respeto es fundamental…
Sí, sí. Por ejemplo, a las 10 de la noche ya hay que parar un poco con todo, porque si hacés mucho ruido te mandan a la seguridad, te golpean y te dan el primer aviso. Al segundo aviso ya te labran una multa. Todo es muy organizado, muy groso. Y otra cosa increíble que me llamó la atención tiene que ver con lo que hablábamos del tránsito. Como allá la gente es de tomar mucho alcohol, los fines de semana directamente dejan el auto y salen en bicicleta. Entonces se emborrachan y dejan tirada la bici por ahí. El tipo se va a su casa, duerme todo el domingo, el lunes va a trabajar y a la noche, cuando vuelve, pasa a buscar la bicicleta por el mismo lugar donde la dejó tirada el sábado a la noche. Y?la bici está ahí, en el mismo lugar donde la dejó.
 
Bueno, pero así también se dice que la gente es más distante…
Exacto. Es otra cosa y también te sorprende. Vos para reunirte con un amigo o compañero de trabajo tenés que organizarte una semana antes. No existe la espontaneidad, eso de que “esta noche sale un asado”. Allá primero tienen que organizar los chicos, la familia, etc. Es toda una estructura también.
 
¿Qué te respondían cuando les decías que eras de Argentina?
Maradona o Messi. Siempre era eso. Esos dos y algún que otro jugador. Y las crisis. Preguntaban por las crisis argentinas, siempre me preguntaban si había o no pobreza en el país. Y yo siempre defendí a la Argentina. Así y todo, los amigos que aún tengo allá siempre me dicen que quieren venir a conocer, pero no se animan por la inseguridad, porque allá están acostumbrados a vivir muy tranquilos, a dejar el celular en una mesa de un bar, irse media hora, volver y que nadie se lo haya tocado.
 
¿Ganaste plata con el fútbol?
Siempre tuve la posibilidad de vivir del fútbol. Y allá hice una diferencia que me alcanzó para construir la casa donde hoy vive mi hijo. Y de eso estoy orgullosísimo. Y también me dio la posibilidad de reacondicionar la peluquería de mi madre, acá en Villa Sarita, que tiene más de 50 años. Gracias a eso tengo un trabajo hoy, porque muero por el fútbol pero la peluquería también me gusta mucho. La adopté como mi profesión y es lo que hoy me permite comer.
 
¿Te queda algún sueño por cumplir?
Soy hincha de Boca y de Guaraní. El último sueño que me queda es jugar un torneo nacional con Guaraní. Esa es mi deuda pendiente. Y la verdad que no sé por qué nunca se dio. Hasta hace poco existió la posibilidad, pero no sé si hay gente adentro que no quiere que eso pase. A veces cuesta que se valore lo que uno hizo en el fútbol, porque yo físicamente estoy bien, para jugar.
 
¿Qué le debés al fútbol?
El fútbol me dio muchísimo y la verdad que soy un agradecido. Y si  tuviera que elegir de vuelta, volvería a elegir cien veces el fútbol. Es algo espectacular siempre y cuando lo vivas de la mejor manera. Esa es mi definición. El fútbol, para mí, es algo fantástico.
Fuente: Primera Edición.

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