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Guido Barreyro, el delantero posadeño atípico

Con sus 1,96 metros de altura impresiona a todos. Podría haberse dedicado al básquetbol, donde quizás le hubiera ido bien con la naranja, pero optó por otra redonda y se convirtió en un futbolista diferente, un delantero que recorrió el mundo con juego exquisito, lejos de ese nueve grandote y torpe. Guido Barreyro es un elegante del fútbol, quien prefiere el balón al ras del piso aunque mire a casi todos desde muy arriba.
“Me gustaría acompañar y preparar a los chicos en el duro camino del fútbol”, dijo.
También contó sobre incursión en el baloncesto, donde conoció al gran «Finito» Ghermann, quien intentó convencerlo para que no abandone el básquet.

En diálogo con El Deportivo, el jugador repasó toda su carrera, que incluye varios pasos por clubes de Europa y la experiencia de jugar en Newell’s, donde compartió plantel con Cristian “Ogro” Fabbiani, Rolando Schiavi, entre otros y fue dirigido por Ricardo Caruso Lombardi.

¿Cómo fue tener de técnico a Caruso Lombardi?
Lo pude conocer en Ñuls, él justo venía del ascenso, de un fútbol diferente, le costó llegar a Primera y ahí se juega diferente, son canchas chicas y no tan buenas, entonces ayuda mucho el juego aéreo, que es el estilo de Caruso. Creo que con los años cambió el estereotipo del jugador de fútbol, hoy en día en el mundo hay cada vez más delanteros y mediocampistas grandotes, antes se veía muy pocos grandes salvo arqueros o marcadores centrales.

En el plantel también estaba Fabbiani, ¿vos eras su suplente?
Eso fue un poco lo bueno y lo malo de esa etapa, porque si uno repasa la carrera del Ogro, a partir de ahí fue caída. Pero en Ñuls estaba en su mejor momento y toda la gente lo adoraba, verlo jugar era muy bueno y de compañero mejor porque siempre estaba buena onda, con muchas anécdotas. No se me pudo dar por falta de disciplina mía, era muy joven y no valoraba el lugar dónde estaba.

¿Te acordás alguna anécdota del Ogro?
Uuuhhh, tengo miles. A veces se iba de fiesta y faltaba a los entrenamientos, o llegaba en malas condiciones, entonces solamente trotaba. Pero nadie le decía nada porque llegaba el día del partido y la rompía, la verdad era un crack.

¿Qué contó Fabbiani después de ese clásico con Central donde erró un gol imposible?
Esa vez yo jugué en reserva, miré el partido desde el palco. En el vestuario, mientras festejábamos el triunfo, entra el presidente Eduardo López, quien le da una palmada en la cara al Ogro y le dice: ‘si nos llegaban a empatar, te echaba del club’. Nadie se acuerda porque fue un baile, para ganar por dos o tres goles, pero a cinco minutos del final el Kily González metió un disparo en el palo que era el empate.
En esa jugada, el Ogro gambeteó a dos rivales desde la mitad de la cancha, acostó al arquero y a metros del arco la tiró por arriba. Él, a la noche nos contó que pensó en definir de rabona y en ese segundo dudó porque no ameritaba, pero la verdad que es una jugada muy recordada sin ser gol.

¿Qué otros jugadores estaban en ese Ñuls?
Yo llegué cuando Santiago Salcedo se fue a River, también estaba (Nicolás) Spolli, el turco Husaín, Iván Pillud también había llegado desde Tiro Federal. Era un equipo con mucha diferencia de edad, había muchísimos jugadores con experiencia y el resto muy jóvenes.
La primera vez que llego al entrenamiento fui de los primeros y en el vestuario estaban el Germán Re y Rolando Schiavi tomando mate, entonces el Colo me invita uno y le dije que no, porque no tomaba mate. Me miró fijo y me respondió: ‘¡sos un misionero trucho!’.

¿Cómo se dio el pase a Sparta Praga?
El director deportivo vino al país para buscar jugadores y llegó a la escuela de Jorge Duschini en Santa Fe. Yo estaba jugando en Guaraní y justo le preguntan a Fulgencio Alfonso si en Misiones había algún delantero grandote, él había visto el partido contra Crucero del Norte, donde debuté con La Franja. Me vio esa vez y me recomendó, yo le agradecí un montón porque no lo conocía mucho. En ese momento tenía la chance de ir a Boca, pero me contactó mi actual representante, ahora mi amigo, quien me ofrece la oportunidad. Viajé, a los veinte minutos me sacan y salí enojado por jugar tan poco, pero el repre me decía: tranquilo, que ya está, quieren hablar con nosotros. Estuve dos años en Praga, tras jugar en la tercera división donde salimos campeones, junto con otros chicos subimos al primer equipo, integré la lista de la Champions, y fue algo lindo que recién empezaba pero extrañaba mucho. Fueron momentos de felicidad en los ratos de entrenamientos, pero después me quedaba solo, con otras costumbres, con días de invierno sin sol, es duro. Me costó adaptarme, hoy me arrepiento porque habría actuado de otra manera.

¿También jugaste en Suecia?
Sí, en dos etapas. La primera en el 2011, el FC Rosenborg, que es el club de origen de Zlatan Ibraimovich, el de los inmigrantes. Y la otra, ya hace un par de años fui con mi familia, al club Kristianstad. Una vez hablando con Gustavo Semino (exjugador de Atlético Rafaela, entre otros) le dije que no tenía ganas de seguir y él me dijo que estaba equivocado, que al estar en la Liga Posadeña mi nivel se iba para abajo, me convenció de volver a irme a jugar afuera. Fue una charla que se dio en el gimnasio del Brown y no lo olvido más porque me abrió la cabeza de nuevo, me puse como objetivo tener una chance más y a los seis meses me fui a San Jorge, tuve un buen año y volví a Suecia, cumpliendo el sueño de llevar a mi familia, pero las lesiones me jugaron una mala jugada.

¿En que país te sentiste mejor?
Además de Suecia, jugué en Serbia, en clubes de segunda división y de primera. El serbio es más parecido al argentino, más amigable, donde mejor me sentí, hice muchos amigos y cada vez que podía volvía ahí e incluso fue el idioma que más fácil aprendí, pero creo que tiene que ver con la comodidad.

¿Tuviste que elegir entre el básquetbol o fútbol?
A los 12 años tuve que optar por un deporte. Y la decisión fue rápida: el fútbol, sin embargo mi gente no estaba tan convencida, pensaban que iba a seguir en el básquet.

¿Es cierto que fuiste dirigido por Finito en básquetbol?
Yo empecé jugando el básquet por mi familia, por mi papá Guido, hasta que me decidí por el fútbol. Yo jugaba en el exclub Unión, tuve como profe a Finito Ghermann, un privilegio tenerlos, muchos viajes y tengo los mejores recuerdos de mi infancia. Un día tuve que decirle a Fino que quería jugar al fútbol, no le gustó mucho la idea y creo que habló con mi papá, que tampoco estaba muy convencido.

¿Te gustaría seguir ligado al fútbol, ser DT?
Yo me vuelco más por el lado de la formación, de preparar jugadores para llevarlos a los clubes. Dar las mismas oportunidades que yo tuve, pero acompañarlos, no dejarlos tan solos, es decir que ya vayan preparados para lo que van a enfrentar porque estoy convencido de que no alcanza con sólo jugar bien al fútbol, salvo que seas un Messi o un Agüero. Para ser futbolista se necesitan muchas condiciones extras, además de jugar bien a la pelota.

¿Ya en fútbol jugaste para Primera Edición?
Sí, sí (se ríe) fue en los torneos de la LIDAI, con Ricardo Caruso de DT, quien armó un seleccionado en ese momento en mi categoría, jugué con delanteros como Julio Cáceres y Ramón Lentini.

¿De qué te arrepentís? ¿Qué cosas cambiarías de tu carrera?
Me arrepiento de mi falta de disciplina. Soy un afortunado porque tuve tres, cuatro posibilidades. Fui muchas veces a Europa y no sé si hay casos así. El tren pasó mucho y no lo aproveché, eso ahora me duele. Tuve muchas personas que siempre me hablaron bien, pero no entendí. En ese momento pensaba que no hice mucho esfuerzo en lograr las metas, debuté joven en Guaraní, me fui a Europa y, ahora a la distancia, considero que sí realicé mucho para jugar pero lo desaproveché. Esa es una de las cosas que me gustaría transmitir a los chicos, para que estén preparados psicológicamente para todo, porque hay momentos durísimos y hay que superarlos.

Guido supo ser profesional, todavía cobra un sueldo por ser jugador, pero el parate del fútbol lo hizo un desempleado más. Sin embargo, no se quedó: aprovechó el ofrecimiento de su amigo Leandro Ferreira para emprender en la venta de pinturas. “Por suerte nos va muy bien, lo hacemos a domicilio y termino más cansado que de entrenar”, dijo sonriendo el delantero, quien desea seguir jugando pero sostuvo que “primero está la salud, es lo más importante en este momento”.

En la actualidad Guido disfruta de su vida familiar: “Silvia es la mujer que tengo al lado, es de fierro y junto a mis hijas Nicole y Paulina me dieron la estabilidad necesaria para mi feliz actualidad”.

Fuente: Primera Edición.

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