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Briñóccoli: “No hay que tenerle miedo al río”

Con el Paraná de fondo como en esos días en los que supo destacarse y lograr el tricampeonato misionero, Facundo Briñóccoli, hoy con 26 años, recibido de abogado y con una mirada distinta a aquellos años de adolescencia en los que brilló en las aguas abiertas, compartió su visión ante el regreso de la competencia en el río, prueba en la que mañana “sumaré para aportar desde mi experiencia y para disfrutar”, destacó.
Pero desde el momento de apretar el botón grabar, a Facundo se lo notó con ganas de contar lo que sintió en el fatídico 16 de enero del 2010, de desprenderse de ese dolor antes de volver a entusiasmarse con su inminente vuelta al agua.
Hace poco más de 8 años, Facundo sólo era un adolescente de 17 años que quería demostrar, como en cada fecha, lo que había entrenado con mucha pasión y esfuerzo, tanto en la pileta como en el río, pero a 800 metros de la llegada del Cruce, en la que venía punteando, le avisaron que algo había sucedido y sus brazadas se detuvieron, como su entusiasmo hasta hoy, que renovó fuerzas pensando brindar su experiencia a esta nueva etapa de las aguas abiertas.
“Ahora que pasó el tiempo recién siento que puedo hablar. Recuerdo en el 2008, fue el cruce que me tocó ganar -después de 12 años que un misionero no se imponía en la tradicional carrera- y se largó desde el mismo lugar, las barcazas estaban en la misma posición, el trayecto era el mismo, pero por ahí lo que no se tomó dimensión en el 2010 fue que había crecido el río, la velocidad del agua no era la misma y el viento también había cambiado en el horario de la largada. Se dieron factores que nadie tuvo en cuenta”, relató hasta con aire de mea culpa.

¿Cómo procesaste lo que pasó?
Este año hice mi primera publicación en el Facebook en aniversario de la Tragedia del Paraná, esperé que pase el tiempo y se cierre un poco la herida, fue un golpe muy duro pero no quiero que se extinga la natación en aguas abiertas, hay que crecer desde el dolor.

¿Qué te acordás de aquel 16 de enero?
El día de la tragedia yo iba hablando con uno de los chicos que falleció, Sebita (Ruzecki), en la lancha cuando íbamos a Paraguay y vimos que se estaba picando el río y le dije ‘nos va a costar bastante el agua así’.

Me acuerdo que en los primeros mil metros de carrera no me sentía para nada cómodo, le hago seña a mi viejo, que me iba acompañando, que no quería seguir pero él me alentó a que siguiera; yo me sentía raro, me costaba nadar y me termino enterando que algo había pasado a 800 metros de la llegada.

Ahí llegamos al club y la gente nos preguntaba “viste a éste o al otro” y no sabíamos nada porque los que íbamos adelante pasamos lejísimo de las barcazas; y ahí fue todo incertidumbre, había versiones de hasta que los chocó un barco…

Fue un error de cálculo, de propia negligencia nuestra también como participantes, de todos en general… de no tomarlo con responsabilidad, pero hoy la realidad es distinta.

¿Cómo encaraste tu vida después de la tragedia?
En 2011 me fui a La Plata y cursé la carrera de abogacía en la facultad nacional, me recibí y volví en mayo del año pasado para ejercer la profesión. Es que uno extraña todo de Posadas, la familia, los amigos y también el río, uno nunca se puede alejar mucho de la natación.

Después del 2010,¿ corriste otra prueba en el río?
Cuando me fui estaba nadando en el club Estudiantes de La Plata y en el 2012 fue mi última carrera en la fecha de Baradero, de 10 kilómetros, con 650 nadadores, y quedé 12° después de que se me rompió el antiparra. Antes de eso, venía tercero pero la verdad es que ya venía entrenando poco por la facultad y lo del cruce era muy reciente, esa herida costaba mucho cerrarla… me quedé sin fuerzas.

¿Qué sentiste al enterarte que se iba a hacer una prueba de aguas abiertas el domingo (mañana)?
Era difícil que una persona se haga cargo de volver a organizar una carrera, eso también es una realidad. Todos queríamos volver a nadar en el río pero nadie quería hacerse cargo y cuando vi la invitación me dio mucha alegría. Me di cuenta que hay gente que comparte el sentimiento con el agua y eso se ve acá en El Brete porque hay personas nadando con el “baywatch”, preparándose o simplemente disfrutando del agua Además, está bien que tomen la “posta” nuevos actores deportivos y avanzar en una Asociación de Natación capacitada para disfrutar de nuevo del río.

De la alegría del regreso del aguas abiertas a volver nadar hay otro largo trecho… ¿qué expectativas tenés?
Cuando vi el folleto ya me entusiasmé, lo compartí con mi familia, que siempre es el sostén más importante, amigos y mi novia. Me emociona pero a pesar de nadar este domingo, hoy me toca estar desde otro lado, no dedicándome a la natación pero acompañando este movimiento que se está generando para volver a poner la natación de aguas abiertas de nuevo como deporte que fue insignia en la provincia. Es disfrutar y volver a tener ese encuentro con el río que hace ocho años no hay en Posadas.

¿Cómo te estás preparando para la prueba?
El último mes comencé a nadar, es un sentimiento encontrado porque cuando uno deja tanto tiempo y a su vez nadó tanto, hasta cuesta volver a sentir el olor al cloro, pero también recuerdo que una de las mejores épocas de mi vida fue la de la natación. Ahora quiero participar y ponerme a disposición de los organizadores, de la gente que se quiera volver a sumar y aportar ideas.

¿La llamita competitiva aún está ahí?
Ahora voy a correr los mil metros, no la más competitiva que es la de los tres mil. Al río no hay que tenerle miedo sino respeto y no quise sumarme a los tres mil porque hay gente que ya debe estar preparada para eso, nadando hace más tiempo y no estoy en ese nivel. Los mil es más recreativa y va a ser una vara también. Claro que tengo esa llamita competitiva adentro y quieras o no te toca el orgullo (risas).

Entonces por lo pronto querés volver a sentir esa fiesta que antes movilizaba a la familia completa…
Así es, de disfrutar de todo lo lindo que es el aguas abiertas, el folclore. Mi abuelo era ‘el’ seguidor de estas competencias y falleció hace cuatro años; lo recuerdo porque es el ejemplo de lo que pasaba en otras familias; él nos llevaba a todos y quiero volver a sentir eso. Aparte con la costanera así se puede ver tranquilamente toda la carrera en el circuito boyado, antes se veía por partes.

¿Pensás que esta prueba puede ser el puntapié inicial de volver a perderle miedo al río?
Si, pero también espero que haya natación como materia en las escuelas y sea obligatorio saber nadar, vivimos en una provincia rodeada de agua. En cuanto a lo competitivo sería bueno avanzar un calendario de aguas abiertas y que se haga en toda la provincia. Hay lugares hermosos con arroyos seguros y aguas no profundas; además, los campings se pueden usar como miradores. De lo que pasó en el Cruce tenemos que aprender y sumar recaudos para que nunca más pase.

¿Qué le dirías a un padre que aún tiene miedo de que su hijo compita en el río?
Yo tuve el ejemplo de mis viejos que me acompañaron siempre y lo disfrutábamos, pero me acuerdo una vez que me fui de vacaciones y volví y quería largar una prueba que era larga y mi papá me dijo ‘no, no estás preparado’ me puso un límite, creo que uno sabe lo que puede dar su hijo en el agua pero con el entrenamiento, y con la seguridad correspondiente por el otro lado, es muy lindo.

Para finalizar, ¿qué te dio el aguas abiertas?
Me dio mucha formación, amigos con los que todavía sigo manteniendo una linda relación, me sirvió como persona porque lo que conseguí, los logros, fueron en base a un esfuerzo y eso encuadra para cualquier circunstancia de la vida. Si querés lograr algo tenés que esforzarte, sacrificarte y tener disciplina, es ideal para la edad de la adolescencia, para mí fue un pilar importante, te aleja de muchas cosas malas. Yo por ejemplo los fines de semana miraba las películas de Rocky para motivarme (risas) apuntaba a comer bien y descansar… En definitiva corría la pruebas días antes, porque imaginaba todo lo que iba a hacer y en la carrera sólo disfrutaba.

Fuente: Roxana Ramírez
Masdeportivo@másdeportivo

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