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Vuelve a vivir

“Hace falta ganar para que los chicos recuperen la autoestima”, dijo Héctor Rivoira ni bien finalizado el partido con derrota en Córdoba.

Anoche seguramente varios habrán sentido que jugaron ‘el partido de su vida’. Y deberán acostumbrarse en Santa Inés a que para sumar de a tres siempre deberá tomarse cada partido como una final.
Crucero, que venía de hacer buenos partidos pero sin poder ganar ante Chicago, Argentinos e Instituto, al fin pudo sacar provecho de una considerable ventaja y, aunque volvió a sufrir en el segundo tiempo, superó claramente por 2-0 a Chacarita y volvió a sonreír tras cuatro partidos.
Crucero, al igual que frente al Bicho y la Gloria en las últimas dos presentaciones, demostró una marcada superioridad sobre su rival en los primeros 45’. Presionó y ahogó a su adversario en la zona media, lo obligó a dividir constantemente y fue directo cuando la recuperó en campo rival. Pérez y Sotelo se despegaban súbitamente por sus carriles y Molinas y Perussato complicaban con sus constantes diagonales. No fue casualidad porque está claro que es sobre lo que trabaja el Chulo semana a semana.
Chacarita, que llegaba a este encuentro con la gran posibilidad de ser escolta de Argentinos, evidenció la incomodidad de tener que jugar en Santa Inés, y sólo el inquieto de Nicolás Oroz se salió de la apatía funebrera a la hora de buscar alguna que otra variante ofensiva.
Avisó el Colectivero a los 10’ aunque Fernández no estuvo fino en la definición. Pero a los 21’ Iván Molinas recepcionó un pase en tres cuarto, ganó en velocidad y entrando al área definió con precisión entre el arquero y el primer palo para romper la paridad.
A Chaca le costó sortear con éxito la zona media, y de hecho fue tras una fallida salida del fondo que acarició el empate con una definición Rodríguez.
A los 38’ Fernández se ‘comió’ un gol difícil de explicar, ya que en la boca del arco, tras un pase de Pérez y con un arquero revolcándose en el suelo, definió contra un palo cuando todos ya gritaban el 2-0. Esto no desmoralizó al delantero cordobés, que anoche fue una fiera difícil de domar.
El atacante armó un jugadón de otro partido en el arranque del complemento, se sacó de encima con mucha jerarquía a su marcador y camino al arco de Trípodi asistió al medio para la entrada de Molinas, quien definió con pierna cambiada para desatar los nudos de las casi cinco mil gargantas que ayer coparon el Andrés Guacurarí.
Dos goles abajo, Coyotte arriesgó lo que tenía con los ingresos de Álvarez y Casa e inclinó la cancha a su favor. Pero Crucero plantó dos líneas de cuatro bien definidas y, también gracias a la excepcional noche de Nacho Arce, recuperó la sonrisa en casa.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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