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Parece mentira

A Crucero anoche no le salió nada de nada. Y encima fue un ex Guaraní el que lo amargó en el final del partido. Así, completó una pésima semana y perdió 2-1 como local frente a Villa Dálmine, en el marco de la 32° fecha del torneo de la B Nacional.
El Colectivero estuvo mucho más impreciso que de costumbre cuando juega en el estadio Andrés Guacurarí, se dejó devorar por su propia impaciencia y dejó escapar tres valiosos puntos ante un rival que llegaba con el ánimo por el piso.

El dueño de casa esta vez no pudo llevarse por delante al Violeta, se encontró con un rival inteligente y muy rápido para salir de contra y nunca tuvo los argumentos suficientes para llegar con claridad al arco de enfrente.
La noche empezó torcida para Rivoira y sus dirigidos, porque a los 2 minutos de juego el Violeta metió una contra letal, Ezequiel Cerica ganó en velocidad, en un movimiento desairó a Nacho Arce en el vértice del área grande y definió contra un palo para sorpresa de propios y extraños.
Crucero rápidamente perdió el orden. Se quebró. Y el equipo de Campana hizo una correcta lectura del juego para llevar el desarrollo al hábitat deseado.
Nada hacía imaginar el empate local hasta el blooper del minuto 35’. Luego de un centro que resolvió sin problemas el arquero Blázquez, Leandro Fernández se desentendió de la jugada, el uno visitante nunca percibió la ausencia del 9, se tomó los seis segundos permitidos, intentó salir jugando por abajo  en las puertas del área grande y el delantero apareció de la nada, le robó la pelota y encaró con dirección al arco para estampar el 1-1 en una jugada que seguramente recorrerá el mundo.
Esa increíble jugada produjo efectos opuestos en uno y otro. Porque el Crucero del segundo tiempo sí se pareció al de partidos anteriores, al menos en cuanto a determinación ofensiva, mientras que el equipo de Felipe de la Riva perdió la brújula, la pelota y la claridad que tuvo en la primera mitad.
Pero Crucero tampoco fue una luz en medio de la oscuridad ni mucho menos. El ingreso de Enzo Bruno –volvió a las canchas tras la lesión- aportó algo de pausa y creatividad en zona de gestación, pero fue muy poco como para torcer la historia.
Los dirigidos por Héctor Rivoira tuvieron una noche errática a la hora de generar circuitos ofensivos y se apostó más a dividir que a elaborar juego asociado.
Villa Dálmine, que llegaba a este encuentro con seis derrotas sobre las espaldas, de a poco comenzó a ver con buenos ojos el punto en Santa Inés, mientras que a Crucero no le alcanzaron simplemente las ganas para asustar a un indeciso Blázquez. Pero cuando se cumplían los 90’, Lautaro Formica –un ex Guaraní- aprovechó una pelota parada y de tiro libre la puso en el ángulo superior del palo derecho de Arce para decretar el triunfo del Violeta.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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