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Un dolor arrastrado

Lamentablemente el descenso de Guaraní no fue una sorpresa, pero si uno mira para atrás comprenderá que lo de ayer no fue una casualidad y mucho menos algo inesperado, aunque eso moleste.
El equipo tardó seis fechas en ganar su primer partido en la temporada 2017/18 y apenas cosechó tres victorias en la fase de grupos, con una pésima performance jugando fuera de Villa Sarita.
En el medio de esa difícil situación, Sebastián Pena decidió renunciar. Amagó primero en Tucumán, luego en Posadas tras la derrota ante Juventud Antoniana y finalmente el 19 de octubre dio un paso al costado luego de perder 2-1 con Chaco For Ever en el Clemente Argentino Fernández de Oliveira.

Unos días después, Miguel Salinas se hizo cargo de un equipo sin rumbo y cuando ya se hablaba del descenso. En un primer momento le cambió la cara. El ánimo fue otro y la actitud del equipo se transformó. Consiguió un par de resultados que hicieron esperanzar con que el 2018 sería mejor.
Pero las lesiones y un mercado de pases muy pobre dejó casi todo en manos de los más chicos, que se bancaron el peor momento y sacaron pecho.
El panorama se hizo fecha a fecha más oscuro y hasta un par de jugadores prefirieron rescindir sus contratos antes del final de la temporada, que a mediados de febrero ya parecía definida: descenso.
Lo de ayer no fue una casualidad. No fue una mala racha y una supremacía extrema de los rivales. Al contrario, fue una sumatoria de malas decisiones que confluyeron en el final más triste.
Responsabilidad hay por todos lados. De los jugadores, de los cuerpos técnicos y de los dirigentes. De los de antes y de los de ahora. Porque sería muy fácil acusar a quienes hoy están en el club (en cualquiera de los lugares) y no recordar que durante muchas pretemporadas en Villa Sarita desembarcó una gran cantidad de futbolistas que jugaron seis meses y se fueron, avalados por los que manejaban el fútbol en ese momento.
El fútbol argentino habla de reestructuración y lo mismo tendrá que hacer Guaraní. Sentar a partir de este momento las bases para que el dolor que hoy siente el fútbol misionero se borre rápido.

Fuente: El Territorio.

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