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Grandes amigos del río

Dos de ellos tienen 16 años. El tercero, apenas trece. La adolescencia es un camino que recién comienzan a descubrir. Sin embargo, saben de desafíos, de sacrificios y de metas. Y las cumplen: el fin de semana pasado, desde los primeros rayos del sol del viernes 17 hasta el mediodía del domingo, concretaron el sueño de navegar el río Paraná, remando 400 kilómetros entre Ituzaingó y la capital correntina. Desde lo deportivo, es un récord por la edad de los chicos y la distancia cubierta. Desde lo personal, es sin dudas un logro que jamás olvidarán.
Para Julio Ernesto Sosa Díaz (16), Mario Scatollaro (16) y Sebastián Navajas (13), el raid náutico “Amigos del Río 2010” fue el corolario de cuatro meses de entrenamiento, de hacerse un tiempo entre los estudios, los exámenes y los compromisos para finalmente echar el bote al agua y poner manos a los remos.
Acompañados por la Prefectura Naval Argentina en el agua y por sus padres y entrenadores desde tierra, remaron por el Paraná en tres etapas, a bordo del Itacuruzú II, un viejo doble par con timonel de más de 40 años que debió ser sometido al trabajo de un carpintero correntino especialista en el tema para dejar al añoso bote de madera de cedro en las condiciones necesarias.

Padre río, tus escamas de oro vivo…
La partida de los chicos fue el viernes 17 de diciembre. En el puerto de Ituzaingó, a las 5.40, emprendieron la primera etapa de la travesía, que comprendió 90 kilómetros hasta la localidad de Itá Ibaté, adonde llegaron después de 8 horas y 40 minutos remando, con la asistencia permanente de la Prefectura.
Durante toda la prueba, los chicos se turnaron para remar: dos de ellos impulsando el Itacuruzú II con sus remos de más de dos metros de largo. El tercero, como timonel, cuidando la dirección de la embarcación para encauzarla en las corrientes más favorables.
La segunda etapa se concretó el sábado y fue la más larga: la partida desde Itá Ibaté fue a las 5.25 y remaron hasta llegar, alrededor de las 17.30, a Itatí.
Allí, después de un breve descanso, visitaron la Basílica de la Virgen de Itatí, para más tarde encarar el descanso con vistas a la última etapa, después de una jornada en la que remaron durante más de 12 horas, a un promedio de diez kilómetros por hora.
Julio, Mario y Ernesto salieron de Itatí el domingo a las 5.30, y tal como estaba previsto arribaron a Corrientes Capital en horas del mediodía. Tocaron tierra a las 12.25 y allí fueron recibidos por sus padres, sus entrenadores y también por directivos del Club Regatas Corrientes, lugar final de la travesía, que los esperaban con la bienvenida.

Lejos del río, cerca del río
En Gobernador Virasoro no hay ríos importantes donde entrenar para este tipo de pruebas. Pero los tres chicos se las arreglaron, de todos modos, entrenando diariamente en una laguna de Establecimiento Las Marías, donde habitualmente el Club Taragüi –al que pertenecen los jóvenes remeros- dicta clases de canotaje.
Así, en un medio diferente del que ofrece el río, con su caudal y sus corrientes, los chicos entrenaron pacientemente para poder afrontar el desafío de remar en uno de los ríos más importantes del mundo. Llevan el río en las venas como cualquiera que se haya criado a la orilla del Paraná.
El entrenamiento fue integral: desde la dieta, cuidadosamente elegida para cubrir las necesidades nutricionales que impone este tipo de pruebas de largo aliento, sobre todo en temporada de calor, hasta la preparación mental para hacerse al agua en un río tan importante, todo estuvo cuidado hasta el más mínimo detalle.
Al mismo tiempo, los jóvenes debieron alternar sus entrenamientos con todas sus demás obligaciones, especialmente las relacionadas con los estudios y los exámenes de fin de año.
De allí, de esa dedicación con la que cumplieron el sueño y la meta que se habían propuesto, rescataron los padres y los entrenadores de los chicos el principal mensaje de este logro: “estos chicos son todos buenos hijos, buenos alumnos, buenos amigos, y eligieron otro estilo de vida. Eligieron vivir sanamente, disfrutando de la naturaleza, cuidando el medio ambiente, lejos de la vagancia, del alcohol, del tabaquismo y otras adicciones comunes en la adolescencia de hoy”.
Y agregaron: “Entrenando cuando no estudian, en plena época de exámenes, adecuaron sus horarios para poder entrenar, puesto que deben preparar el físico y la moral para esta travesía de largo aliento, en la que se puso de manifiesto el compañerismo, el temple y el sacrificio para cumplir con la meta fijada”, señalaron los padres. Orgullosos. Y con razón.

Fuente: territoriodigital.com

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