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Mauri: “Vendí mi auto para comprar la bici”

Con naturalidad y espontaneidad Matías Mauri (32) responde cada pregunta en la calurosa tarde misionera que para un hombre de hierro como él, es moneda corriente. A sus espaldas tiene ya dos Ironman, la prueba más dura para un triatleta, y su último gran logro se dio apenas unos días atrás al obtener la clasificación al Mundial en Gold Coast, Australia, tras terminar entre los mejores de su categoría en el Campeonato Argentino de Sprint.
De esta manera, Mauri será el primer misionero en decir presente en un Mundial de la Unión Internacional de Triatlón (ITU), en septiembre. Con tamaña hazaña, siente que se cumplió la ilusión de niño: “Siempre soñaba cuando cantaba el himno en la escuela representar al país en un evento deportivo y se me dio ahora”.

Hoy con los lauros de dos Ironman, la prueba más exigente, antigua y prestigiosa de triatlón en el mundo, y la gloria que significa solamente tener en mano una plaza mundialista, la historia se vuelve visible pero detrás hay un amor al deporte enorme, que sobreviven a los dolores por llevar el cuerpo al extremo, bajó 22 kilos, pero también hay que batallar con los gastos que estar en el alto rendimiento implica.
“Vendí mi auto para comprarme la bicicleta”, reconoció Mauri, que sabe de sacrificios dentro y fuera del deporte, ya que la pasión se sostiene con la ayuda de su familia y su entorno, y es remunerado con el empeño que le pone a diario con casi siete horas de entrenamiento por día.
Para Australia aún faltan unos meses, pero antes, exactamente el 27 de mayo, el misionero será parte del Ironman de Florianópolis, Brasil, en la playa de Jureré Internacional, pero no estará solo, ya que los experimentados Javier Viñas, Fabián Cichanowsky y Ariel Potschka -“mis maestros”, como los califica- también dirán presente en la prueba que contempla nada menos que 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42 de pedestrismo.
Justamente estos inoxidables del deporte combinado misionero lo motivaron a Mauri a pasarse del equipo de rugby de Centro de Cazadores a equipo ‘del triatlón’ y en sólo dos años, ese empuje ya da sus frutos y de talla internacional.

¿Te sorprendió la clasificación al Mundial?
Sabía que había chances por estar federado a la Federación Argentina de Triatlón (FAT), lo que sí me sorprendió es en el puesto en el que terminé en el ranking de mi categoría (tercero en 30 a 35 años) y ser el primer misionero en clasificar a un Mundial con puntos ITU.

Saber que vas a formar parte de la selección ¿Te genera mayor presión?
Más responsabilidades en el sentido de entrenar, porque antes si tenía que correr una hora, a veces, corría 55 minutos; hoy esos 5 minutos se corren igual (risas). También por mi familia, porque para que yo me vaya a Floripa vendieron arroz con pollo. Si bien soy yo el que corro, ellos se sacrifican en todo. En apoyarme en lo que sea… Bueno ya a Australia no irán pero a Floripa vamos todos. Por ejemplo, mi hermano me hace el aguante en todo de hasta de cuidarme a mis perros porque yo no estoy en todo el día. Salgo a las 5 de la mañana y vuelvo a las 11 o 12 de la noche y esa es la presión extra que siento, tengo que cumplirle a ellos

¿Qué se te dio por pasar del rugby a hacer un Ironman?
Me gusta ponerme desafíos difíciles y cumplirlos. Empecé por el atletismo, hice el Cruce los Andes, después los 90 kilómetros de la Ultra Yabotí y cuando Javier (Viñas) me habló de un Ironman empecé a mirar videos y dije: ‘Yo puedo estar ahí’, y empecé a entrenar.

En una carrera tan larga y sacrificada imagino que se te pasan muchas cosas por la cabeza…
¡Miles! En el último Ironman, en Mar del Plata, en diciembre, tardé trece horas y en un momento pensé: ‘Qué estoy haciendo acá, no puedo ser tan boludo de inscribirme’ (risas); porque no se puede mentir, se sufre… En una de las partes del frío que hacía me puse una bolsa de basura y en la última parte de maratón iba meta a meta. Como alcanzar a alguien, llegar a un árbol y así, pero la llegada es indescriptible. El último kilómetro es considerado el salón de los héroes y sabía que ya terminaba y la gente alentaba, ver a mi familia a Ariel (Potschka) y en el final Juan (Giacóndo, deportista que entrena con él) me pone la medalla, fue una coronación… A las dos horas tenía fiebre (rompe en risas) pero valió la pena.

Se podría decir entonces que en los días siguientes caés en lo que lograste.
Claro, cuando llegué dije: ‘Nunca más hago esto’, y Fabián (Cichanowsky) me contestó: ‘Vamos a hablar después del tercer día del Ironman’ y… ¡ni pasó una semana pasó y ya estaba inscripto a Floripa!.

¿En qué te sentís más cómodo en distancias largas o cortas?
En el Mundial de Australia voy a correr en dos distancias, el 13 de septiembre, la sprint de 750 metros de natación, 20 kilómetros de bicicleta y 5 de pedestrismo; y el 15 la olímpica que es el doble, ahí es todo velocidad y mi entrenador, Carlos Dose, dice que se sabe si a uno le está yendo bien en las distancias cortas si va al límite con el cuerpo, no te sobra nada… Sin embargo, en un Ironman, la distancias uno ya las hace en el entrenamiento y en la carrera disfruta. Ambas tienen lo suyo.

¿Cómo es tu vida diaria con tanto entrenamiento?
A mil, trabajo en el Poder Judicial a la mañana y estudio (abogacía) en el momento que puedo porque son muchas horas que estoy entrenando. De esta manera también estoy arrastrando a mi familia a mi vida porque, si bien vivo con mi hermano, voy a comer a lo de mi mamá que vive cerca de la costanera y es mi ‘búnker’. Ella me cocina sino imposible cuidarme con las comidas porque no tengo tiempo y me sobra hambre, porque el desgaste es mucho. Mi base es la rapadura, me da energía, me llevan al por mayor todas semanas a mi trabajo (risas).

O sea que todo cambió en tu vida…
Cuando jugaba al rugby tenía 102 kilos, hoy peso 80, bajé 22 kilos. Mi rutina también cambió si pero rescato del rugby que me ayudó muchísimo para fortalecerme mentalmente, en el club me apoyaron para superarme cuando me rompí el tobillo y la rodilla y a los meses estaba jugando otra vez, de tozudo. A veces estoy muerto no doy más entones pienso que en cuanto más rápido llegue más rápido va a terminar el sufrimiento, eso no cambió.

Para finalizar, ¿cómo te las arreglás para costear tantos gastos ?
Para tener esta bicicleta vendí mi auto, achiqué el gasto y me compré una moto. No me quedó otra porque esta bici sale 70.000 pesos y el traje de noeprene 11.000 y ambas cosas las necesitaba. Me ayudan algunos sponsors, con suplementos y la pileta; pero por otro lado, están las inscripciones, que pagué con la tarjeta de crédito para estar en Florianópolis y para Australia venderé el Deporbono que otorga el Ministerio de Deportes y cualquier ayuda va a ser bienvenida. Mi familia seguirá vendiendo arroz con pollo. Son 40.000 pesos para ir al Mundial, entre pasaje y estadía, más 1.500 de la inscripción, ya veré cómo hago.

Fuente: Roxana Ramírez, El Territorio.

Fotos: Nicolás Oliynek.

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