Difícil de explicar, no tanto de revertir. El partido de ayer, el partido que se viene.
Así quedó el panorama para Crucero del Norte de cara a la revancha de la final del torneo Argentino B, luego de la derrota de ayer 3-2 frente a Estudiantes de Río Cuarto, en el encuentro de ida.
En lo que fue, con seguridad, su mejor producción ofensiva de la temporada, el Colectivero perdió un partido atípico. Como nunca antes originó un sinfín de situaciones de gol y mereció no sólo no perder, sino que ganar con un amplio margen.
Sin embargo, quedó demostrado que en este tipo de partidos, decisivos, al buen juego hay que agregarle un plus de suerte, ésa que ayer tuvo Estudiantes de su lado.
El conjunto cordobés golpeó en dos momentos clave del partido, se defendió como pupo y tuvo en Mancinelli, su arquero, a la figura excepcional del juego. Y además, claro, a un iluminado Gastón Bottino, autor de los tres tantos.
Crucero, que además perdió el invicto como local en la temporada (llevaba 20 encuentros sin caídas), quedó ahora mal parado de cara a la revancha, ya que deberá ganar por dos goles de diferencia para lograr el ascenso directo a la tercera categoría del fútbol argentino. No obstante, si se repite el desarrollo de ayer, el equipo de Dechat tiene sobrados motivos como para soñar con ganar en Río Cuarto, donde Estudiantes no pierde desde hace nueve meses.
Es verdad. Al que madruga, Dios lo ayuda. Si no que lo diga la gente cordobesa, que se llevó de Misiones un increíble triunfo por donde se lo mire. Es que Estudiantes, que venía como el cuco del campeonato (había sido el mejor equipo de la fase regular), no hizo demasiado en Santa Inés para lograr semejante premio. Tuvo sus méritos, obviamente, porque hacer tres goles como visitante, en una final, no se da por obra y gracia del de arriba. Por momentos se defendió bien, tuvo en Rodríguez, un enganche hábil pero intermitente, a su hombre inteligente y manejó a la perfección el manual del contraataque.
Así fue que el gol de Bottino a los 4′ de juego, en la primera excursión Celeste al arco de enfrente, obligó a Dechat a modificar todo lo diagramado durante la semana. El mediocampista cordobés anticipó a todos en un tiro de esquina y casi en el piso ejecutó una palomita que desubicó a un sorprendido Gaona.
Sin perder la línea de juego del medio para arriba, para con groseros fallos en defensa, Crucero llegó reiteradamente al arco de enfrente a través de las proyecciones de Mosevich y Romero. Apagado Soto y en soledad Marzo, fue Cabrera quien se vistió de conductor y originó lo mejor del local con sus habituales diagonales.
Mancinelli, primero ante Mosevich y después frente a Marczuk, pasó a tomar mayor protagonismo. Con el correr de los minutos Crucero se adueñó del campo, la recuperó rápido pero jamás pudo clarificar el panorama con la pelota en su poder.
A los 20′, Chiaretta estrelló un tiro libre en el vértice del ángulo y dejó escapar su gran chance.
Crucero, herido en su orgullo y obligado, descuidó el fondo, y el partido se hizo de ida y vuelta. Pero a los 35′, en la primera acción asociada, Cabrera y Soto arman una pared camino al área y el paraguayo, mano a mano con Mancinelli, definió con categoría para justificar en el marcador lo que pasaba en la cancha.
A remar de atrás, otra vez
Debido a la evidente superioridad de los últimos 10 minutos de la primera parte, donde el uno cordobés le sacó una tremenda volea a Brítez, el Colectivero salió decidido a comerse vivo al Pincha. Pero se equivocó en el fondo (Gaona apareció muy adelantado ante una jugada que no traía peligro), Bottino le ganó en el salto a su marcador fuera del área y su cabezazo superó la volada del jardinense. La pelota dio en el travesaño, picó en la espalda del arquero caído y se metió en el fondo. Un atípico gol para un atípico partido.
Más increíbles fueron las situaciones que Mosevich, el ingresado Escobar Fretes y Marzo desperdiciaron en inmejorables circunstancias. Y como todo lo que no se hace en el arco de enfrente se padece en el propio, no extrañó un nuevo tanto de Bottino, el tercero, luego de una contra mortal.
El descuento de Escobar, casi por decantación, fue el inicio de una lista de ocasiones clarísimas de gol que el local no pudo transformar en un empate largamente merecido.
Quizás Crucero haya bebido su mismo veneno. Sufrió a un equipo que se defiende bien, contragolpea con velocidad y, encima, tiene suerte.
Lo que complica de cara a lo que viene es la derrota. Lo que motiva, las infinitas chances de gol que originó y no convirtió. Y el reconocimiento del público, que despidió con aplausos al equipo.
Fuente: territoriodigital.com




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