Volvió a las fuentes y se reencontró con el triunfo en casa. Eso es lo que debe valorarse del ajustado pero merecido triunfo de ayer de Crucero sobre Juventud Antoniana de Salta por 2 a 0.
Después de probar con diferentes sistemas, distintos nombres y diversos movimientos, Pedro Dechat decidió volver al tradicional 4-4-2, con las mismas piezas y los mismos intérpretes que tantas satisfacciones le dieron al pueblo de Santa Inés no hace mucho tiempo atrás.
Y no se trata de un análisis resultadista, porque más allá de la victoria, el equipo recuperó aspectos del juego que estaban archivados. Relevos, pressing constante, juego a dos y tres toques y firmeza defensiva fueron los argumentos sobresalientes del conjunto misionero, que volvió a ganar en el Andrés Guacurarí después de más de una ronda.
Empezó bien
En el primer cuarto de hora Crucero fue muy superior a su rival. El que acarició la apertura a los 7’ fue Fernando Márquez, pero Bertoya se quedó con su media vuelta. Enseguida llegó un zurdazo de Dardo apenas desviado. Pero se veía venir. A los 12’, Yegros Tejada asistió en cortada a Márquez, éste levantó la cabeza y vio entrando solo por el callejón derecho a Cabrera, quien sólo debió acelerar el paso para anticipar el vuelo estéril del arquero y mandarla al fondo de la red.
Y estaba bien. Hasta ese momento había sido todo del Colectivero. Dechat volvió a las fuentes y el 4-4-2 le dio réditos de principio a fin. Del medio para atrás hubo relevos como hacía tiempo no se veía, y del medio hacia adelante, las paredes a dos y tres toques fueron la puerta de entrada al arco de Bertoya.
Hacia el final del primer segmento el local se fue desinflando. Y desinflado empezó el complemento. Así y todo, a los 13’, Márquez dejó desairado con un gran sombrerito a su marcador, pero mano a mano con Bertoya, con todo el tiempo, las libertades y las facilidades imaginadas, desperdició la chance más clara del Colectivero en lo que va del Argentino A. Ese gol hubiera significado un golpe de nocaut para la visita, que hasta ese momento había hecho méritos como para llegar a la paridad. Ortiz comenzó a justificar en la cancha lo que habían invertido en él, Navarro entró en acción, y ambos se vistieron de conductores y manejaron los hilos de un Antoniana que en reiteradas oportunidades visitó la cueva de Gaona.
Varaldo, más tarde, también estuvo cara a cara con Bertoya, pero su intención de picarla se diluyó tan rápido como lento desaparecían los nervios de Dechat.
Crucero sufría entonces no sólo porque Antoniana era otra rival, más incisivo y agresivo que en la primera parte, sino porque una tras otra se dejaban escapar las posibilidades de cerrar el pleito.
Y como ya es una costumbre en esta temporada, las piernas dejaron de responder en el complemento, y cada vez llegaban mayores complicaciones.
A falta de delanteros
Pero Crucero tragó una bocanada enorme de aire fresco a los 31’, segundos después de que Dechat decidiera refrescar al equipo con Soto y Rodríguez en lugar de Márquez y Brítez.
Tras una pelota parada, Juan Matto González impuso su metro noventa en el área rival y con un potente frentazo venció el vuelco infructuoso de Bertoya. 2-0 y alivio al por mayor.
El defensor, que el miércoles había convertido su primer gol con la camiseta amarilla (ante Central Norte, el otro equipo de Salta) marcó por segunda vez consecutiva para que el Colectivero vuelva al triunfo ante su gente. La misma que terminó gritando ‘ole, ole’, y disfrutando de una victoria que aún mantiene al Colectivero con una mínima chance de pelear por el ascenso directo, ya que quedó a cuatro puntos del tercero cuando faltan seis para el cierre de la fase regular. Para seguir soñando será decisivo ganar el fin de semana en Sunchales, la ciudad en la que nunca pudo sumar un punto.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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