Con sabor a hazaña

Después de sufrir 10 meses, los jugadores de Crucero del Norte rompieron en llantos al conseguir permanecer por segundo año consecutivo en la Primera B Nacional.
Con sabor a hazaña

El elegido. El paraguayo Alvarez marcó el gol y el rumbo de la entrega

Hay cosas que no se pueden comprar. La felicidad es una de ellas. Después de sufrir durante 10 meses, soportar más golpes que alegrías y padecer en carne propia la violencia encarnada de algunos inadaptados, los jugadores de Crucero del Norte rompieron en llanto y protagonizaron casi una hazaña en Santa Inés.
En el cierre del torneo de la Primera B Nacional, el Colectivero venció 1-0 a Olimpo de Bahía Blanca y logró el objetivo de mantener la categoría. Tras naufragar en las aguas turbias del descenso durante cinco meses, el equipo misionero no falló en la última chance que tenía, consiguió el triunfo que necesitaba de la mano del héroe paraguayo Ernesto Álvarez y evitó lo que parecía inevitable: bajar al Argentino A.
Así, y por segundo año consecutivo, Misiones contará con un representante en la segunda categoría del fútbol argentino, que en la próxima temporada además contará con la presencia de Independiente, nada menos.

Urgencias propias
Consciente de que dependía de sí mismo, Crucero salió a comerse a su rival. Pero Olimpo no llegó a Misiones como mero invitado a la fiesta. Demostró de principio a fin por qué logró el ascenso a Primera División, mostró un funcionamiento más que aceitado durante los 90 minutos y siempre controló con tranquilidad los previsibles ataques del Colectivero.
El equipo bahiense, en cuyas manos estaba el destino de Merlo e Independiente de Mendoza, fue más claro, punzante e inteligente para jugar, seguramente con la tranquilidad que le daba el hecho de no tener obligaciones. Y jugó con una determinación y esfuerzo sorprendente para propios y extraños, sobre todo teniendo en cuenta que el miércoles jugó un amistoso en Córdoba ante Talleres para celebrar el ascenso a la elite del fútbol argentino.
Así y todo, Crucero fue incapaz de imponer su idea. Perdió muchas divididas, se repitió en la búsqueda de Bruno y Nievas Escobar no fue la mejor opción a la hora de buscar alternativas creativas.
El equipo de Delfino no prosperó nunca en campo contrario y prácticamente regaló los primeros 45 minutos. Sobre el cierre, en la zurda de Dardo Romero estuvo la inmejorable chance de la apertura, pero el remate se desvió en la barrera y fue al córner. Y de ese tiro de esquina, Mazurek le sacó lustre a su botín y se la puso como con la mano al paraguayo Álvarez, que con el hambre insaciable que lo caracteriza anticipó a Champagne y estableció el gol más importante del club.

Lo difícil no es llegar, sino quedarse
La primera parte estaba hecha. Faltaba la más complicada, sostener la ventaja y no equivocarse. Y entonces se planteó el juego que tanto disfruta Crucero, el de correr desde atrás, agruparse en el fondo, pegar de contra y morder en cada sector de la cancha. El tucumano Nievas Escobar se transformó en un muro infranqueable, Bruno la puso bajo la suela y el paraguayo Álvarez contagió su interminable entrega.
Olimpo sintió el desgaste del partido del miércoles, a Sánchez Sotelo se le esfumaron las ideas y el Colectivero quemó hasta la última caloría para dar rienda suelta a un festejo pocas veces visto.
La fortaleza mental sustituyó cualquiera carencia técnica y el llanto de los jugadores reflejó de manera inequívoca el significado de la salvación.

Fuente: El Territorio.

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