Valió la pena

A pesar de soportar 13 horas de viaje, Crucero del Norte hizo un partido digno, pero cayó por 2 a 1 ante Independiente, en el Libertadores de América. Enzo Bruno marcó el gol amarillo.
Valió la pena

Diferentes alturas. Crucero del Norte tuvo ayer su presentación ante un grande del fútbol argentino y terminó padeciendo la falta de jerarquía. Independiente, sin ser mucho más, se quedó con los tres puntos en Avellaneda tras imponerse por 2 a 1 (Foto Sixto Fariña)
A pesar del largo camino a Buenos Aires y el cansancio acumulado, Crucero del Norte le hizo frente a Independiente y cayó con lo justo, 2-1, en Libertadores de América, por la 13ª fecha de la B Nacional.
El Colectivero salió con la misma idea de siempre. Dos líneas de cuatro atrás, cuatro en el medio, y Bruno y Cólzera corriendo y molestando arriba. Apoyarse en el orden y a partir de ahí animarse a más.
El Rojo, en tanto, aprovechó el empuje de su gente e ideó juego de los pies de Pisano y la cabeza del Rolfi. Y para su fortuna, no tardó demasiado en aplacar el nerviosismo de sus hinchas. Después de un par de buenas intenciones, Matías Pisano, el único futbolista capaz de desnivelar en el uno contra uno, se sacó de encima a Fileppi y Romero, se acomodó para su mejor perfil y le dio de zurda para clavarla en el ángulo de Caffa. A los 13’ Crucero sintió la desgracia.
Lejos de salir a buscar el empate, manteniendo siempre la calma y fundamentalmente el orden, el equipo de Delfino dejó crecer a Independiente, que inflado anímicamente por el aliento de su gente se llevó puesto al Colectivero, originando un par de claras situaciones para aumentar. Y lo que no se hace, se paga.
Fue justamente a partir de la parsimonia y la tranquilidad que Crucero iba a encontrar la paridad. Las situaciones tenían que aparecer, sobre todo ante este Independiente tan apático y displicente como desconcertante.
Y la primera, a los 33’, significó el 1-1. Torres habilitó a Bruno y éste, con su prodigiosa zurda, la puso abajo, contra un palo, marcado su primer gol en el Colectivero.
Entonces los murmullos se apoderaron del Libertadores y Crucero entró en su salsa. Empezó a toquetear para estimular el malestar del público y con poco justificó el empate antes del pitazo a las duchas.

Misma fórmula, pero inversa
Si algo aprovechó Crucero para ganar sus últimos partidos en Santa Inés fue el hecho de madrugar a sus rivales y jugar con el marcador a favor desde el mismo comienzo del juego. Pero ayer no fue capaz de sostener el empate hasta los primeros 15’ del segundo tiempo, lo que habría conspirado seriamente con el ánimo de los futbolistas locales. Y rápidamente debió remar contra la corriente.
A los 6’, Pisano armó otra genialidad en espacios reducidos y habilitó con enorme visión a Montenegro, quien más allá de su inmejorable posición para sacar el derechazo tocó corto para Menéndez, quien aprovechó la longitud de sus piernas para anticipar a su marcador y enviarla al fondo de la red, marcando también su primer gol en el Rojo.
Independiente, entonces, manejó la pelota, pero en los pies de Pisano y Montenegro perdió chances claras para liquidar antes el encuentro.
Crucero, en tanto, se acercó a los 34’, con un disparo mordido de Juan Olivares que contuvo abajo Rodríguez.  En definitiva, Independiente ganó  y consiguió tres puntos valiosos para recuperarse del traspié que sufrió en Isidro Casanova. Para Crucero en tanto, significó el desafío más importante de su corta historia y una prueba superada, aunque terminó el partido con nueve hombres tras las expulsiones de Rosso y Bruno.

Por Gustavo Hollmann, El Territorio.

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