Una noche de maravilla

Con gol de Juan Manuel “Maravilla” Olivares, Crucero venció a Patronato por 1-0 y recuperó el tercer puesto en el campeonato de la B Nacional.
Una noche de maravilla

Siempre cumple. Diego Torres no estuvo en una de sus mejores noches, pero lo compensó con el sacrificio de siempre (Foto: Sixto Fariña)

Sin el volumen de juego que expuso en otras presentaciones en casa, pero aprovechando una genialidad de Juan Manuel “Maravilla” Olivares, Crucero venció a Patronato por 1-0 como local y recuperó el tercer puesto en la Primera B Nacional.
El equipo misionero volvió al triunfo luego de tres partidos, mejoró su imagen tras la dolorosa derrota en Córdoba y dio un nuevo paso en su lucha por zafar de la zona roja.
Crucero encontró en Patronato a un rival diferente a los anteriores. Tal vez parecido a Defensa y Justicia, que salió decidido a cambiar golpe por golpe y no tanto a bancar el empate.
El equipo paranaense fue criterioso en el círculo central, con Guzmán y Machín como clarificadores de juego, mientras que arriba asustó con el escurridizo Acosta. Crucero, que tuvo los regresos de Rosso y Bruno a la titularidad, se mostró como un equipo quebrado, partido en dos, en el que los mediocampistas estuvieron muy distanciados de los puntas.
Al Colectivero le costó generar peligro. Y cuando lo hizo, fue porque Pinti Álvarez hizo notar su hambre de gloria, como a los 19’, cuando definió de volea para el lucimiento de Bértoli.
Con el ingreso del habilidoso Olivares por Cólzera, Delfino buscó generar mayor volumen de juego, armar sociedades con Torres y Bruno y lastimar por afuera.
A los 20’ lo tuvo Álvarez, nuevamente de volea, pero su remate se fue apenas arriba del vértice de los palos. Demostró ganas Crucero, poder de iniciativa y empuje, pero esta vez el juego vertical estuvo ausente.

Apareció Maravilla
Por lo que se veía en cancha, pocas cosas hacían imaginar un gol. Crucero, atado y con pocas ideas, iba y chocaba, iba y chocaba. Patronato, bien parado, cortaba y cortaba cada intento. Hasta que Olivares frotó la lámpara y armó una maravilla. Primero dejó mano a mano a Pinti, que perdió el duelo con Bértoli, pero del rebote, y con la cara interna del botín derecho, la puso con total clase desde afuera del área contra un palo, para desatar la algarabía en Santa Inés.
Así, a menos de 15’ para el final, Crucero encontró un premio grande. Y a partir de ahí lo defendió con cada gota de sudor. El Colectivero aguantó y celebró, aunque esta vez sin exponer aquello que había acostumbrado a mostrar.

Fuente: El Territorio.

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