La emoción volvió a invadir la pista de atletismo, ayer en Mar de Plata, con historias de superación y amor, acompañado por los buenos resultados de los atletas con discapacidad de Misiones.

Siempre emocionante, siempre sacando los sentimientos más puros y siempre conmoviendo hasta las entrañas significa el hecho de vivir las pruebas de atletismo de discapacidad en la pista del estadio Mundialista, de Mar del Plata.
Los Juegos Evita tienen esos momentos imborrables en el que cientos de atletas de distintas partes del país salen al ruedo, a dejar todo de sí mismos, pero pasada la línea de llegada el abrazo no se hace esperar.
La adrenalina para los atletas con discapacidad vive su punto más alto año tras año en los Evita; el aliento, el podio, los aplausos y las medallas, son el motor de los 29 chicos que llegaron desde Misiones, pero lo más importante es que pueden juntarse con sus pares y esos días la equidad siempre buscada se vuelve una realidad palpable.
La carrera para ciegos es un momento que ninguna persona debería perderse. Es el instante en el que corazón del público se acelera, los ojos se vuelven espejos de agua y el sentido de la vida toma otra mirada, despertando la postura del “todo se puede”.
Y los profesores coinciden en que “no importa cuántos años vengas a los Evita, siempre es emocionante verlos”.
También hay entrenadores de otras disciplinas que llevan a sus deportistas a ver las pruebas para motivarlos a seguir más allá y sentir que el límite es uno mismo. Sin dejar de mencionar a los padres y el público, que no deja de alentar cada paso de los chicos que ya son campeones de la vida.
Sin medalla pero con gloria
Una de las tantas historias que se pueden palpar en los Evita es el caso del obereño Maximiliano Manuel González, quien llegó a La Feliz clasificado como atleta con discapacidad motor, pero al ubicarse en la reclasificación para la confirmación en la competencia, los examinadores nacionales determinaron que el atleta debía correr con los chicos de Parálisis Cerebral (PC).
Cada provincia tiene un cupo de participantes en las diferentes ramas y en PC ya estaban los tres lugares ocupados, pero Maxi no iba a quedarse con las ganas y corrió como participativo.
En la pista, el misionero “voló” en los 80 metros por lo que se impuso, pero al ser invitado en la prueba, no pudo colgarse la medalla de oro pero ganó algo mejor: Lo vieron los entrenadores nacionales y está en la lista de convocados para el equipo nacional.
Pero, siguen los peros en la historia del obereño, que no quiso cambiar a lo que está acostumbrado y se calzó las alpargatas. “Es más cómodo”, resaltó emocionado su profesor Jorge “Chino” Flores de la Escuela Especial Nº 2, que también trabaja en conjunto con la Escuela “Aprendiendo a ser”, que tienen a los profesores Renzo Galarza y Aldo Pereyra.
En ambas escuelas el 90 por ciento de los alumnos son de familias humildes, por lo que simplemente llegar a Mar del Plata ya es un mérito muy grande.
“La devolución de lo que dan los chicos es impagable, ese amor infinito. Además del hecho de que simplemente vayan a entrenar después de la escuela, en contraturno, es porque pese a que sean humildes los padres apuestan a su hijos y los llevan y buscan después de entrenar”, añadió el Chino, que se refirió orgulloso a los doce atletas que llevó desde Misiones como “mis hijos”.
Además de Maxi, al cierre de la jornada de ayer, también Roque Vogel, de Iguazú, y Marianella Claros Correia, de Oberá, fueron convocados por la selección nacional para sumarle más alegría de la delegación provincial.
Alegría compartida
El buen humor, la naturalización de su condición y la alegría de compartir entre pares es el clima que se vive entre los chicos de discapacidad.
“Que no se termine nunca esto”, afirmó Nico Gutiérrez cantando en el colectivo yendo al estadio; por su parte, el otro Nico, Machado, pidió que el chofer ponga la música a tono mientras hace con su boca sonidos idénticos a los de los efectos de la canción y a los de un vaso cargándose de cerveza que despiertan las risas y aplausos de todos.
Luego, en la pista, ambos corrieron, acompañados por sus profes, y si bien no tuvieron podio, quedaron muy cerca; ya en las gradas con la delegación no hubo caras largas sino que el festejo para todos.
“Esto es impagable”, contó Ortigoza, quien por primer año acompañó y compitió junto a Nico Machado (van atados con su alumno mediante una soga) y que previamente a la prueba le preguntó a su pupilo si estaba nervioso cuando en realidad “yo soy el que lo estaba”, reflexionó.
Por ejemplo hubo hasta “selfies” entre chicos ciegos y disminuidos visuales, los profes también hacen su parte con cargadas y risas constantes, y eso hace que los resultados, si bien son importantes, sean más anecdóticos en el marco de tamaña muestra de fuerza de voluntad.
Disminuidos visuales, ciegos, con discapacidad intelectual y motora, y parálisis cerebral, todos hacen que los Evita se vivan con amor; todos con historias fuertes, con padres que tuvieron que acomodar sus vidas a una realidad no esperada pero que a través del deporte pudieron encontrar ese espacio en el que todos son iguales.
Una tarde de podios
Ayer los oros llegaron de la mano de Erick Hoffmabeck, de Andresito, en lanzamiento de bala sub 18; Marianella Claros Correia, de Oberá, sub 16 en 80 metros; Roque Vogel, de Puerto Iguazú, sub 18 en 80 metros y Camila Fagundez, de Apóstoles, en lanzamiento de bala, sub 18.
Además, Nancy Martínez, de Montecarlo, fue plata en la misma modalidad.
Fuente: Roxana Ramírez, El Territorio.



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