Un debut para no lamentar

En su debut absoluto en Primera, Crucero empató 0-0 con Tigre en Santa Inés. El Colectivero, que desperdició un penal, demostró estar a la altura de las circunstancias.Un debut para no lamentar

El momento clave. Diego Torres ejecuta el penal que saldrá al lado del poste derecho de Javier García (Foto El Territorio)

Fue raro el debut de Crucero en Primera División. Las enormes expectativas que se habían originado en la previa se fueron apagando por la indiferente respuesta del público. Afuera de la cancha la gente no estuvo a la altura de las circunstancias. ¿Y adentro? En el verde y cansado césped del Andrés Guacurarí el Colectivero demostró estar a la altura de lo que significa jugar en la A.

En su primera experiencia en la elite del fútbol argentino, el conjunto de Santa Inés fue superior a Tigre, un equipo más amigable con la categoría, mostró una rápida y sostenida adaptación a un fútbol más dinámico y preciso y mereció mejor suerte en el resultado.
Sin embargo, el 0-0 frente al Matador de Victoria no puede ser tomado como un mal resultado.
Quizás el gustito amargo del final se deba a que el Colectivero falló un penal en el amanecer del encuentro, que tuvo más chances que su rival y que, en casa, Crucero está acostumbrado como muy pocos equipos a resignar puntos.
Así y todo, en el inequívoco objetivo de mantener la categoría, sumar al menos un punto ante uno de los rivales que, a priori, está un escalón más arriba y no es un rival directo, no es un resultado para lamentar por completo.

Como siempre en casa
Mucho se especuló en la previa sobre cómo jugaría Crucero en su debut en la A. Esquema táctico, nombres, posicionamientos y dosis de agresividad/cautela. Schurrer sabía de antemano que una derrota tenía mucho más impacto negativo que positivo una victoria. Y así armó el 11. Con tres hombres de marca en la zona media, Chironi como socio de Torres en la gestación de fútbol y Ávalos corriendo y aguantando en el ataque. Del otro lado, lo previsible. Gustavo Alfaro, fiel a sus ideales, priorizó el cero en su arco en lugar del gol en el de enfrente y entonces desde el primer minuto quedaron bien definidas las obligaciones.
Crucero, lejos de verse sorprendido, copó la parada y se hizo cargo. A Fabio Vázquez no le pesó el debut, Chironi tampoco le escapó a la responsabilidad y el resto hizo, de manera más que aceptable, lo que ya venía haciendo en la B Nacional.
Cuando a los 10’ Gabriel Ávalos aprovechó un pase al vacío, esquivó a García y le cometieron un claro penal, parecía abrirse un horizonte alentador en Santa Inés. Pero Diego Torres buscó el tiro rasante más esquinado, la pelota rozó el palo, terminó afuera y las casi cinco mil personas que acudieron al Andrés Guacurarí tragaron la euforia que tenían pensado eyectar a la superficie milésimas antes.
El lamento duró unos buenos minutos. En Primera no es fácil generar situaciones, menos para un debutante, y Crucero dejaba pasar la más clara que pueda presentarse.
Pese al desasosiego, Crucero no aflojó en su búsqueda. Mientras el visitante abusó de la individual con Bertolo y Wilchez y la búsqueda del Chino Luna, en Crucero se vio un equipo compacto y más solidario. Vázquez fue de lo mejorcito a la hora de cortar y empujar, Chironi se acopló a la hora de armar juego y Ávalos estuvo atento y expectante a algún error que nunca llegó.
Justificó Crucero su predominio en el juego en la última jugada del primer tiempo, cuando el propio Vázquez, tras una buena maniobra de Ávalos, sacó el bombazo que reventó el poste derecho de un García que sólo miraba resignado. Dos clarísimas que ya lo ponían en merecimientos.
El dueño de casa no bajó su intensidad en la segunda parte. Y Tigre tampoco hizo demasiado para potenciar la suya. En ese contexto el Colectivero siempre fue más claro y decidido que el Matador. Excepto un buen remate de Wilchez que se fue por encima del travesaño y una descomunal atajada de Caffa ante un remate de González Pirez, los dirigidos por Alfaro no arriesgaron mucho en campo contrario y menos aún en territorio propio.
Crucero monopolizó el desarrollo pero sólo hasta tres cuarto, porque pisando el área Tigre no ofreció ventajas y duplicó las marcas para con la naciente dupla ofensiva paraguaya.
A medida que transcurrían los minutos, y como era de esperarse, Crucero fue entendiendo que, cuando no se puede ganar, lo mejor es no perder. Y así se fue consumiendo el reloj de arena. La salida de Vázquez le quitó claridad al mediocampo local, el ingreso de Pinti potenció más a la gente que al ataque local y las situaciones se diluyeron súbitamente. Justamente el paraguayo, quién sino, pudo haberse llevado, como otras tantas veces, la gloria a dos minutos del final, pero en la boca del arco no pudo conectar una buena asistencia de Ávalos.
El 0-0 dejó sensaciones encontradas. Raras. Pero, analizado fríamente, el punto sirve. Y el rendimiento no desentona.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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