Panorama sombrío

Crucero se adelantó con un golazo de Cólzera, pero fue incapaz de sostener la ventaja, se durmió defensivamente y perdió 2-1 como local frente a Estudiantes (LP). Así, dejó escapar la chance de salir del descenso.

Panorama sombrío

Cólzera había puesto al Colectivero por delante en el marcador, pero el Pincha lo dio vuelta con dos goles en los últimos 20 minutos (Foto: Facundo Correa, El Territorio)
Perder, y de local, no era una posibilidad. Ni siquiera estaba en los planes previos. Pero la de anoche fue una de esas derrotas que duelen, y mucho. Porque Crucero empezó mal, mejoró, se puso en ventaja y festejaba su tercer triunfo consecutivo como local. Salía de la zona roja y se aferraba a la ilusión. Pero se equivocó groseramente dos veces y Estudiantes de La Plata se llevó una inesperada victoria por 2-1, en la continuidad de la 17ª fecha del torneo de Primera División.

La derrota de Huracán, muy buena a los ojos del Colectivero, le brindaba al equipo misionero la posibilidad de salir de esa zona roja que no le da respiro. No serán muchas las que se le presentarán de aquí al final. Y había que aprovecharla.
Pero Crucero no la pasó nada bien en los primeros 45 minutos. Estudiantes, fiel a su historia, sacó claras ventajas en el juego aéreo. Los desbordes de Auzqui y Pereira por las bandas fueron las mejores armas que utilizó el Pincha para jugar el partido que mejor le cabía, mientras que el dueño de casa chocó frontalmente con una defensa bien parada y con un criterioso Damonte que reguló el trámite desde el círculo central.
Si bien no contó con situaciones muy claras de gol, sí dominó el desarrollo el equipo de Gabriel Milito. Por arriba y por abajo. Y sobre todo, mentalmente.
Tuvo que esperar un buen tiempo el dueño de casa para adaptarse al juego de su rival. Cuando lo hizo, llegando a la media de hora de juego, necesitó de la claridad del reaparecido Ariel Cólzera. Fue cuando comenzó a verse lo mejor del Colectivero. Primero se lo devoró Cólzera después de una asistencia de Ávalos tras una mala salida de Navarro. Enseguida, se lo perdió increíblemente Fabián Monserrat en la boca del arco cuando todo el fondo platense sólo miraba el recorrido de la pelota. Y por último lo tuvo José Dujaut, pero su centro-remate terminó en el techo del arco.
Fueron 30 minutos iniciales de dominio territorial del Pincha, pero 15 minutos finales en los que Crucero cambió su imagen y mostró su mejor cara.
La cancha, cargada de agua y barro, también tuvo su rol protagónico en el trámite del partido. El desgaste realizado en esos primeros 45 minutos iba a traer sus consecuencias en la parte final. El que mejor estuviera desde lo físico iba a sacar ventajas en ese sentido.
Con el correr de los minutos daba la sensación de que el empate, en definitiva, no era un mal negocio. Estudiantes, aún tratando de solucionar ese incorregible problema que parece ser la ausencia de su goleador Guido Carrillo, no veía con malos ojos sumar un punto como visitante. Y Crucero, más allá de que está mucho más urgido que sus rivales de turno, sabía que enfrente estaba el aguerrido equipo platense, siempre un hueso duro de roer incluso en propia casa.
Tal vez por el mal estado de la cancha, por la falta de fuerza en las piernas y/o por la poca claridad conceptual de los protagonistas, el partido entró en un pozo. Los pelotazos largos se hicieron moneda corriente y el barro ganó protagonismo.
El movedizo Auzqui fue de los pocos que se salió del libreto y que se animó a encarar en el uno contra uno, pero la falta de una referencia de área –más allá de las ganas de Mendoza- no le permitió traducir sus ideas en situaciones de gol.
¿Qué hacía falta para romper lo que parecía un 0-0 inamovible? La respuesta, quién si no, la tenía Ariel Cólzera. O mejor dicho, su maravillosa pegada. A los 23’, el chaqueño surgido en las divisiones inferiores de Boca le sacó brillo a su botín derecho, su remate bordeó la barrera y descolocó a Hilario Navarro, que no pudo hacer otra cosa que ver cómo la pelota entraba mansamente contra su palo derecho.
Lamentablemente duró demasiado poco la alegría. Porque apenas cuatro minutos más tarde, y también de balón detenido, el Pincha capitalizó un grave error defensivo y facturó. Alguien –en la semana llegarán los retos- descuidó a Auzqui, que apareció en sorpresiva soledad en el segundo palo, se tomó todo el tiempo del mundo y la puso al centro del área chica para que el uruguayo Álvaro Pereira, entre un sinfín de piernas, termine empujándola al fondo de la red.
El 1-1 fue un duro golpe para el dueño de casa. Tanto, que se desordenó de manera poco entendible defensivamente. Y Milito, vivo en eso de entender el juego, mandó a la cancha a los movedizos Luciano Acosta y Emiliano Ozuna para desnivelar y ganarlo con algún centro. Fue lo que pasó. No con Acosta, pero sí por Ozuna, que se mandó por izquierda, metió el centro preciso y Mendoza, al mejor estilo Carrillo, ganó en las alturas y cerró el juego.
La derrota, segunda como local en la elite, dejó a Crucero al borde del abismo. Si bien aún falta, el panorama realmente se está oscureciendo.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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