Crucero tiene dolor pero mucha fibra

Crucero, que tuvo contra las cuerdas al líder San Lorenzo en su propia casa, volvió a desperdiciar chances claras de gol y en la última jugada se volvió a quedar con las manos vacías. Cayó 2-1 y sigue a cuatro de Huracán.

Crucero tiene dolor pero mucha fibra

“Tenemos que aprovechar las chances que se nos presentan”, había dicho Nicolás Martínez en la previa. Todos en Crucero coinciden con el concepto. El Colectivero origina juego y genera situaciones de gol. Pero no convierte. Y sus rivales, cuando le llegan, sí lo hacen. Pasó a lo largo de todo el torneo. Pasó ayer en el Nuevo Gasómetro. Crucero jugó un muy buen partido ante el líder del campeonato, dilapidó varias chances de gol y, como si fuera mentira, otra vez terminó perdiendo sobre la hora 2-1 con San Lorenzo.

Ya comienza a ser inexplicable este momento de Crucero. Es un deja vu constante. Que parece no tener fin. Ayer el Colectivero no mereció perder. Jugó para 7 u 8 puntos. Estuvo muy cerca de ganarlo pero no lo definió. Y San Lorenzo, con ese Dios aparte que siempre lo ilumina desde el Vaticano, con la suerte de campeón o vaya a saber qué, fue a buscar en el epílogo y con un frentazo de Matías Caruzzo festejó como pocas veces un muy sufrido triunfo.

Los primeros 20 minutos del Colectivero fueron para sacarse el sombrero. Los dirigidos por Rambert demostraron que el fútbol, como muchas cosas en la vida, es cuestión de actitud. De animarse e ir al frente. ¿San Lorenzo puntero? Sí. Pero Crucero, hundido en los promedios y en el fondo de las posiciones, lo tuvo a maltraer.
A los 3’ nomás el Gasómetro se silenció por completo cuando Gabriel Ávalos aprovechó una desconcentración defensiva, se acomodó para definir pero le dio débil para que el propio Caruzzo salve sobre la línea. Justo el goleador dejaba escapar la chance más clara de Crucero.
San Lorenzo, sorprendido como estaba, no pudo prosperar desde lo colectivo, pero sí sacó rédito de su jerarquía individual. Y de los errores defensivos. Porque Dujaut se equivocó en la salida, Buffarini sacó el centro preciso desde la derecha y Matos metió el frentazo que rozó el travesaño.
Lo bueno que estaba haciendo Crucero parecía desmoronarse a los 26’, cuando Buffarini ganó por su sector, sacó el latigazo desde el borde del área, la pelota reventó el travesaño y Mauro Matos, oportunista como pocos, infló las redes para el 1-0.
El Ciclón, paciente como ninguno a la hora de construir juego, encontró aquello que dejó escapar Crucero en el amanecer del partido.
Si de originar chances y desperdiciarlas se trata, Crucero tuvo el empate a los 35’, cuando de pelota parada Rosso ganó en las alturas y su frentazo lamió el palo izquierdo de un Torrico que no hacía más que implorar que la pelota no entre.
Pero el premio llegó a los 44’. Robinho Dujaut recibió en tres cuartos, se tomó todo el tiempo posible y con su mejor perfil sacó el bombazo que se metió contra el palo izquierdo de Torrico. Estaba bien. Los mejores 45 minutos de Crucero en la categoría se iban al descanso.
Herido en su orgullo, el equipo del Bajo Flores salió decidido a mostrar su chapa. Kalinski, en el arranque del segundo tiempo, remató desviado. Enseguida fue Blanco el que probó los buenos instintos de Ramírez.
Cuando se cumplieron los 20’ del complemento el Patón Bauza decidió arriesgar, mandó a la cancha al Pitu Barrientos por Kalinski y rearmó el equipo con un 2-3-2-3 tan ofensivo como arriesgado.
Entonces el partido se hizo de ida y vuelta. Si bien el punto servía, Rambert sabía que ganarlo no era una misión imposible. El Ciclón empujó con su gente, con su buen juego y por sus obligaciones naturales de líder. Pero quedaban espacios enormes para la contra.
A los 35’, Cólzera encabezó la contra, recorrió varios metros con la pelota y la picó magistralmente ante un Torrico adelantado. Si no entró fue, sin dudas, porque Francisco es de San Lorenzo. Inexplicable chance que pudo romper con todos los pronósticos.
Entonces volvieron los fantasmas. Aquellos que aparecieron en La Plata hace quince días, aquellos que volvieron a mostrar su peor cara ante Huracán.
En su afán de ir a buscarlo, Crucero lo terminó perdiendo. Caruzzo, aquel que había salvado su propio arco en el amanecer del juego, se vistió de salvador y héroe a los 90’, cuando fue a buscar el triunfo y con un cabezazo descolocó a Ramírez para revivir esos fantasmas.
Fue otro golpe más a las ilusiones cada día más desgarradas de este Crucero que, al menos ayer, demostró ser un equipo de Primera.
Jugando así Crucero se salva, sumando lo que suma, no.Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.