Las fatalidades de siempre

Crucero tuvo sus chances y perdonó, luego se durmió dos veces y así cayó 2-0 en Mendoza.

Las fatalidades de siempre

Crucero llega y no convierte y se equivoca y lo paga muy caro. Tercera caída en fila afuera (Foto: Télam)

Los errores cotizan alto. Lo entendió Crucero en Primera División pero no lo puede corregir ni siquiera en la B Nacional.
Anoche, en el encuentro que abrió la 7ª fecha del campeonato de ascenso, el Colectivero no pudo traducir en el arco contrario su mejor juego ofensivo, se equivocó sobre el cierre del primer tiempo, se durmió en un centro promediando el complemento y así perdió 2-0 con Independiente Rivadavia de esta ciudad, colero de las posiciones.

El conjunto de Santa Inés sufrió su tercera derrota consecutiva jugando fuera de Misiones y así retrocedió el casillero que había logrado avanzar tras el auspicioso 3-0 de la semana pasada ante Estudiantes de San Luis.
El equipo de Santa Inés volvió a pagar caro sus desatenciones.
Es que después de ser superior a su rival en los primeros 45 minutos, el mediocampista Juan Gáspari perdió infantilmente una pelota en la zona media en la última jugada del primer capítulo, la pelota derivó en el grandote Juan Pablo Pereyra y el ex delantero de Atlético Tucumán, Unión de Santa Fe y Estudiantes de La Plata no perdonó cara a cara con Requena.
Tal como sucedió ante Douglas Haig, el Colectivero sufrió en su propio arco lo que desaprovechó en el de enfrente, lo que terminó lamentando largamente.
Los fantasmas de Pergamino se hicieron presentes en la tierra del buen vino a los 24’ del segundo tiempo, cuando luego de un tiro de esquina de Matías Abelairas, el central Ariel Agüero ganó en las alturas ante la pasividad de sus rivales y de palomita estableció el 2-0.
A partir de ahí, la Lepra hizo su mejor juego, jugó con el nerviosismo del Colectivero y aprovechó los espacios en cada contra.
Crucero quiso contrarrestar su falta de fútbol con amor propio y coraje, sobre todo apoyado en Lucas Caballero, pero el equipo sintió el golpe y nunca encontró respuestas como para torcer la historia.
El ingreso de Gabriel Chironi no fue la mejor solución que buscó Salinas desde el banco y de a poco el conjunto misionero se hundió en sus propias limitaciones.
Crucero terminó resignado y nuevamente masticando bronca por su falta de contundencia, pero necesitará corregir errores infantiles si pretende no despedirse prematuramente de la pelea.

Fuente: El Territorio.

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