Héctor Grygorszyn vuelve al TC Misionero

Héctor Grygorszyn vuelve al TC MisioneroHéctor Grygorszyn regresará al TC Misionero, pero esta vez como director del “Team de Cerro Azul”. Con su experiencia, asistirá a sus hijos Cristian y Omar, gran aspirantes a la corona que podría dejar el obereño Jorge Báez.
“No voy a correr, al menos por ahora”. Eso fue lo que dijo Héctor Grygorszyn, en la previa del inicio de un nuevo campeonato provincial de automovilismo en pista.
Con 207 carreras sobre el lomo, el múltiple campeón aseguró que se sacará el buzo de piloto para transformarse en el nuevo “Jefe de Equipo” de la estructura que tendrá nada más y nada menos que a sus hijos Christian y Omar como protagonistas del TC Misionero. El mayor correrá con una Chevy (posiblemente la que manejaba Héctor), mientras que “Omi” comandará un Chevrolet 400.
Luego de una experiencia al cierre de la temporada pasada en Oberá, Héctor asumió que podía ser muy útil como controlador general de la estructura originaria de Cerro Azul. “Voy a ser el jefe de equipo, para poder controlar todos los contratiempos que puedan surgir en el fin de semana”, adelantó el veterano volante, dueño de títulos en el TC del Nordeste y el TCM.
En la temporada 2008 el “team” de Cerro Azul puso en pista cuatro autos, tres en el TCM (Papá Héctor, Omar y Christian) y uno en el TC4000 (Jonathan).
Motores listos
“Desde el taller de Abdala (en Buenos Aires) llegaron los dos motores hechos a nuevo, porque la reglamentación se modificó desde la última carrera del año pasado y tuvimos que hacer el gasto de cambiar todo”, expresó el flamante jefe de equipo. En total, la estructura tiene tres motores exactamente iguales para usar desde la primera fecha de la temporada en el TCM, el 22 de marzo en el Autódromo Rosamonte de Posadas. Además, Grygorszyn dejó abierta la posibilidad a la participación de un tercer auto, que estaría al mando de su otro hijo Jonathan o podrían alquilarlo a otro piloto interesado.

Por ahora no corre
La gente lo pide. El público quiere ver a Héctor en las pistas, pero él prefiere cumplir una deuda: “Nunca vi correr a mis hijos. Siempre estábamos todos en la pista. Estoy seguro de que se va a sufrir más desde afuera, pero es algo que quiero hacer”, dijo con el lógico tono de padre, mirando un cuadro de sus “viejos tiempos”, en el que se observa aquella Chevy blanca y amarilla que hoy sigue removiendo recuerdos imborrables y decora la oficina de su empresa.

Fuente: Primera Edición.

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