
Reconocido. Hipólito Cortés cuando recibió el homenaje por parte del ACA. No le gustaban los tributos (Foto El Territorio)
Sentarse a escuchar a Don Hipólito -así, con mayúscula- era un placer. Durante 30 años caminó cada tarde de su oficina en la calle Salta, donde vendía filtros, hasta la oficina por Junín, donde atendía a pilotos, navegantes, mecánicos, periodistas y llevaba adelante su tarea como presidente de la Femad. En su agenda personal, que todavía se conserva, anotaba todo lo que pasaba, si llovía, quién venía y hasta las notas que daba a los medios.
Administró pobreza y con poco hizo mucho. No necesitó de dinero para hacer obras, sino que fue un ejemplo de gestión. En 1974 empezó a trabajar en el Automóvil Club Misiones (ACM), entidad en la que estuvo al frente durante 17 años y de la nada levantó un autódromo, primero terrado y después asfaltado. “Una vez estábamos vendiendo una rifa para hacer el autódromo de Posadas y una señora me dijo ‘¿por qué hace todo ese esfuerzo para construir un autódromo y no para construir una escuela?’ Me quedé pensando un rato, volví y le contesté: ‘mi tarea es hacer un autódromo, no escuelas’, aunque me hubiera sido lindo hacer una escuela”, dijo en una entrevista a El Territorio cuando cumplió 25 años al frente de la Femad y recibió una plaqueta de plata de parte del Automóvil Club Argentino.
Aunque recibió muchos, los premios no le gustaban y faltó a varios homenajes porque no se consideraba merecedor de los tributos. El Karting, el Rally y la Pista le rindieron homenajes y siempre faltó, con aviso, aunque siempre respetó a los pilotos y se preocupó de enviar una carta para que sea leída en la reunión de los pilotos. A uno de los pocos homenajes que asistió fue cuando la torre de control del Autódromo Rosamonte de Posadas pasó a llevar su nombre.
Tenía un profundo amor por la tarea dirigencial, tan cuestionada y bastardeada hoy en día. “Es una tarea que la he hecho con sumo agrado, sin ningún interés personal, guiado por ese afán de ser útil a la sociedad. Cuando analizo por qué he puesto tantos años de mi vida al servicio del automovilismo, creo que la contestación es que aprendí a conocer y a querer a mi provincia. Cuando apareció la posibilidad de ser dirigente de automovilismo la aproveché para ser útil a mi provincia”.
La Femad fue “su obra” y también su cable a tierra para superar las dificultades que tuvo en su vida privada “A mí, la Femad me ayudó a vivir”.
Pero no todo fue color de rosa y sufrió la traición en carne propia. Primero en el ACM, club del que se tuvo que ir luego de haber logrado el asfaltado del circuito Nº1, y años después en la Femad, cuando los clubes del interior le dieron la espalda.
“Te voy a ser sincero, me duele dejar la presidencia de la Femad, porque todavía siento que tengo fuerzas y que soy un tipo útil y eso me hace sentirme mal. Me voy a mi casa. Espero que sea para bien”, había dicho días después de dejar la presidencia.
Aunque era cabrón y frontal siempre fue respetuoso de los pilotos: “Usted cuando escriba la crónica de las carrera ponga todos los nombres de los que corrieron porque todos hacen el esfuerzo por estar, todos quieren salir en el diario y hay que respetar a todos”, decía Hipólito a los nuevos periodistas que llegaban a la Femad.
“Para mí ustedes son todos iguales. No hay gente con plata o sin plata, para mí ustedes son solamente pilotos. Sean respetuosos. Ustedes muchachos, salgan a divertirse”, repetía una y otra vez cuando encabeza las reuniones de piloto antes de cada carrera.
Y siempre le tiraba flores a los verdaderos protagonistas de las carreras: “La Federación se hizo grande por lo pilotos que tiene, no puedo decir que uno fue el mejor, sino todos hacen grande a esta Federación”.
Sus últimos días sufrió, además de los dolores de su enfermedad, por ver al automovilismo misionero dividido, al enterarse de que la Federación que tanto le costó construir estaba dividida -por la salida del Rally- y que cada vez menos pilotos van a las carreras de Pista y Karting.
“El día que me muera no quiero velatorio, ni flores ni nada de eso; quiero una ceremonia íntima y que vayan sólo los que me quieren”, solía repetir sobre cómo proyectaba enfrentar a la muerte.
El Polaco, como lo conocían sus íntimos eligió hasta el día para irse: un feriado, con lluvia para que se cumpla su última voluntad. Y así fue. No hubo velatorio, sólo hubo dos coronas de flores de sus familiares directos. No quería más que eso. Sólo se realizó una caravana hasta el cementerio Tierra de Paz, donde sus restos fueron inhumados en una ceremonia muy íntima.
Cuando se le preguntó cómo quería ser recordado, Don Hipólito fue contundente: “Que me recuerden como quieran. Yo he sido un tipo transparente, honesto, que ha trabajado intensamente 30 años al frente de la Federación. Algunos me han tratado muy mal. Y siempre me la he aguantado solo. Aguanté gritos, insultos y siempre seguí adelante por el amor que le tengo al automovilismo. Yo tengo la conciencia tranquila porque actué con toda honestidad, nadie me puede marcar con el dedo, he hecho todo para que Misiones tenga un buen automovilismo”.
Fuente: El Territorio.




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