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Lecciones del padre del automovilismo misionero

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El pasado miércoles se cumplieron 43 años de vida de la Federación Misionera de Automovilismo Deportivo (Femad) y por supuesto que no se puede dejar de lado la vida de Hipólito Argentino Cortés, el padre del deporte tuerca en la Tierra Colorada.
Durante 30 años Don Hipólito caminó cada tarde desde su negocio en la calle Salta (Posadas) hasta la oficina de Junín, donde atendía a pilotos, navegantes, mecánicos y periodistas para llevar adelante su tarea como presidente de la Femad.
Administró pobreza y con poco hizo mucho. No necesitó de dinero para hacer obras, sino que fue un ejemplo de gestión. En su agenda personal, que conservó hasta su muerte, anotaba todo lo que pasaba: si llovía, quién venía y hasta las notas que daba a los medios.
Cortés era de profesión viajante y vendedor de filtros y repuestos. Los contactos con el mundo motor lo llevaron en 1974 a empezar a trabajar en el Automóvil Club Misiones (ACM).

En 1977 Cortés se puso al frente del ACM, que no tenía un circuito, y fue a Resistencia, Chaco, a pedir una fecha que se la negaron. Se plantó ante los chaqueños y logró que el Automóvil Club Argentino resuelva cambiar la sede de la Regional 7 de Resistencia a Posadas.
En mayo de 1977 comenzó oficialmente la Federación Misionera de Automovilismo Deportivo (Femad) y asumió la presidencia, donde estaría al frente por 30 años. Paralelamente manejó los hilos de ACM por 17 años.
Cortés sólo dejó una vez la presidencia de la Femad: fue el 18 de agosto de 1979 por peleas con varios directivos de Oberá, quienes no creían en su proyecto.
En ese entonces asumió el obereño Daniel Mirkin. Cortés volvió a la presidencia de la Femad el 19 de octubre de 1979 y recién dejó el cargo el 29 de septiembre del 2006, cuando lo sucedió el obereño Eliseo Sinsolo.

Las primeras carreras
Cortés ya había dado el primer paso para crear la Femad pero faltaban circuitos en Misiones. El de Oberá y Eldorado no se podían usar ya que sus directivos no avalaban la nueva federación.
Así, la primera carrera que fiscalizó la Femad, con Hipólito al frente, fue el 19 de junio de 1977 en el circuito Santa Bárbara de Paso de los Libres (Corrientes).
Fue organizado por el Auto Club Paso de Los Libres (el presidente de esa entidad era primo de Hipólito Cortés) y los ganadores fueron los posadeños Enrique Bistoletti (Promocional 850cc) y Germán Rocabert (850cc Libre); y el correntino Héctor Finarolli (Fuerza Libre).
Los chaqueños, enojados con la decisión del ACA de sacarle la sede regional, no participaron en esa primera carrera histórica. Pero como buen dirigente, el joven Cortés fue a Brasil a buscar los pilotos de la zona de Cascavel, Dionisio Cerqueira y hasta Uruguayana para que compitan con los misioneros.
La primera competencia en Misiones fiscalizada por la Femad fue la segunda fecha del campeonato 1977, disputada el 17 de julio en el circuito San Isidro de Posadas.
En esa ocasión los ganadores fueron el eldoradense Roberto Culshaw (Promocional 850cc), el correntino José Ramis (850cc Libre) y el brasileño Carlos María Piegas con un VW Fusca.
En la tercera fecha, realizada el 21 de agosto en el circuito ‘Maravillas del Mundo de Puerto Iguazú’, que tenía una extensión 1.250 metros, se corrieron por primera vez las series de la Promocional 850cc, de la Promocional Libre y de la Fuerza Libre, aprovechando un parque automotor extenso gracias a la participación de los brasileños.
Aquel primer campeonato, tuvo siete fechas que se disputaron en Paso de los Libres (dos fechas), Posadas, Eldorado (Circuito Parque Schwlem de 1.150 metros) y Puerto Iguazú, donde se corrieron tres fechas, incluido el Gran Premio Coronación.
Los primeros campeones de la Femad fueron el piloto de Wanda Mariano Ramón Krzyszycha (Promocional 850cc) y el correntino José Ramis (850cc Libre).
En los años siguiente la proliferación de autódromos hizo que el Misionero de Pista llegue a tener 12 fechas (1978) y así se corrió en Wanda, Gobernador Roca, Capioví, Montecarlo, Apóstoles, Posadas, Aristóbulo del Valle. Oberá y Eldorado.

El autódromo de Posadas
Como presidente del ACM, Cortés encaró la mayor obra de la institución: la construcción de un autódromo en Posadas.
En marzo de 1980 se compró el predio en el barrio sur Argentino y se comenzó a construir “a pico y pala”, recordaba Hipólito cada vez que se le preguntaba por el ambicioso proyecto, ya que el predio era un bañado.
La primera carrera que se corrió en el circuito terrado fue el 14 de septiembre de 1980 (llovió y la fecha se completó el 21 de septiembre). La inauguración oficial fue el 30 de noviembre de 1980. Hipólito quería más y el 4 se octubre de 1984 inauguró la sede social del ACM (sobre calle Junín). Así las reuniones de comisión directiva ya tendrían un lugar donde realizarse.
Cortés no se quedó con eso y fue por más, quería el asfalto para el trazado: “Una capital no puede no tener un autódromo asfaltado”, era su mensaje. Así trabajó incansablemente para que los políticos accedieran a su proyecto.
“Una vez estábamos vendiendo una rifa para hacer el autódromo y una señora me dijo ‘¿por qué hace todo ese esfuerzo para construir un autódromo y no para construir una escuela?’… me quedé pensando un rato, volví y le contesté: ‘mi tarea es hacer un autódromo, no escuelas’, aunque hubiera sido lindo hacer una escuela”, dijo en una entrevista a El Territorio cuando cumplió 25 años al frente de la Femad y recibió una plaqueta de plata de parte del Automóvil Club Argentino. & titulo &
El 28 de junio de 1992, en la tercera fecha del Pista, Hipólito vio cómo se cumplía su sueño con la habilitación del circuito asfaltado y subió al podio, donde fue reconocido por su labor.
El 19 de septiembre de 1993, el Turismo Nacional y la Fórmula 3 realizaron la inauguración del asfalto del circuito Nº1 de 2.470 metros de extensión (con el sentido inverso al que se corre hoy).
A fines de 1993, Hipólito debió dejar la presidencia del club por diferencias con otros directivos y solamente se dedicó a la Femad hasta su retiro en el 2006. Hoy su obra sigue viva.

Amor por el automovilismo
Aunque recibió muchos, los premios no le gustaban y faltó a varios homenajes porque no se consideraba merecedor de los tributos. De hecho a uno de los pocos homenajes que asistió fue cuando la torre de control del autódromo posadeño pasó a llevar su nombre.
Tenía un profundo amor por la tarea dirigencial, tan cuestionada y bastardeada hoy en día. “Es una tarea que la he hecho con sumo agrado, sin ningún interés personal, guiado por ese afán de ser útil a la sociedad. Cuando analizo por qué he puesto tantos años de mi vida al servicio del automovilismo, creo que la contestación es que aprendí a conocer y a querer a mi provincia. Cuando apareció la posibilidad de ser dirigente de automovilismo la aproveché para ser útil a mi provincia”.
La Femad fue su obra y también su cable a tierra para superar las dificultades que tuvo en su vida privada. “A mí, la Femad me ayudó a vivir”, aseguró en otra entrevista.
No todo fue color de rosa y hasta sufrió la traición en carne propia. Primero en el ACM, club del que se tuvo que ir luego de haber logrado el asfaltado del circuito Nº 1, y años después en la Femad, cuando los clubes del interior le dieron la espalda.
Una vez que se retiró nunca hizo declaraciones en contra de los directivos que lo sucedieron, pese a que no compartía como se empezó a manejar la Femad: “Motivos para hablar me dieron muchísimos pero no hablo, ni voy a hablar. Podemos hablar horas, días y meses enteros de toda mi actividad, pero no de lo de ahora”, repetía una y otra vez cuando se lo consultaba por el trabajo de los nuevos dirigentes.
Y recordó: “Los clubes, menos el mío, me dijeron ‘Hipólito no va más’ y no va más. Eso perfecto, pero lo que más me dolió fueron las actitudes previas de los clubes. Eso me dejó con mucha amargura. Cuando volví de la asamblea me costó asumir la realidad de decir ‘no soy más el presidente de la Femad’”.
“Era una cosa imposible al principio. La Femad, y lo puedo decir con total tranquilidad, es obra mía, entonces me costaba aceptar esa realidad. Pero en medio de mis cavilaciones tomé una decisión: a partir de ese momento me llamé a un profundo silencio y a un alejamiento de la actividad y es lo que hice”, dijo sobre el silencio que mantuvo desde su retiro en el 2006.

Cómo quería ser recordado
La vida le dejó enseñanzas y marcas en la vida que Hipólito recuerda siempre: “La vida me enseñó y aprendí que una de las características más notables que tiene el ser humano, y es permanentemente en todas las actividades, es ser ingrato y traidor. Y le voy a agregar una palabra más: desleal. Eso lo aprendí. Pero también aprendí que el dirigente deportivo tiene que aprender a aceptar esas deslealtades, esas ingratitudes y por eso duré tantos años”.
A la hora de repasar su vida Hipólito siempre afirmaba que cumplió todos sus sueños. “Lo único que me queda es mirar para atrás. Puedo salir a la calle, mirar de frente a todo el mundo y tengo la plena seguridad y lo juro, por la memoria de mi hijo muerto (se quiebra la voz), que nadie me va señalar con el dedo para decirme éste me cagó”.
Aunque era cabrón y frontal siempre fue respetuoso de los pilotos: “Usted cuando escriba la crónica de las carrera ponga todos los nombres de los que corrieron porque todos hacen el esfuerzo por estar, todos quieren salir en el diario y hay que respetar a todos”, decía Hipólito a los nuevos periodistas que llegaban a la Femad.
Y siempre le tiraba flores a los verdaderos protagonistas de las carreras: “La Federación se hizo grande por lo pilotos que tiene, no puedo decir que uno fue el mejor, sino todos hacen grande a esta federación”.
“Para mí ustedes son todos iguales. No hay gente con plata o sin plata, para mí ustedes son solamente pilotos. Sean respetuosos. Ustedes muchachos, salgan a divertirse”, repetía una y otra vez cuando encabezaba las reuniones de pilotos antes de cada carrera.
En sus últimos días sufrió, además de los dolores de su enfermedad, por ver al automovilismo misionero dividido luego de enterarse de que la Federación que tanto le costó construir estaba dividida -por la salida del Rally- y que cada vez menos pilotos iban a las carreras de Pista y Karting.
Hipólito Argentino Cortés falleció a los 86 años el 19 de marzo del 2014. “El día que me muera no quiero velatorio, ni flores ni nada de eso; quiero una ceremonia íntima y que vayan sólo los que me quieren”, solía repetir sobre cómo proyectaba enfrentar a la muerte.
El Polaco, como lo conocían sus íntimos, eligió hasta el día para irse: un día de asueto en Posadas, con lluvia para que se cumpla su última voluntad. Y así fue. No hubo velatorio, sólo hubo dos coronas de flores de sus familiares directos. No quería más que eso. Sólo se realizó una pequeña caravana hasta el cementerio Tierra de Paz, donde sus restos fueron inhumados en una ceremonia muy íntima.
Cuando se le preguntó cómo quería ser recordado, Don Hipólito fue contundente: “Que me recuerden como quieran. Yo he sido un tipo transparente, honesto, que ha trabajado intensamente 30 años al frente de la Federación. Algunos me han tratado muy mal. Y siempre me la he aguantado solo. Aguanté gritos, insultos y siempre seguí adelante por el amor que le tengo al automovilismo”.
“Yo tengo la conciencia tranquila porque actué con toda honestidad, nadie me puede marcar con el dedo, he hecho todo para que Misiones tenga un buen automovilismo”, comentó.

Fuente: Pablo Lizarraga, El Territorio.

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