La no realización de la Liga Nacional Femenina de Básquetbol, sería, en plano comparativo, prohibir que jugadores del básquetbol masculino que militan ligas extranjeras no puedan formar parte de la selección nacional, y a su vez, que se diluya la liga nacional, quedando como el torneo más importante del año el campeonato argentino.
Involución.
Según la Real Academia Española, la involución se define como la “detención y retroceso de una evolución biológica, política, cultural, económica, etc.”. En otras palabras, se deja de crecer, e incluso, se corre el serio riesgo de retroceder y no poder darle continuidad a lo que se venía realizando.
En más de una charla de café hemos sostenido con colegas, entrenadores e incluso dirigentes que el femenino cuenta con una ventaja puntual en relación al básquetbol masculino nacional: ya tiene el camino trazado. La idea impulsada por León David Najnudel a comienzos de los 80, fue sufriendo modificaciones, y a base de prueba-error se tiene la mejor competencia de clubes de Sudamérica, y posiblemente de Latinoamérica también (o peleando ese lugar).
Hilando fino aún aparecen cosas por corregir, y seguramente el lunar más grande este emparentado con la finanza de los clubes, hecho aún no resuelto salvo contados casos, y que no escapa al ámbito femenino.
Sin embargo, y dejando de lado el mote de “la liga de los campeones olímpicos”, slogan que yo no compro; nadie puede negar que este tipo de competencia, hoy por hoy, es el método que presenta el menor margen de error para conseguir un crecimiento constante en la competencia local, y en el nivel de nuestros jugadores.
Atendiendo esto yo me pregunto ¿Por qué el femenino no aprovecha el camino trazado?
Seguramente el factor determinante para que esto ocurra será la erogación de dinero y la falta de generación de recursos genuinos para solventar la competencia. Cualquier otro argumento roza, lisa y llanamente, con una excusa para ir en contra de la evolución. Volviendo a citar a la Real Academia Española, por evolución se entiende el “desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro”.
No existe forma alguna de mejora seria en la condición técnico-táctica de nuestras jugadoras, si no es a través de la competencia fluida. No hay chance de que esto ocurra sin una competencia que enfrente a las mejores exponentes nacionales, vistiendo las camisetas de los mejores equipos del país (otra enseñanza Made in Najnudel). No cabe alternativa de evolución, si no se federaliza la disciplina, apuntalando este concepto con una liga nacional que así lo sustente. Ocurrió en el masculino ¿Por qué no podría pasar en el femenino?
En aburguesados sillones, o detrás de escritorios que se ubican lejos del parquet, la realidad a veces tiende a distorsionarse. Sólo se equivoca aquel que hace. El que se encuentra cómodamente inmóvil e inerte raramente de un paso en falso, simplemente, porque ni siquiera camina. Es de mentes obtusas creer que la liga nacional no es el camino hacia el crecimiento. Sí allí no está el crecimiento ¿Dónde se encuentra el proyecto evolutivo?
Después podemos realizar mil conjeturas acerca de cual sería el mejor formato, el más económico, el de mayores posibilidades para todos; si es necesaria o no la categorización de las jugadoras; si se debe exigir ficha extranjera o no; si se debe regionalizar la primera etapa; si debe ser de tres meses o de seis… lo que no debe estar jamás en tela de juicio, es si la Liga Nacional es el camino a seguir.
Si dudamos de ese primer paso, evidentemente, ya estamos inmersos en la masa involutiva. Y cuando me refiero a “la masa”, hago mención a la connotación sociológica de esa palabra, la cual por definición se entiende como “una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo”.
Cualquier asociación, federación o liga regional del país, por fuerte que parezca, jamás podrá llegar a igualar los frutos que entrega la realización de la Liga Nacional. Aquí también yace en existencia la jurisprudencia sentada por el masculino. Por mucha oposición que en su momento puso la Asociación Bahiense de Básquetbol, o la negativa de Obras Sanitarias de ser parte de las primeras ligas; la Liga Nacional de Básquetbol terminó demostrándole a propios y extraños que era el mejor camino.
No nos podemos permitir dar, premeditadamente, el paso en falso que significaría abandonar la Liga Nacional. ¿Con qué derecho se hipotecará el futuro de las camadas que vienen dando sus primeros pasos? ¿Este es el respaldo de los clubes y federaciones hacia la reorganización de selecciones femeninas, que por lo bajo y en las sombras más de uno rogaba que ocurriera?
Insisto con lo señalado párrafos atrás. El único factor razonable para la no realización de la Liga Nacional es una erogación desmedida de dinero y la falta de generación de recursos genuinos para solventar la competencia. Si es ese el único inconveniente, un cambio de formato de disputa mejoraría considerablemente el panorama. Cualquier otro apelativo que se utilice, no puede considerarse más que una excusa.
Una acción de ese tipo no tendrá mayor sustento que la avaricia mediocre de quien no pretende el bien colectivo, de aquel que en su ceguera irracional no apuesta por la evolución debido a que simplemente desconoce el término. Una acción de esta magnitud le da una pincelada más al retrato que evoca al estereotipo del básquetbol femenino nacional: la oposición por mera oposición, sin capacidad ni voluntad de intercambio de ideas, inmersos en el regocijo de aquel que es feliz en su mediocridad negadora.
Emanuel Niel
En twitter @ManuNiel
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