El ex jugador del Atlético echagüe Club y desde hace 10 años entrenador, tras ser presentado como el flamante DT para la Primera local repasó varios momentos de su vida deportiva, sus comienzos, el profesionalismo, su paso por Paraguay, etc. El ex Alero reconoció, entre varias cuestiones, que quería volver a trabajar por la zona pero no por calle 25 de mayo ya que nunca cobró lo que se le debe. No obstante, uno de los puntos que lo llevó a tomar la decisión de retornar fue el cambio dirigencial que hubo en la institución.
De chico no le gustaba la escuela y vivía en el Rowing durante gran parte del día por aquellos años 80. Sus condiciones innatas hicieron que Echagüe se fijara en él en un momento especial no solo en el básquet de la institución sino del argentino, en el inicio de la Liga Nacional. Allí comenzó su carrera profesional, esa que lo llevó a conocer diferentes puntos del país e, inclusive, Paraguay, ya que este escorpiano nacido un 15 de noviembre de 1967, en Paraná, una vez que colgó las zapatillas se puso el traje para ocupar el principal lugar del banco de suplentes, el de entrenador.
Si bien tenía ganas de hacerse cargo de un equipo de la zona pero, en algún momento, confesó que al AEC no volvía “ni loco”, debido a las deudas económicas que quedaron pendientes de su época como basquetbolista, Zandomeni creyó en el nuevo proyecto que se encaró por calle 25 de mayo y retornó a su viejo hogar.
Luego de su presentación oficial, EL DIARIO se reunió con el ex Alero para hablar de todo un poco y rememorar viejas historias de aquellos tiempos en los que el básquet era diferente.
-¿A que colegio fue Miguel Zandomeni?
-A la escuela Normal. El único colegio al que fui siempre. Desde jardín de infantes hasta 5º año.
-¿Y lo terminámos bien? (risas)
-Todavía hay cinco materias que me están esperando para que las vaya a rendir. Matemática de 4º y 5º; Literatura de 4º y 5º e Inglés.
-¿Y en esto tuvo que ver el básquet?
-No. Fue solo irresponsabilidad. Era muy irresponsable y no estudiaba como debía hacerlo. Tuve unos viejos muy buenos que siempre me apoyaron en lo que hacía. Siempre me aconsejaban que no deje los estudios pero no fueron muy estrictos conmigo y es como que yo tenía puesto en la cabeza que el básquet era lo mío y solo debía apuntar a eso. Sabía que no tenía tiempo para estudiar después, ya que debía dedicarle tiempo a full, y es como que pensaba: ¿para que estudiar?. Hoy en día es una materia pendiente que tengo ya que me gustaría terminarlo por una cuestión de orgullo. Muchos amigos siempre me lo remarcan. Inclusive, hace dos meses tuvimos la fiesta de los 25 años de la escuela y todo el mundo me recomendaban terminarla.
-¿Eras de estar las 24 horas del día pendiente del básquet? ¿Eras de salir de la escuela, ir a almorzar y disparar hasta el club para jugar?
-Cuando estaba en Rowing prácticamente vivía en el club. Iba siempre a tirar al aro y en los momentos libres siempre estaba con la pelotita. La verdad que allí tuve una muy buena formación, desde mini hasta cadete, con José Cottonaro y Aníbal Cantero. Nos enseñaron muy bien y aprendí mucho con ellos.
Fue Aníbal, cuando pasa como entrenador a Echagüe, quien me quiere llevar al AEC y luego se produce el cambio. Nunca perdí la constancia de estar con la pelota, en los momentos libres.
-¿Te acordás ese día en el que Cantero te dice que le interesabas para el proyecto de la Liga Nacional?
-En Echagüe había jugadores profesionales. En esa época estaba el Beto Jozami, Sergio Gómez. Era un equipo que ya estaba haciendo los pasos profesionales pero era semi profesional. En esa época acá no existía el profesionalismo y se lo veía muy mal. Los clubes que no pagaban te hacían ver que uno debía jugar por la camiseta, que como le van a pagar a un jugador, que en lo único que se piensa es en la plata, etc. Todo esto nos metían en la cabeza y por eso, cuando me habla Butta (Chungo) para pasar a Echagüe no quería saber nada. Las dos veces que habló conmigo, que por cierto fueron charlas extensas, yo no quería aflojar.
Una noche, el Chungo lo manda a Aníbal Sánchez para que me convenciera. En mi casa justo estaba un gran amigo de esa época como Quico Lugón, y también mi vieja, y entre los dos veían que el proyecto del básquet en Echagüe era lo que yo siempre soñaba como jugador, mientras que por mi cabeza pensaba que, de esta forma, estaría traicionando a mis amigos del club. Como dos horas estuvo Aníbal en casa con su novia esperando en el auto (risas). No había mucho tiempo porque ese día se vencía el libro de pases. Así que, ahí nomás, me subió al auto, me llevó a Echagüe, le avisó al Chungo que me había convencido, y así empezó todo.
-¿Cuántos años tenías ahí?
-16 años.
-¿Cómo fue esa etapa en Echagüe?
-Estar al lado de Aníbal (Sánchez) nos marcó una etapa a todos los juveniles del plantel. Él se levantaba a las 7 de la mañana para salir a correr y siempre nos invitaba para que lo acompañáramos o para tirar al aro. Todas esas cosas nos quedaron. Vimos como él se formó solo, él solo se exigía. Luego, ya en la era de Horacio Seguí, se trabajó en una etapa formativa de los jugadores.
-Así como se produjo un gran cambio para vos al pasar de Rowing a Echagüe, ¿Ocurrió algo similar cuando de Echagüe partiste hacia Olímpico de La Banda?
-No. Transitaba por una etapa en la cual estaba surgiendo. Ese año fue el primero en el que Volcan Sánchez llegó a Echagüe y justo la temporada en la cual se jugó el Argentino de Mayores (1989). Fue así que me vieron y me hablaron para ir a Santiago.
Lo tomé como una salida muy importante para mí ya que iba a ser titular en un equipo de A y a los 22 años. Me fui con ese objetivo de jugar, tener minutos, de mostrarme, etc. Se dio que ese año terminamos 5º, con un plantel muy joven. Después volví a Echagüe, hasta la temporada 92/93, para luego pasar a Luz y Fuerza de Posadas y no parar más de dar vueltas por el país.
-Otra linda experiencia la viviste en Olimpia de Venado Tuerto.
-Sí. Más que nada por el grupo humano que se había formado. Justo una camada de chicos que terminaron siendo jugadores excepcionales como Leo Gutiérrez, Walter Herrmann, el Gordo Burgos, que con 19 años estaban pegando el salto basquetbolístico.
-El Puma Montecchia también estaba ahí, a quien alguna vez definiste como “un jugador extraordinario”
-En esa época ya estaba consolidado, volvía de Europa y jugando al lado de él uno se daba cuenta lo simple que se hacía el básquet. Con él y con los otros también. Leo Gutiérrez, por ejemplo, ya marcaba una diferencia sobre los demás.
Belgrano-Regatas, un clásico extinguido
-¿TUVISTE MIEDO ALGUNA VEZ EN ALGUNA CANCHA?
-No. En realidad cuando jugué el clásico de San Nicolás entre Belgrano (allí jugó) y Regatas, nunca me tocó vivir una situación así de que corten calles, entrar con cordón policial a la cancha, que esté todo diagramado y ni bien termine el partido tener que salir corriendo al colectivo, etc. Ese año a Regatas le fue mal y era el “padre” de Belgrano. En un partido, en su cancha, sacamos 20 puntos de diferencia y cortaron la luz a propósito. Ahí comenzaron a llover piedras, nos apuntaban con los tres tiros, y debimos salir corriendo del estadio. En esas instancias sí te da un poco de miedo. San Nicolás fue el único lugar donde sentí un clásico tan fuerte.
Su retorno al AEC
-¿Miguel Zandomeni soporta un archivo?
-¿Cómo si soporto un archivo? (risas)
-Es que hay unas declaraciones tuyas hechas en una entrevista en generacióndorada.com, sitio en el cual dijiste: “Podemos diferenciar a los clubes por su condición económica porque en la mayoría de los lugares donde estuve me trataron bien, salvo en Echagüe y Luz y Fuerza”…
-Sí, lo dije. Siempre haciendo referencia en cuanto a lo económico. Porque con el trato de la gente del club nunca tuve problema con nadie. El otro día, en la conferencia de prensa de mi presentación lo comenté. Comencé una charla con Gustavo Monella (su representante), en la cual le dije que si tenía alguna posibilidad de conseguirme algún club por Paraná o Santa Fe, que siempre me tuviera en cuenta. Eso sí, menos en Echagüe le aclaré, ya que la última vez que me fui nunca más cobre lo que me debían (risas). Luego de ese comentario, Gustavo me cuenta que justo cortó telefónicamente con Chuzo (González) y que andaba buscando un entrenador, ¿te gustaría ir a Echagüe?… ¡ni loco!, le dije (risas). Pero me explicó como había cambiado el club, que hoy en día se está cobrando en término, el club saneo sus deudas, me explicó del movimiento político que hubo, de la organización que existe ahora y que me iba a sorprender. “Es de no creer”, me decía. Por eso arreglé. La verdad que estoy muy contento que mi regreso al club.
-Ahora que sos DT, ¿se extraña algo de ser jugador?
-Cuando uno se retira como jugador cree que las cosas son más fáciles y nada que ver. Ser entrenador es un laburo muy complicado porque tenés que aprender a negociar con los dirigentes, a hacerle entender como son las cosas, porque los dirigentes no están capacitados para hacer trabajos a largo plazo sino que quieren que los resultados se den enseguida. Hay que aprender a ser psicólogo, a manejar grupos de jugadores, a construir los equipos, tanto en defensa como en ataque. Y todas estas cuestiones se van aprendiendo. No es que uno termina su carrera como jugador y ya está. Uno como jugador solo piensa en uno, sino la está metiendo se preocupa por practicar, lanzar más, etc. Pero como jugador nunca estuve en la mente de un DT pensando como hacía para crear los equipos, formarlos, construir la filosofía que uno tiene como entrenador, todas las etapas que lleva, etc. Todo se aprende. La obligación de tener que realizar las clínicas para directores técnicos le abre mucho la cabeza a uno y empieza a ver varias cuestiones. Al margen de observar algunas cosas repetitivas, se van puliendo diferentes puntos.
Hoy en día entiendo porque pensaba que los entrenadores eran unos hijos de p… con el jugador. Lamentablemente tenés que ser un poco así porque los jugadores son hijos del rigor y sino estás detrás de ellos, mientras menos esfuerzo haga es como que se siente bien. A mí me quedó la experiencia de que con los entrenadores que más mes exigieron fue con los que mejor me fue como jugador. Hay que hacerle entender al jugador que se debe romperse el alma para cumplir los objetivos.
La experiencia en Paraguay
-¿Que conclusiones sacaste de tu experiencia en el básquet paraguayo?
-El problema que tienen en Paraguay, en el interior, que fue donde trabajé, es la falta de competencia. Allí se preparan para jugar los torneos nacionales, que son como los argentinos para nosotros. Pero esos certámenes duran una semana y se preparan tres meses para jugarlos. Eso genera una motivación inmediata que se va perdiendo, sobre todo en los chicos, por la falta de competencia. Totalmente diferente a lo que ocurre en Asunción. Es que allí tienen la competencia interna y saca mucha diferencia sobre el básquet del interior. En Asunción hay un buen nivel. Inclusive se perfeccionan mirando nuestro básquet, llevando entrenadores argentinos.
Ping ping
ANÍBAL SÁNCHEZ: “El monumento al esfuerzo. Fue el profesional más grande que tuvimos en la ciudad”
CHARLES PARKER: “Una gran persona y también un excelente profesional”
MIGUEL VOLCAN SÁNCHEZ: “Un gran técnico que cayó en Echagüe en una época en la cual no se comprendieron nunca sus locuras pero que hoy en día es así como se debe trabajar”
HORACIO SEGUÍ: “Conocí dos etapas de él. La que vino a trabajar con los juveniles del club, además de la Primera División y en la que fue el entrenador que me ayudó para formarme como profesional. Y después, cuando volvió y solo se dedicó a la Primera, ya vi en él otra imagen como DT pero siempre con una personalidad especial. Posee una visión superior a los demás que choca bastante”
ORLANDO BUTTA: “Es un dirigente que vuela con la imaginación. Tiene muy buenas ideas para plasmarlas en el básquet pero nunca contó con el apoyo necesario para poder aplicarlas”.
EL ARGENTINO DEL 89: “Fue el último Argentino al cual se le dio importancia y el último que disfruté con las ganas de vivirlo como tal ya que luego se perdió el incentivo hasta que apareció la televisión”
CRISTINA FERNÁNDEZ: “No me gusta la política. Como decía el Chungo: `estamos bien pero estamos mal´ (risas). Pero no me gusta la política.
LA TIERRA COLORADA O LA COSTANERA PARANAENSE: “Las dos son importantes. En su momento elegí Posadas porque se asemeja a Paraná. Son dos ciudades compatibles”
Fuente: El Diario.




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