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José Fabio, el camino de la constancia y la voluntad

José Manuel Fabio es uno de esos grandes e históricos con un vasto paso por nuestra Liga Argentina de Básquet. Las 15 temporadas que ostenta dentro de la categoría apoyan esto, encontrándonos con un jugador que tiene el sacrificio como bandera, que entiende que el esfuerzo es una virtud más que importante a la hora de plantarse objetivos y buscar cumplirlos. Y es que la lucha se ha caracterizado en gran parte de su carrera.

Tuvo que arrancar su trayectoria un poco después de lo que quizá sea habitual, luego de un arco dentro de su vida donde había dejado al básquet en un segundo plano por temas de estudio. Pero dentro de esa pasión que siempre lo movilizó, armó sus valijas desde su Oberá natal, estuvo un tiempo en Buenos Aires y comenzó su carrera profesional en Andino de La Rioja, para la temporada 2003/04 de la Liga Argentina.

Tras su incursión por un Andino que no llegó a completar dicha campaña, saltó inmediatamente a Peñarol, rumbo a la elite del básquet y con un puñado de partidos para luchar por salvar la categoría del conjunto marplatense. Volvería al segundo escalón para aquel naciente proyecto de La Unión de Formosa, su primera temporada completa en la 2004/05, brillando como un revulsivo para el equipo de Daniel Frola con cifras de 11,9 puntos y 5,2 rebotes por encuentro. ¿El resultado? Título y ascenso para el club de Mario Romay.

Al siguiente año, Fabio aparecería con lo que fue su segunda oportunidad concretada dentro de la Liga Nacional, al aceptar una propuesta que llegó desde Deportivo Madryn. No fue quizá el mejor año desde lo personal, sin mucho rodaje pero en un equipo que posteriormente llegaría a semifinales de la Liga. En la próxima temporada llegó una oportunidad más que interesante, una 2006/07 de regreso a la Liga Argentina donde firmó para Independiente de Neuquén y consiguió el ascenso, el segundo de su carrera y en lo prácticamente marcó un inicio con grandes emociones.

Todas estas fuertes sensaciones que viviría le permitieron hacerse un nombre rápido dentro de la categoría, buscado por equipos de siempre serias aspiraciones por su marcado rendimiento. Pasó luego por Española de Charata (07/08), concretaría el sueño de jugar en su ciudad tras la llegada al torneo de Oberá Tenis Club (club al que defendió en 7 de las 15 temporadas que dijo presente dentro de la Liga Argentina), y también tendría otras incursiones en el medio por equipos como Monte Hermoso Básquet (11/12), Banda Norte de Río Cuarto (14/15), Comunicaciones de Mercedes (15/16) y Olimpo de Bahía Blanca (16/17). Su último año en nuestro país fue en la 18/19 con su club de siempre, OTC.

Identificado justamente con los colores del Celeste misionero, también hay que remarcar que Fabio ha sido uno de esos casos con proyección internacional ya que durante los recesos del calendario de liga argentino buscó mantenerse en ritmo en la Liga de Paraguay. Justamente para dicho país y en 2010 tras conseguir la doble ciudadanía, tuvo la oportunidad de jugar con la selección paraguaya en citas continentales como Sudamericanos, Preolímpicos y Premundiales (debutó en Neiva 2010, jugando hasta el 2016 un total de seis certámenes).

Con una historia que ejemplifica y muestra el significado del sacrificio constante, y de todo lo que se puede conseguir a través de la lucha y las convicciones que uno debe tener en cada objetivo, Fabio se prestó a una breve y descontracturada charla repasando un poco lo que ha sido su valiosísima carrera. Despierta aquella admiración en quienes lo ven como un espejo por todo ese esfuerzo que constantemente ha caracterizado su carrera, de la misma forma en la que envía un importante mensaje de nunca bajar los brazos y la voluntad para perseguir los sueños.

– Son 15 temporadas casi ininterrumpidas dentro de la Liga, ¿qué te pasa cuando hacés una mirada hacia atrás en estos tiempos?
. Nunca me gustó mirar cosas mías, ni siquiera tengo colgadas las camisetas. De hecho vos entrás en mi casa y es imposible pensar que sea la casa de un jugador de básquet (risas). Pero sí mediante algunas entrevistas y ese tipo de cosas me hicieron por así decirlo revivir momentos pasados, y es entonces cuando voy un poco atrás como me decís. La verdad es que anduve por muchos lados, viví un montón de cosas… no es que no sabía eso, pero tampoco lo tenía como un recuerdo, como si estuviese archivando fotos y todavía no me había puesto a mirarlas. Sinceramente te terminás encontrando con cosas que algunas se traducen en momentos emotivos fuertes. Está bueno por un lado, porque si bien nunca voy a tocar la melancolía me gusta encontrar momentos lindos, fuertes, agradables o desagradables pero intensos. Me ha pasado que tuve una carrera con todo este tipo de cosas, por suerte viví cosas muy intensas. Me costó mucho también ser de acá de Misiones y siempre estar alejado, porque no había competencia local muchas veces, me tuve que ir muchos y varios kilómetros a tratar de hacer una carrera que la verdad es que no pensaba que terminaría siendo tan extendida.

– Imagino que ese pibe que salió de su Oberá natal no se iba a imaginar lo que terminó pasando después en tu carrera extensísima. Y me quiero remontar un poco a esa niñez, de ese chico que solo quería jugar al básquet. ¿Qué te pasaba en ese momento?
. Lo que me pasó a mí fue que tuve un estímulo muy grande en mi niñez, desde que era muy chiquito me fanaticé muchísimo con el básquet. Entiendo que puede pasar y por ahí se va, o puede ser más esporádico o menos constante, pero en mi caso tuve muy metido en la cabeza el básquet desde mi niñez, para mí era solamente básquet. Entonces, por más que en ese momento no había competencia provincial fuerte o constante, siempre tenía la idea de que disfrutaba mucho jugando y quería hacer eso. Esa era mi idea. Después fui creciendo, entraba en la adolescencia, quizá ya tenía otras distracciones y demás pero siempre me terminaba eligiendo el básquet. Terminaba eligiendo, por ejemplo, entrenar un fin de semana con la selección de Misiones a irme de campamentos con mis amigos o irme de joda por ahí. El básquet siempre tenía un peso más fuerte en todo. Hasta que me choco con una realidad, de que sí estaba muy lejos. Obviamente que el chico en una edad entra en esa etapa donde tiene que entrenar mucho para hacerse jugador profesional y yo mientras tanto entrenaba por mi cuenta, porque no había una liga local, en ese momento no había nada en ese momento, por lo menos en Oberá, en mi ciudad. Me tenía que ir a Posadas donde recién empezaba Luz y Fuerza. Cuando yo era chico ese empezó a ser el faro para el misionero al que le gustaba el básquet y tuviese ganas como yo, entonces como que nos reunimos todos en Posadas siendo juveniles y como que revivió todo. Era ver de cerca un poquito eso que nos imaginábamos y soñábamos. Pero pasó que Luz y Fuerza se funde, y todos los juveniles teníamos también esa imagen, entonces había que convencer a tus viejos y convencerse a uno mismo que lo que te vas a dedicar tiene cierta estabilidad, cierta proyección… a menos que nazca Jordan, pero no era mi caso (risas). Entonces, yo principalmente choqué con esa realidad. Ahí hubo una pausa con el básquet, mis hermanos estaban estudiando en Buenos Aires y me fui con ellos, estudié un tiempo una carrera universitaria y después cuando ya sentí que realmente esa pasión que tenía no se había muerto, me dije «No, tengo que hacer un intento»… me propuse hacer una pausa y probar con el básquet, después, de última, seguía. Entonces hice el intento, una vez que empecé a entrenar y entrenar, noté que fui agarrando ritmo, me cebé y ya le metí para adelante. Y desde entonces no dejé más. Pero me costó, porque en el lapso hubo pruebas con esto de irme lejos de acá de Oberá porque no había nada cerca, inclusive ni San Martín ni Regatas estaban en el TNA sino que estaban queriendo meterse en la liga. Entonces, en un viajo que hago a Obras como prueba, y donde me va bien, lo conozco a Fernando Bastide que fue mi representante. Estaba con la ficha que sí que no hasta último momento, y le digo a Fernando: «el primer equipo que aparezca vamos». Y ese primer equipo fue Andino al otro año, y me fui para La Rioja. Ahí arrancó todo.

– Pasaste de toda esa incertidumbre a vivir lo que pasó después. ¿Cómo te fuiste a La Rioja desde las sensaciones? Porque todo estaba en el aire en ese momento.
. Para serte sincero, me fui a Andino con una confianza en mí mismo que no tenía fundamentos. No tenía de qué agarrarme para tener tanta confianza. De hecho llegué a un equipo muy desordenado, jugamos unos meses y yo veía que iba a haber problemas. Se veía, ya habíamos arrancado mal, estábamos esperando que nos cortaran a todos prácticamente (risas). Pero yo tenía tanta confianza… veía que mis compañeros estaban entendiblemente frustrados, bajaban los brazos y demás en los mismos entrenamientos. Y yo tal vez estaba acostumbrado a tanto entrenar sin premio que ya estaba metido, me había decidido a probar fuerte y no me iba a dejar caer. No importaba cobrar por ejemplo, mientras tuviera para comer y la pelota para tratar de mostrarme y aprovechar cada partido al máximo me era suficiente. Después lo demás se veía, ya iban a venir tiempos mejores. Eso me decía, aunque tampoco sin deterne a pensarlo tanto, sino que iba e iba, solamente eso.

– Te tocó un año raro porque ese Andino desertó de la competencia, si no me equivoco jugó solo primera fase.
. Exactamente, así fue, tal cual. Por esas cosas de la vida nos toca jugar en ese Andino en la misma zona de Tucumán BB, que dirigía el Negro Romano. Andino deja de participar a mitad de temporada, se vino a pique y quedamos todos los jugadores libres. Justo Peñarol necesitaba una reestructuración, el Negro se comunica con un dirigente de Peñarol para hablarle de mí, y ahí es donde aparece el nexo. Apareció esa puerta de entrada a seguir, primero que nada jugando esa misma temporada. Yo me quedé un tiempo en La Rioja porque no sabía qué hacer, porque una de las posibilidades fue Peñarol, la otra que era terminar peleando el descenso era Regatas de San Nicolás, entonces no sabía para dónde ir. Me vine para Misiones incluso, porque hasta había una posibilidad de irme a Atenas. Entonces, creo que ese año en Andino para mí, por no bajar los brazos, por entrenar duro y demás, fue como una recompensa a todo ese esfuerzo que venía haciendo. Creo que en ese lapso tuve, por lejos, las mejores ofertas de mi vida. Me termino decidiendo por Peñarol, y me fui directo. Fue intenso, terminamos peleando el descenso ese año pero la verdad es que fue una experiencia que me marcó a fuego. A mí me marcó mucho todo eso, porque todo eso que me pasó me sirvió para transformarme en un tipo que entiende que hay que sacrificarse. Ya lo sabía, pero ahí me convencí.

– Después de ese año llega La Unión, también en algún punto un proyecto nuevo, con algo de incertidumbre, pero que termina con ese final feliz del ascenso. Hace unos días, Frola me contó una situación donde habían hablado de tu titularidad, porque habías aceptado entrar desde el banco, y contaba lo importante que fue tu rol desde esa solidaridad en pos del equipo y lo clave que fuiste dentro del grupo detrás de Marito Romay y el Nano Posetto, porque encima fue un año donde brillaste.
. Sí (risas). Qué lindo que Daniel haya recordado eso y haya tenido esas palabras hacia mí. Habíamos hablado recuerdo, pero por las dudas aclaro que no como un planteo sino porque me habían surgido dudas, inquietudes de si lo que yo estaba haciendo venía bien, por eso nos habíamos juntado a hablar. El equipo fue un violín y el tiempo que tuve en cancha fue bastante, creo que cerraba casi todos los partidos incluso. Obviamente que acepté el rol que me tocó, ni hablar eso, porque la verdad es que fue un gran año para todos y lo disfruté muchísimo. Nos habíamos armado con el objetivo de pelear mitad de tabla, con algún milagro quizá estar un poquito más arriba… y mirá cómo terminamos. Terminamos teniendo un año tremendo. Al final de esa temporada termino teniendo una lesión durísima donde me corto casi el 90% del ligamento interno. Me voy al médico de ahí y me dice que había que operar, voy a Resistencia y me dicen lo mismo, en Corrientes también me dijeron eso… eran 3 o 4 meses afuera, no podía creerlo, ya se venían los playoffs y me perdía los playoffs. Fue un momento durísimo. Ya había tenido alguna experiencia antes donde los médicos me habían dicho una cosa y al final no terminó siendo tanto tiempo, entonces voy y le digo a Mario, que me consiguió los pasajes, que quería no una segunda sino una cuarta opinión. Así que le pedí permiso para irme a Buenos Aires. «Si ya no puedo hacer nada por tres meses dejame por lo menos irme 4 o 5 días a Buenos Aires, para ver qué me dicen», le digo a Mario. Recuerdo que el doctor, que me había recomendado mi representante, era el doctor Corbalán, ahí en Buenos Aires. Cuando voy me dice que tenía bien el 10% del ligamento, y que con rehabilitación activa más una férula por 20 días creía que podía regenerarse. No era seguro, pero me había dicho algo distinto y me lancé por eso. Entonces vuelvo y le digo a Daniel que no operaba, que me iba a recuperar, que no trajera otro jugador que en 30 días estaba para jugar (risas). Daniel me dice «Mirá José, yo entiendo que tengas ganas y sé de tu empuje, pero me parece que vamos a traer otro jugador», y trajeron a otro jugador. Pero bueno, yo me entrené y recuperé pensando en que iba a jugar los playoffs, no tenía otra idea en la cabeza y era otra vez lo mismo: a todo o nada, no había otra cosa. Afuera ya estaba, ya pasó, ya estaba lesionado, y sabía que si le metía huevo iba a tener alguna posibilidad, que eran 20 de 100, de volver a jugar. Entonces tuve la suerte de que tanto el preparador físico como el kinesiólogo se portaron excelente, hice una muy buena recuperación y terminé jugando playoffs contra Quimsa por el ascenso.

– Me decís Quimsa y me quedé pensando en lo que fue esa serie…
. Tremenda serie, inolvidable, tengo varias anécdotas de esas semifinales. Primer partido lo perdemos en Formosa, el segundo lo ganamos con un manotazo de Gidney en el final y con suerte… después vamos y en el tercer partido perdemos, y el cuarto punto, en cancha de Quimsa, imaginate cómo estaba la cancha que había gente hasta en el techo, y se escuchaba que se hablaba de la fiesta del ascenso… ¡Y nosotros haciendo la entrada en calor! Elongando recién, nos preguntábamos qué fiesta era si todavía ni habíamos jugado (risas). Terminamos metiendo un partidazo, volvimos la serie a Formosa, y después ya ese último partido fue peleadísimo también, pero lo ganamos y ascendimos. Fijate lo que son las vueltas que tiene el deporte y cómo te sorprende.

– El tercero lo ganaban por veinte en el primer tiempo, pero Quimsa lo pone parejo en el segundo tiempo, suplementario y se les escapa de las manos a ustedes.
. Tenés razón… ese tercero lo había borrado de la memoria porque fue un golpe terrible haber perdido un partido así, fue muy fuerte. El cuarto partido lo tengo un poco más fresco porque lo pasó la televisión de Formosa hace muy poco y lo pude ver, y la verdad es que fue tremendo revivir todo eso. Quimsa tenía un gran equipo con Pedemonte, Tomatis, Currat, el extranjero era Cleotis Brown, que en la primera fecha arrancó jugando de 4 y terminó jugando en esos playoffs de base prácticamente. La rompía toda. Recuerdo que ese debut de temporada contra Quimsa, ese año en La Unión, ganamos bien de visitantes. Fue el casamiento de mi hermano y justo nos tocó debutar ese día en Santiago del Estero, por eso no me olvido más.

– A decir verdad, ese arranque entre tantas incógnitas y dudas podría haber hecho trastabillar a cualquiera, más allá de que después el año en Formosa como que respaldó mucho todo ese empuje que tuviste hasta ese momento y que te caracterizó desde siempre. ¿De dónde viene esa fuerza de voluntad?
. Tal vez el ejemplo de mis padres. Si me remonto a ver qué puedo sacar de la personalidad de mis viejos, tanto de mi mamá como de mi papá, es eso, el esfuerzo constante, tratar de hacer las cosas lo mejor posible todo el tiempo. De repente se puede planificar bien o mal y las cosas no salen como lo esperabas o directamente fracasar, porque también está esa alternativa. Es más, uno fracasa muchas más veces de las que le puede ir bien. El hecho de meterle constancia o voluntad, que son las palabras con las que yo definiría a mi viejo por ejemplo, porque fue un tipo muy voluntarioso, yo creo que fue algo que saqué y que también aprendí. Después entendí que eso me iba a servir en la carrera, y me aferré a eso. Obviamente que el talento y un montón de cosas que yo no creo tener ni ser ese tipo de jugador, pero sí podría hacer fuerte en otras cosas y así fue cómo traté de apoyarme en eso. Me hice fuerte en eso, en la parte física siempre me gustó estar bien, en jugar siempre al límite, la entrega… por ahí había momentos en los que las cosas no salían bien pero por extralimitación, pero siempre al máximo, tratando de dar todo. Nunca me gustó jugar parado, ni dar indicaciones ni eso, a mí siempre me gustó mucho correr, pero para jugar ese tipo de básquet tenía que estar siempre bien físicamente y me gustaba ponerme así también. Entonces como que el entrenar y el esfuerzo jamás me tiraban para atrás, por ahí algún día estaba más cansado o eso, pero nunca renuncié a la parte del esfuerzo. Creo que todo esto viene de mi familia, y después me parece que habré entendido que eso sea importante para mí.

– Vuelvo un poco al hilo cronológico, y de Formosa después pasa un año en el medio de Liga y después vas a Neuquén para tu segundo ascenso.
. Claro, al año siguiente de Formosa me voy a Puerto Madryn, y después me fui a Neuquén. Fueron todos esos primeros años con muchas cosas de golpe en el arranque de mi carrera, a nivel estadística también, pensá que hasta ese momento metí dos ascensos y jugué en dos equipos de Liga… un arranque fuerte para uno. Pero la realidad es que me costó quedarme en la Liga de entrada, después tuve alguna que otra chance, pero sinceramente es como que le había agarrado el gustito al TNA, pasé a ser un jugador bien remunerado y cosas así. Después empieza a jugar Oberá, y ya prácticamente no viajé más y me quedé más o menos por acá, pero en un principio como que me pasó todo junto, con dos ascensos casi consecutivos, después pisar la Liga de a momentos también dos veces.

– Madryn fue esa temporada completa que tuviste, un poco dura en lo personal.
. Sí, cuando me decido de ir a Madryn por ahí en ese momento tenía alguna otra opción para irme a jugar, inclusive en la Liga. Pero me decido por Madryn porque en un principio el equipo iba a jugar con un solo extranjero, cuando tomo la decisión era esa la idea. Y de repente, después de esa pretemporada que antes se jugaba Copa Argentina entre un equipo de TNA contra un equipo de Liga, vuelve un sponsor grande de Deportivo Madryn y con el Huevo Sánchez ya sabía que iban a traer más extranjeros. Vino un extranjero que querían todos, Boca y algunos otros equipos más, y justo vino para la posición mía, conmigo habiendo tenido otra cosa en mi casa antes de irme a Madryn y sabiendo la poca rotación del Huevo en sus equipos. Dije «Acá me parece que le pifié», y terminó dándose así, porque jugué poco. No sé después si la Liga me catalogó o yo no quise saber más nada, tampoco es que haya entrado en alguna zona de confort, pero la verdad es que comencé a sentir más productivo en el TNA. Además me metía el desafío porque venía de ascender dos veces, y eso hacía que los equipos prácticamente no me llamaban para ver qué pasaba sino que se armaban bien y con aspiraciones, entonces tenía ofertas mejores. De hecho en Neuquén ascendimos y ahí ya como que me instalé en la categoría. Fue un lapso ahí en el arranque de mi carrera, un inicio difícil hasta que finalmente comencé y desde ahí logros rápidos. Después viene otro capítulo.

– ¿Cómo definís lo que fue pasando después?
. Y al otro año me toca irme a Española, un equipo donde en general nos fue mal, pero sinceramente el equipo se había formado para otra cosa. Era un plantel con aspiraciones que no se dio, entonces fue el primer no fracaso colectivo pero venía en equipos ganadores de TNA y de repente a un equipo donde teniendo mucho más material a priori que otros te toca estar abajo. Creo que también saqué un aprendizaje de eso.

– Después ya viene Oberá, al menos acá en Argentina.
. Sí, después de Española me voy unos meses a Pilar de Paraguay, que fue un desafío también, iba a ver qué pasaba. Probé y la verdad es que fue una gran decisión que a la larga me ayudó un montón. En todo sentido.

– Esa fue la primera en Paraguay.
. Claro, la primera, en un equipo del interior. Se llegó a la final contra un equipo de Asunción y al otro año me voy a ese equipo que enfrentamos en la final. A partir de ahí me iba todos los recesos a Paraguay.

– Después sí ya viene Oberá. Me pongo a pensar un poco lo alocado que habrá sido para vos, cómo ese pibe que se fue a Buenos Aires a estudiar con ese impasse en el básquet, se va de su ciudad sin posibilidades de crecer ahí y luego en un par de años aparece una opción que hoy es muy fuerte dentro de nuestra liga como Oberá.
. Sin dudas. Vos sabés que después de ese paso por América de Pilar, OTC había ascendido al TNA, y ahí ya me vine para acá. El primer año se peleó el descenso, al otro año un poco mejor… la verdad es que me hubiese gustado muchísimo ascender acá en Oberá, pero bueno, no se dio. El intento lo hice, así que creo que tengo que estar tranquilo con eso (sonríe). Pero fue algo muy lindo, impensado primero por esto que te comentaba que un par de años atrás no teníamos ni liga provincial, y de repente encontrarse con la cancha en la que me crié completamente cambiada, jugando TNA… la verdad es que acá en Oberá siempre hubo muchísima gente que le gusta el básquet, entonces como que ya era uno más de ellos y estábamos todos contentos, hasta el día de hoy. Es un placer que el equipo esté, desde el vamos, es un placer que se mantenga en la categoría durante tantos años.

– Prácticamente la mitad de las temporadas que jugaste acá en Argentina fueron en Oberá, el resto sí con otros equipos.
. Completas del todo realmente no sé cuántas fueron, porque yo a veces me iba a Paraguay a jugar y a veces me convenía quedarme hasta fin de año y terminaba jugando media temporada en realidad.

– Claro, venías en el receso una vez que finalizabas allá, e incluso con esas expediciones en Paraguay luego viene la selección. ¿Cómo fue eso?
. Para mí fue un desafío muy grande. Primero era irme como extranjero, me fue bien, y después ya al tercer año de ir a jugar a Paraguay ya me ofrecen ir a la selección. La verdad es que primero no entendía muy bien de qué se trataba, pero me sentí tan a gusto, conocía a todos los jugadores del ambiente del básquet y siempre me trataron diez puntos. Fue fenomenal, tenía mucho feeling con todos los jugadores. Entonces me embarqué, y terminó siendo una muy buena decisión para mí. Jugar torneos internaciones contra y con buenos equipos, experiencias que no las hubiese tenido claramente si no me iba a Paraguay. Fue muy fuerte. Ahí tenés en esto que te contaba hace un rato, que en un momento y con el relato, empezás a meterte en lo que estás hablando y se sienten cosas fuertes porque las vas reviviendo. La verdad es que fue una muy buena decisión, lo disfruté un montón. Encima siempre recalco que me tocó estar dentro de un equipo con una camada de jugadores de Paraguay muy buena, como Guillermo Araujo, Javier Martínez en su plenitud, estaba Bruno Zanotti también… jugadores que inclusive pasaron por Argentina. Y también buenos entrenadores, porque el proceso lo arrancó con un técnico español que fue Arturo Álvarez. El equipo quizá contra las potencias no podía competir de igual a igual, pero salía a competir dignamente siempre. Me gustaba mucho participar en una selección así, que daba siempre pelea y que jugaba bastante bien.

– Sé que no te gusta mucho verte quizá como un espejo o una referencia, ¿pero qué pasa por tu cabeza cuando por ejemplo tenés alguien que es capaz de hacerse un tatuaje con tu figura (NdR: en OTC, el responsable de comunicación y prensa del club se tatuó la figura de Fabio simbolizando su admiración por el jugador)?
. Mirá… la verdad es que fue un crimen con premeditación (risas). La venía amagando desde hace años, yo le advertía que no podía cometer semejante locura, pero lo hizo. Así que no fue un impulso sino que fue algo premeditado, tiene otra condena (risas). La verdad es que lo veía convencido de antes, no me sorprendió tanto cuando vi que realmente lo hizo pero por supuesto me agarré la cabeza (risas). Entiendo que puede ser visto como una cualidad el seguir peleándola y tener fuerza de voluntad, que puede ser algo importante a comparación a otras. No lo sé, pero si yo nací con un súper talento de última pisaste la cancha y eso se expresó naturalmente, tal vez no hay tanto mérito más que esa llamada varita mágica. Después discutamos si el talento es tanto como lo pintan algunos o si es parte del esfuerzo también, pero supongamos que sea lo primero, que alguien te toca con la varita y el talento lo tenés ya instalado sin tanto esfuerzo. En ese caso creo que esa cualidad que hablamos de la referencia de uno, tiene un peso que a mi parecer es superior al que no tuvo que luchar nunca por un logro. De repente puede pasar que uno que se acostumbró a pelearla todo el tiempo a su carrera termina haciéndolo mejor que quien hizo su carrera de taco. Entiendo eso y lo pongo en un contexto, pero de ahí a hacerme cargo de que soy la personificación de la voluntad no, pero que haya personas que sientan que yo puedo serlo, que les gustó mi carrera, eso bueno, lo acepto. Tampoco es que esté orgulloso, pero sí entiendo que puede ser una cualidad que haya gustado (risas).

– Hoy hablabas esto de que más allá de haberlo siempre dado absolutamente todo te quedaron esas ganas de ascender con Oberá, ¿por qué no llegar a hacerlo de alguna forma?
. Primero sé muy bien que hay que reinvertarse. Uno puede ser jugador y quedarse en eso toda la vida, pero después hay una vida por delante en la que uno tiene que agarrar un norte, meter objetivos y darle para adelante. Pero entiendo que el nivel de sacrificio no sé si lo podría imitar porque venía con una carga de motivación extremadamente alta, donde tal vez el esfuerzo ese costaba menos. Dado que la pasión que por ahí podría tener por el básquet no la tengo hoy para armarme por ejemplo un negocio, por decírtelo así, donde uno necesita quizá otro tipo de empuje. Entiendo que la motivación es un motor importante de la voluntad, pero cuando no tenés nafta tenés que agarrar los remos y remarla igual, hay que seguir. Eso está claro. Desde mi punto de vista y en este caso, si yo puedo serle útil a OTC desde algún otro lugar, con mucho gusto lo haría porque el fin es el mismo. El fin es tener a la gente de Oberá con un equipo de Liga, para lo que nos gusta el básquet sería fenomenal, y para un obereño aún más. Quizá para una persona de Buenos Aires con todas las alternativas que tiene no lo es tanto, pero para acá, para Oberá, sí. Nosotros en la ciudad no tenemos ningún deporte profesional en el máximo nivel, mi deporte es el básquet, tengo anexos con el club… así que veremos qué pasa. Es cuestión de meter una meta y buscar que se cumpla, siempre.

Fuente: Lucas Leiva, Liga Argentina.

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