En su feroz búsqueda ofensiva, Vicente Martín Rodríguez basa principalmente su boxeo. Es innegable que está entre los mejores superplumas de Argentina y Sudamérica. Por algo es el campeón argentino (alternativo, en otra burla al reglamento -claro que no es su culpa- habida cuenta de que Israel Pérez, el monarca nacional regular, no lo defiende desde que lo ganó allá por ¡2005!) y actualmente se encuentra en un expectante 6º lugar en el ranking mundial de la OMB, donde reina el inglés Ricky Burns -quien defendió exitosamente su corona el fin de semana pasado- y 8º en el CMB, entidad en la que el rey es el japonés Takahiro Aho.
Incluso, el pupilo de Alberto Zacarías estuvo a punto de pelear hace cerca de dos años por la corona mundial en México, pero por un tema de ausencia de autorización de su visa, el pleito mundialista se pospuso.
Esa situación, aparentemente negativa, debió haberle servido al team Zacarías para transformarla en positiva y foguear más a un chico que allí andaba por los 23/24 años en un pugilista más maduro, oponiéndole rivales más picantes y de mejor técnica que los que se le pusieron adelante.
Muy bien: el asunto es que para llegar hasta este privilegiado sitial, el querible y respetuoso Mono misionero radicado en Lomas de Zamora todavía no se topó, salvo rarísimas excepciones, con lo más granado de su divisional. Y esa protección, cierto es que le sirvió para engordar su récord desde lo estadístico y para mantenerse -y no para progresar- en los escalafones ecuménicos pero que, desde lo técnico, táctico y estratégico, poco y nada le aportaron a un Rodríguez que está inmerso en un peligroso umbral de estancamiento del que no es responsable.
La pelea
El pleito frente a Mario Macho Martínez (28 años, 60,650, 16-8-1, 1 K.O.) no fue tal en cuanto al misterio del resultado: la diferencia de potencia de Vicente Martín Rodríguez (26 años, 60,850 kilos, 34 victorias, dos caídas, un empate, 19 K.O.) fue suficiente para marcar nítidas diferencias desde el segundo hasta el octavo y último episodio, consiguiendo un amplísimo éxito por puntos, fallo unánime, luego de el árbitro Hernán Guajardo le realizara un conteo de protección al perdedor en el 6º asalto.
Justamente ese parcial recientemente citado y el siguiente fueron los mejores del misionero, quien usufructuó el efecto de sus insistentes ganchos a las zonas blandas.
No obstante, no solamente con esos impactos se quedaba Rodríguez en su repertorio ofensivo, si no que los combinaba en series de no menos de tres impactos con cruzados arriba.
Había comenzado algo frío y errático Rodríguez, cediendo el primer episodio porque se comió algunas réplicas de un rival más alto que lo jabeó con izquierda desde afuera. Pero, desde el segundo, el norteño salió con todo y comenzó a darle forma, desde el centro del ring, a un desborde pertinaz y asfixiante, logrando minar rápidamente el escaso resto físico de su contrincante.
Para corregir está la factura y puntería de sus golpes. Esas fueron las razones principales de que el misionero no lograra una victoria antes del límite. Además, es innegable que el digno Martínez está acostumbrado a sufrir y que no quiso tirarse en ningún momento. Por otra parte, otro punto que hay que tener en cuenta respecto del nivel de oposición es que, si bien es cierto que en 2011 ya había combatido en tres ocasiones, Martínez había estado parado durante casi tres años (entre abril de 2008 y marzo de 2011), con el vacío de ring que ello implica. Y, encima, no pega nada…
Pruebas al canto
Pruebas al canto: salvo por su victoria del 13 de marzo de 2010 frente al neuquino Bruno Godoy como visitante, cuando sostuvo contundente y merecidamente por primera vez su corona albiceleste por primera y única vez -conseguida un tiempo atrás ante un compañero de su equipo con quien se conoce de memoria como Adrián Flamenco-, Rodríguez jamás se enfrentó con los primeros del listado nacional: ni Israel Pérez (dicho está, campeón argentino), Roberto Arrieta -3º, y monarca sudamericano-, Matías Ferreira (1º), Fernando Saucedo (2º y rey regional de la FIB y Mundo Hispano y ex múltiple campeón de los plumas, donde fue retador mundialista), Jeremías Castillo (4º), Domingo Vilpán (5º, y poseedor de otro cetro CMB latino), ni Alberto Santillán (6º).
Y cuando cruzó guantes ante otro boxeador de buenas respuestas técnicas como el mendocino Rosendo Tapia, Rodríguez terminó empatando en la FAB y sufriendo algunas réplicas que lo desestabilizaron en el último episodio.
Todos los citados pondrían a prueba los reales pergaminos y la evolución o involución de Rodríguez. Sabemos que se entrena como el que más y que le pone garra, corazón y un esfuerzo inclaudicable para llegar a pelear por un título mundial. Condiciones tiene pero algunas están adormecidas en su interior y no las puede poner en práctica debido a que sus ocasionales oponentes no tienen la calidad suficiente como para exigirle que las saque a la luz.
No quedan más excusas: Vicente Martín Rodríguez está preparado para dar, primero, el gran salto fronteras adentro: a quien corresponda que le dé, una buena vez, la oportunidad que se merece.
Fuente: Enrique Rodríguez, Gancho y Cross.




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