El pasado 6 de agosto, en el Polideportivo de Bonpland, Javier Críspulo Andino superó por puntos en fallo unánime a otro misionero: Elio Jara, en un combate que «La Cobra» a punto estuvo de ganarlo por la vía rápida.
En un principio, el propio manager del posadeño, su padre Rubén, había anunciado a la prensa capitalina que el rival sería el correntino Ricardo Chamorro, algo que no era sencillo de concretar dadas las diferencias de peso entre un welter, Chamorro, (límite de 66,678 kgs) y un supermediano (límite: 76,203 kgs), como está escalafonado en el ranking argentino Andino.
El combate entre los misioneros, no fue reconocido como válido y reglamentario por parte de la Federación Argentina de Box, que aclaró en su sitio de internet que Jara estaba suspendido temporalmente por seis meses, desde el 29 de abril hasta el 29 de octubre y tribunal de disciplina, según la página www.fabox.com.ar.
El nacido en 25 de Mayo, había sido sancionado por haber acumulado tres nocauts en un año y suspendido provisoriamente por seis meses, de acuerdo a lo que marca el reglamento.
Nada se pudo saber de quien organizó el festival, la fiscalización del espectáculo y quien lo autorizó.
Varias preguntas nos surgen al enterarnos de lo sucedido y todas ellas sin respuesta.
Pero algo nos queda muy en claro: en nuestro boxeo se siguen haciendo las cosas mal y nadie toma cartas en el asunto, poniendo en riesgo hasta la salud de algunos deportistas que no están en condiciones de desarrollar una actividad de alto riesgo, como lo es el pugilismo.
Las desventuras de Elio Jara no terminaron ahí.
Veinte días más tarde, armó su valija y se fue a Santiago del Estero, donde peleó -en las mismas condiciones antirreglamentarias- ante Elio Trosch, un santiagueño que debutó y noqueó al misionero…
La prueba oficial: Jara estaba suspendido





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