El cierre de la velada del pasado viernes en el Club Lanús resultó una verdadera “riña de gallos” entre dos mujeres batalladoras como pocas al animar una pelea de tanta intensidad que se dio el empate entre la patagónica
Anahí Salles (55,200 kilos, con Roly Mendoza en su rincón) y la misionera Cecilia Rodríguez (54,300, pupila de Julio García), tras cuatro asaltos muy bien arbitrados por Hernán Guajardo. La igualdad, en fallo mayoritario, vio la luz según las siguientes tarjetas de los jurados: Manuel Veliz y Luis Hernández, 39-39, mientras que Basilio Flecha vio ganar a Rodríguez por 40-38. Según los guarismos extraoficiales de quien esto escribe y suscribe, hubo alguna ventaja para Salles, dentro de un muy cerrado trámite, por 39-38. De todas formas, nada puede objetarse de la decisión de los colegiados por la entrega de ambas protagonistas.
Por haber tenido dificultades para dar el peso pactado, la pupila de Mendoza salió a echar el resto de entrada buscando establecer tempranas diferencias. Así fue que Salles buscó compensar algún ahogo en las postrimerías de la contienda, partiendo con la izquierda recta que hacía blanco tanto en el rostro como en los flancos de la enjundiosa misionera quien, como contrapartida, buscaba meter el combate en la corta distancia para imponer su mayor reciedumbre física. Sin embargo, Rodríguez no cristalizó su cometido en el arranque al no poder quebrar los anticipos rivales.
En el segundo round, Salles se posicionó en contragolpe llegando con sus ganchos zurdos sobre el flanco y el rostro de Rodríguez. La mesopotámica, pese a llevar una muy desordenada ofensiva, pudo llevar al in fighting sobre el final del segmento al provocar un cambio de golpes franco con llegadas de ambos lados aunque los golpes de esta última parecieron ser más potentes.
El final de la vuelta anterior tuvo su correlato en la tercera con la misionera trabajando en la corta distancia, más conveniente para ella, sobre la base de ganchos combinados al cuerpo y la cabeza sin mucha puntería pero con una potencia y continuidad. Salles metió tres buenos contragolpes de zurda -dos veces- y derecha sobre el rostro rival pero igual resignó el parcial por carecer precisamente de persistencia ofensiva.
El cuarto y último capítulo directamente fue al “tú por tú”, llevando las acciones a una intensidad tal que los espectadores aplaudieron sin parar los dos últimos minutos de la contienda.
Ninguna de las dos se guardó nada y dejaron todo sobre la lona incluso hasta sangre como en el caso de Rodríguez, que sufrió una profusa hemorragia nasal producto de un zurdazo en contra “homicida” cuando trataba de repetir el plan de presión que le había dado tan buenos frutos en el episodio anterior.
Esa circunstancia le impidió respirar con normalidad a Rodríguez, condicionándola en su accionar hasta el final del emotivo choque. Así fue que la misionera se transformó en un blanco fijo de los contragolpes de Salles, quien no pudo sacar provecho de esta ventaja al carecer del respaldo anaeróbico para agregarle contundencia a sus buenas maniobras de riposta sobre la ofensiva de su rival.
Así se arribó al a la campana final y a la decisión mayoritaria del jurado bien aceptada por los presentes y las protagonistas. Impecable el estado físico de Cecilia Rodríguez tal cual nos tiene acostumbrados en cada una de sus presentaciones incluso sobreponiéndose al molesto sangrado de sus fosas nasales.
Como también es justo destacar el hecho en Anahí Salles de venir de una intervención quirúrgica, precisamente en su nariz, por una lesión de larga data la cual había hecho eclosión en su combate ante la ascendente Débora Dionicius. Probablemente, este último hecho citado haya sido el responsable de haber padecido el problema en el pesaje, en un hecho realmente inédito e inesperado en su carrera rentada.
Fuente: Gancho y Cross.




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