Nadie puede dudar de que enhebrar un par de victorias luego de casi tres años de inactividad provocado por una derrota mundialista que desencadenó una serie de inconvenientes personales, familiares y psicológicos, siempre vienen muy bien. Y más para un destacado valor como Diego Silva, quien tras ser campeón argentino y sudamericano gallo se encontró en su oportunidad mundialista con un inalcanzable Fernando “Cochulito” Montiel.
Desde ese punto de vista, el éxito conseguido sobre el cuadrilátero del Club Ferrocarril Oeste de Merlo, en la velada que el viernes de la semana pasada organizó “Argentina Boxing Promotions”, por “El Botija” misionero radicado en Avellaneda (28 años, 55,250 kilos, 26 éxitos, dos caídas, tres empates, 13 nocauts) tiene un interesante valor para levantarle la autoestima y para encarar su futuro con mayor confianza.
Ahora, desde el punto de vista de los merecimientos, al misionero radicado en Avellaneda, donde en Racing lo adiestra Guillermo Silva, apenas le sobró el canto de la uña para derrotar por puntos, en decisión mayoritaria, a Maximiliano Méndez (23 años, 55,450 kilos, 6-11-0, 0 K.O.). Las tarjetas de los jurados que justificaron la victoria del mesopotámico fueron las siguientes: mientras Javier Geido ((58,5-57) y Jorge Millicay (59,5-57,5) observaron vencer a Silva, Ramón Cerdán determinó una igualdad en 57,5 por lado.
En tanto, para www.ganchoycross.com.ar, el misionero ganó por apenas 58-57,5, habida cuenta de que tras iniciar venciendo por escaso margen el 1º y por amplia distancia el siguiente, decreció en su ritmo de combate por la inversión a los flancos de un Méndez que pasó al frente al adjudicarse el 3º y 4º ahí nomás, y el 5º por mayor diferencia. Con todo para decidir, Silva recuperó su energía y se llevó el sexto sin discusión.
Las seis derrotas consecutivas que traía en sus alforjas el de Florencio Varela frente a los varios de los mejores de la categoría, ninguna antes del límite -tras quitarle el invicto a tres promisorios valores como Maximiliano Márquez, Pablo Rodríguez y Lionel Prieto- transformaban a Méndez en un duro probador, con “roce incorporado”, áspero, sanguíneo, sin vueltas, que no dudaría en jugársela a cara o cruz en cada cruce. Justo lo que necesitaba Silva para saber dónde estaba parado.
¿Y dónde está parado el misionero?
No se lo puede apurar. Mostró dos caras: una lúcida y lucida en ofensiva y otra, muy distinta, en retaguardia, con lentitud de reflejos exasperante al quedarse más tiempo de lo debido en la corta distancia, a merced de las réplicas adversarias.
Tiene tiempo para progresar, es joven y está reencausando su camino, con virtudes y defectos propios de aquel al que le cuesta mostrarse equilibrado luego de varios años fuera de los rings.
Entre sus virtudes, Silva mostró un veloz juego de piernas que le permitieron achicar bien en los dos primeros capítulos, y le otorgaron la medida y los ángulos justos para descargar certeras y relampagueantes combinaciones con buena factura de ejecución, de los golpes, bien aprehendidos. Es un boxeador del piel a piel, de la media y corta distancia. Allí se siente muy bien
Además, mientras lo acompañó el respaldo anaeróbico, Silva le aportó una intensidad muy interesante al combate, de la misma forma que un Méndez que lo obligó a trabajar de esa forma, habida cuenta de que al perdedor le sobró resto debido a que se mantiene en actividad constante.
Pero esa intensidad se transformó en espasmódica en el segmento que fue del 3º al 5º ya que Silva recibió más de la cuenta en sus planos bajos, al quedarse un segundo de más en esa zona de fuego y, probablemente, a causa de la falta de ring. El castigo recibido especialmente en la zona basal, le quitaron movilidad al ganador y lo convirtieron en un blanco más fijo.
Allí sufrió el combate, en parte, el pupilo de Guillermo Silva.
Cuando el pleito se le había complicado por demás ante un guapo Méndez que nunca cejó en su intento de desbordarlo desde el centro del ring, Silva aceleró en el 6º y último episodio que se llevó por una buena diferencia al volver a combinar tres manos por vez, arriba-abajo con una puntería digna de destacar, tal como lo había mostrado al comienzo de la lucha.
Si Silva logra mantener su disposición durante todo el combate tal como lo hizo al principio y el final, tiene todas las chances de volver a reinsertarse en el contexto nacional y, por qué no, en el internacional. Es todo cuestión de tiempo y de trabajo físico ya que las condiciones técnicas las tiene.
Fuente: Gancho y Cross.




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