El posadeño que se abre camino a los golpes

El posadeño que se abre camino a los golpesQuizás porque desde niño la vida lo puso muchas veces contra las cuerdas. Quizás porque tuvo que aprender a hacerse respetar a las piñas. Quizás porque encontró en el boxeo un camino de superación personal. O tal vez por la mezcla de todo lo anterior.
Lo cierto es que el posadeño Alejandro “El Cuervo” Silva (24) inició hace un año y medio su ascendente carrera profesional sobre el ring y, según cuentan quienes lo conocen mejor que nadie, tiene todo como para ser campeón del mundo.

El boxeador misionero recibió a El Territorio en el gimnasio de Avellaneda que comparte con su esposa, la campeona mundial minimosca de la Asociación Mundial de Boxeo, Yésica ‘Tuti’ Bopp (33). “Es la primera vez que me hacen un reportaje de un medio de mi provincia y por eso aprovecho para mandar un gran saludo a todos los parientes y amigos que tengo en Posadas”, señaló el deportista antes de empezar la entrevista, obviamente, mate de por medio.
Desde marzo del año pasado disputó cinco peleas profesionales, con cuatro triunfos (todas por nocaut) y un empate. Siempre auspiciado por el Sindicato Único de Trabajadores de Peajes, que conduce Facundo Moyano, a quien considera “un gran amigo, porque apoyó mi carrera desde el principio”.
Actualmente está preparándose para un nuevo combate que estima será a fines de este mes: “Siento que empecé a recorrer el camino de mi sueño, que es ser campeón del mundo. Sé que recién empiezo. Que me falta mucho. Pero también siento que pasé tantas cosas difíciles en la vida que no le tengo miedo a nada, porque nada puede ser peor de lo que ya viví”, explicó el boxeador.El posadeño que se abre camino a los golpes
Con la sed de triunfo que tienen los grandes, Alejandro dijo que cuando sube al ring su único objetivo es ganar o ganar. “Todo el trabajo de preparación física y emocional se hace antes. Cuando llega la pelea sólo pienso en ganar”, dijo el boxeador que con 69 kilos forma parte de la categoría súper welter o peso mediano ligero.
La familia que formó junto a la campeona mundial Yésica Bopp vive en un gimnasio ubicado sobre la avenida Belgrano de Avellaneda, a 15 minutos del centro porteño.
Se trata de un megagimnasio con todo lo necesario para el entrenamiento de boxeadores, incluso con un comedor ubicado en la planta baja atendido por nutricionistas que preparan dietas especiales para los deportistas. En el primer piso hay grandes salas con todo tipo de aparatos para musculación. En el segundo piso hay un ring en el que se hacen las prácticas. Y en el tercero vive el matrimonio junto a la pequeña hija Ariadna Morena (2).
Consultado sobre cuáles son sus ídolos en el mundo del boxeo, dijo que en el plano internacional su referencia es el norteamericano Floyd Mayweather, mientras que a nivel nacional admira al Chino Maidana, a quien conoce porque actualmente entrena con su hermano, Fabián Maidana.

Su infancia en Posadas
Alejandro Silva es hijo de María Rosa Guarachi y Carlos “Flecha” Silva. Vivió su infancia en Villa Cabello, La Querencia y finalmente el barrio Pam de Posadas. Cuando tenía 14 años sus padres se separaron. Alejandro y sus hermanas vinieron con su madre a instalarse en la villa El Sapito, de Isidro Casanova, en el populoso distrito bonaerense de La Matanza.El posadeño que se abre camino a los golpes
“De Posadas me trajeron de golpe a vivir al conurbano bonaerense. Fue un cambio muy brusco. En esa etapa de mi vida me aferré como nunca al deporte, porque podía haber caído en cualquiera. Jugué en las inferiores de San Lorenzo, que es el equipo del que siempre fui hincha. Pero con una madre sola, que apenas tenía para la comida, no podía cumplir con todos los entrenamientos. Fueron épocas muy duras”, recordó.
Además, en el barrio no era fácil ser el nuevo. “Ahí todo se arreglaba en un cuerpo a cuerpo y yo era candidato a la paliza. Porque nunca me gustó obedecer a quien no respeto. Así que me metí en el gimnasio para aprender boxeo con la idea de autodefensa para la calle. Esa fue mi idea original. Y obvio, también para conocer chicas lindas”, reconoció.
Se trataba del gimnasio El campeón, de Isidro Casanova, donde el entrenador Héctor “Hacha” Juárez congrega a los jóvenes del barrio con el objetivo de sacarlos de la calle y enseñarles algún deporte que los aleje de tanto vicio que abunda en la zona.
En ese gimnasio, bajo la atenta mirada del ex boxeador Juárez, Alejandro tuvo sus primeras instrucciones sobre el mundo de los guantes. “Yo tenía 16 años. Me gustaba el deporte pero también la joda. Entonces un día El Hacha fue bien clarito conmigo: “Mirá pibe, si no ocupás este espacio, hay otros chicos esperando para entrenar. Acá se viene a boxear. Te voy a enseñar lo necesario, pero tenés que tener disciplina, si no no vas a llegar a nada”.

Llegada a la Federación de Almagro
Recuerda sus primeras peleas amateurs con lujo de detalles. La mayoría fueron en la sede de la Federación Argentina de Boxeo, en la calle Castro Barros, del barrio porteño de Boedo. “Ahí sentí por primera vez eso que me pasa cada vez que subo a un ring, que es el momento en el que dependés en un ciento por ciento de cada movimiento de tu cuerpo, por eso tenés que tener el cerebro súper entrenado para no errar ningún movimiento”, dijo.
Alejandro reconoció que gracias al boxeo aprendió a disfrutar de la lectura. “En la escuela no te agarraba un libro ni loco. Y cuando me metí en serio en el mundo del boxeo empecé a tomar conciencia de lo importante que son los pensamientos. Ahora me leo todo sobre neurociencias, porque estoy convencido de que sólo lograré ser campeón con un cerebro entrenado”.
Para él, el boxeo es su escuela, es su familia y es un estilo de vida que aprendió bien desde abajo. “Yo las pasé todas. A mí no me la contaron. Yo sé lo que es la calle. Y por eso, cuando conocí todo lo que te puede dar el boxeo me enamoré de este deporte, que siento que es mi vida misma”.
De la mano del entrenador Juárez, el posadeño siguió escalando posiciones y ganando reconocimientos en el mundo pugilístico. En 2010 fue convocado para integrar la selección nacional de boxeo.

Conoció a la Tuti y nació el amor
Como parte de la selección nacional de boxeo, Alejandro comenzó a entrenar en las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), donde conoció a la que hoy es su pareja, Yesica “Tuti” Bopp, que ya estaba consagrada en el mundo del boxeo femenino por haber logrado en 2008 el campeonato mundial que aún mantiene después de más de 17 peleas en las que intentaron destronarla sin éxito.
“Con la Tuti tuvimos un amor a primera vista. Ella es una gran campeona, no sólo como boxeadora sino además como persona. Aprendí mucho con mi mujer. Nos llevamos muy bien. Y además desde que tuvimos a Ariadna supimos lo que es el amor a una hija. Algo que no se compara con ninguna medalla”, señaló.El posadeño que se abre camino a los golpes
“La llegada a la selección nacional marcó un antes y un después en mi vida. Porque ahí empecé a vivir en el Cenard, rodeado de deportistas y entrenadores. Conocí otro mundo. Porque antes de eso, yo entrenaba en el gimnasio pero mi vida seguía en el barrio, lo que no significa que sea malo, pero para un deportista eso no ayuda. Tuve que aprender a alimentarme. A cuidarme. A evitar el alcohol. Dejar las salidas nocturnas. Una rutina que a los 18 años es dura de encarar”, señaló.
Alejandro está seguro de lo que quiere y sabe que sus logros dependen de su preparación física y emocional. Pero además dijo que tiene un secreto: “Tengo sangre guaraní en las venas y eso se siente arriba del ring”.

Fuente: El Territorio.

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