Se terminó el ciclo de Labaroni en Crucero

Se terminó el ciclo de Labaroni en CruceroEl ciclo más corto de un entrenador al frente de Crucero del Norte, indefectiblemente llegó a su fin. Darío Labaroni dejó de ser el entrenador del equipo principal de primera división que actúa en el Argentino A de Fútbol, tras la derrota del viernes por la noche en Santiago del Estero por 2 a 0 ante Central Córdoba. La decisión se tomó de común acuerdo con la dirigencia y el viaje de regreso hacia Misiones, sirvió para confirmar la noticia y comenzar a reorganizar la sucesión.
El entrenador se despidió de sus ex dirigidos cuando arribaron a Santa Inés dejando un saldo muy desfavorable en los números con una campaña muy por debajo de las expectativas con 14 partidos al frente del elenco misionero donde cosechó 5 triunfos, un empate y la lapidaria cifra de ocho derrotas, las últimas cuatro de manera consecutiva. Su equipo mostró un estilo muy agresivo a la hora de buscar el arco de enfrente sin el acompañamiento en la red anotando 13 goles (los otros dos fue en la primera fecha cuando Fulgencio era el interino) y sufriendo 16. Es difícil sentenciar en números la grandes oportunidades de gol desperdiciadas, pero sin dudas, en promedio, con Labaroni como entrenador, Crucero siempre generó no menos de cinco opciones netas, cara a cara, mano a mano con el gol, pero sin dar el último pase a la red, por partido. Y al final, los resultados mandan y ante semejante magra campaña, primó el bienestar de la institución y lo más conveniente era generar un cambio en la conducción y así también lo entendió el técnico. “Yo estoy entero, tengo fuerzas para seguir. Hicimos todo lo posible y esto es todo lo que tenemos”, repitió Labaroni en la noche santiagueña. Ya más tranquilo y tras conversar varios minutos con el Coordinador Deportivo Oscar Rodríguez, ambos decidieron ponerle punto final a esta gestión de Darío Labaroni al frente del equipo, dejando como siempre la puerta abierta para un regreso.
Cuando el ex entrenador de San Martín de Tucumán, Cruz del Sur de Bariloche, Huracán de Posadas, entre otros equipos llegó al club, generó mucha expectativa en todo el ambiente futbolístico, porque se le reconoce sus dotes de gran trabajador en cada entrenamiento. Sus prácticas demoraban todo el tiempo que fuera necesario hasta que la jugada que pretendía saliera. Los mismos jugadores reconocieron el cambio en la manera de trabajar que tiene el DT que, trasladado a la cancha, no se tradujo en buenos resultados. Nadie puede negar que la propuesta era ofensiva, despertó elogios, arrancó muchos aplausos de la exigente platea del Andrés Guacurarí de Garupá pero el condicionante fue la falta de gol. Probó con un punta sólo, con dos y en ocasiones con tres. Armó líneas de cuatro defensores, tres llegado el caso, muchos volantes de buen manejo de pelota, le imprimió una característica diferente pero nada resultó. Paradójicamente en el juego, superó a todos los rivales que enfrentó, porque le dio un baile bárbaro a Antoniana en Salta donde ganaba y no supo mantener el resultado. Lo mismo en Entre Ríos, cuando lo tuvo contra las cuerdas a Gimnasia y no embocó; o la fatídica noche en Rafaela, cuando le ganaba a 9 de Julio y en la última pelota se lo empataron.
En casa la producción del equipo de fue de mayor a menor, porque el 3 a 0 contra los santiagueños ilusionó a todos y con el correr de los partidos no se pudo sostener, a pesar de la victoria en Salta ante Central Norte. Y el quiebre definitivo llegó en la noche del 12 de noviembre ante el puntero Antoniana, cuando el público concurrió en masa a la cancha, la formación colectivera ganaba 1 a 0, saltaba al primera puesto y literalmente lo pasaba por arriba a Juventud, pero al final llegaron dos minutos de desconcentración, dos goles increíbles y lo que era victoria y liderazgo, se transformó en derrota y desazón. Para colmo de males, el equipo sufrió la racha positiva de los equipos de Sunchales cada vez que enfrentan a Crucero, con triunfo de Unión como local y la derrota en Garupá ante Libertad que provocó la ira de los simpatizantes que como nunca, pidieron la renuncia del DT.
Parecía que nada peor podía pasar, que el equipo había tocado fondo sumado a las lesiones de Gaona, Marczuk y Brítez hasta que en los días previos al viaje a Santiago, se cayeron Semino y Yegros Tejada y el viernes por la noche ante Central Córdoba, terminaron jugando De Olivera, Batista, Pauluk y Tomás González, productos genuinos de la Liga, sin rodaje en el Argentino A. Y quizás allí hay que señalar lo que deja Labaroni de positivo en su corto paso por la institución, porque no le tembló el pulso al jugarse por los pibes, cuando tranquilamente podría haberse marchado antes. Y encima estos no desentonaron, Crucero mantuvo el nivel generando varias situaciones pero sin poder convertir ante un equipo como el santiagueño que, a pesar de la victoria parcial y el hombre de más en cancha, no podía salir del asedio que le propuso Crucero.
La dirigencia siempre respaldó al entrenador que se la vio en figuritas cuando notó que el plantel cada vez se acortaba más y más. A mitad de torneo se fueron los arqueros Schab y Hernando. El atacante Cristian Taborda fue operado de la rodilla; Gutiérrez fue separado del plantel; Nieva y Monesterolo decidieron no seguir jugando en el equipo y al final la lista de lesionados llegó a la suma de cinco, casi todos titulares. La lista de buena fe no es muy generosa y entonces en sólo 15 partidos, Crucero ya ocupó más del 90% de los que tiene inscriptos para el torneo. Para enero podrá agregar cuatro jugadores de los cuales dos ya tienen asegurados sus pasajes de vuelta, los paraguayos Juan Matto y Derlis Soto. El tercer cupo será destinado seguramente a un arquero y el cuarto lugar lo va a elegir el nuevo entrenador. ¿Quién será…? Parece que está claro.
Ahora es tiempo de despedir a Darío Labaroni con un fuerte abrazo, agradecer por su dedicación, su tiempo, su sacrificio y el amor por el trabajo que lo demuestra cada día, desde que pasó por primera vez el portón del complejo de Santa Inés. Siempre confió en que se podía, a pesar de que los resultados no se le daban. Es una lástima porque se trata de un gran técnico en una profesión donde las derrotas provocan que salte el único fusible de estos procesos: el entrenador. Como marca la historia de esta joven institución, las puertas están abiertas para un regreso, quizás pronto o seguramente más adelante, porque los amigos siempre tienen las puertas de nuestra casa de par en par para volver cuando quieran. Crucero buscará la mejor solución para lo que viene, un campeonato al que todavía le quedan 13 partidos para intentar meterse entre los tres mejores de la zona. Y se lo merece y puede.

Fuente: sitio club Crucero del Norte.

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