La flota que atracó en La Ciudadela lucía llamativa. Bautizado por sus hinchas como el «colectivero», no puso sus anclas en el área propia y a su velocidad supo llevar a San Martín de paseo en algunos momentos del viaje futbolístico. Amarillo de popa a proa, le explicó al equipo de Pedro Monzón, con calculadora en mano y pelota al pie, el porqué de esos dos puntos de diferencia en la tabla. Así, los miles de hinchas que poblaron en el estadio presenciaron cómo el Crucero del Norte se zarpó, al igual que la oportunidad de llegar a la cima de la zona en el torneo.
La posibilidad perdida debe ser una anécdota. Focalizar el objetivo en números o posiciones (sobre todo si se trata de la primera, segunda o tercera) sería equivocarse de latitudes. Antes de mostrarse como el mejor debe mejorar ¿no? Por más repetitivo que parezca, la elaboración de juego no parece tan trabajada como la perfecta jugada que ideó «Moncho» en el primer gol. Los químicos fueron los correctos y el laboratorio no falló pero sería bueno ver esa coordinación con la pelota en movimiento.
Gustavo Balvorín patentó el gol tras el centro de Bruno Lescano pero igual había un olor raro. Hasta los 22’, el «santo» había mostrado superioridad pero un tiempo muerto (el calor estaba matando) pedido por el árbitroayudó a los visitantes. El técnico misionero aprovechó los minutos de gracia y ordenó las ideas de sus dirigidos a los gritos. Mensaje comprendido.
Tras el refresco para la garganta y el lavado de cabeza, los amarillos fueron otros. Ordenados, prepotentes y más seguros atrás. La prueba a la postre, sería que al 75’ San Martín había hecho todos sus cambios y Crucero, ninguno. Eso sí: al gol llegaron también con un tiro libre, pero colaboró Lucas Hoyos, que se paró en el medio y la pelota entró por su palo.
Nobleza obliga, sobre el final, el uno «santo» tapó una pelota de ligas mayores a Juan Cabrera que bajo el arco tuvo la astucia de definir a contrapierna pero no sorprendió al arquero. El confort de tener un crucero enfrente nunca llegó para San Martín.
Fuente: Nicolás Iriarte, redacción La Gaceta.



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