Juan Pablo Fernández volvió a Montecarlo luego de dos intensos años como jugador de la sleección argentina de handball, con la cual logró la medalla de oro en el último Panamericano realizado en Guadalajara, México.
Central/Lateral izquierdo en esa disciplina, este joven deportista es nieto de Juan Plocher -uno de los pioneros del handball en Misiones- y estuvo la semana pasada unos días en Montecarlo visitando a su familia, ocasión en que aprovechó para ver los entrenamientos del Club de Gimnasia y también compartió una tarde con los alumnos de la Escuela Nº 773 del barrio San Lorenzo.
Destacó que Montecarlo lleva en la sangre el handball, en comparación a otras ciudades del país que visitó, y resaltó que al cruzar palabras con cualquier vecino de la localidad se encontró que todos alguna vez practicaron la disciplina.
Juampi, como lo llaman todos, tiene más que una historia en el handball ya que toda su familia lo practicaba y sus padres se conocieron mediante este deporte, que lo transmitieron a él y a sus dos hermanos.
“Desde los 7 años junto a mis dos hermanos empezamos a jugar en el Inef en San Fernando, donde mi papá entrenó toda su vida. Hasta los 17 jugué en todas las inferiores, a los 14 años empecé a jugar con la selección argentina, primero en cadetes, juveniles y junior; hasta que tuve 20 años y actualmente estoy jugando en mayores”.
A los 17 Juan Pablo tuvo la oportunidad de formar parte de un club de Islandia, cumpliendo su sueño de jugar en Europa, donde estuvo medio año y regresó a la Argentina formando parte de la selección juvenil para el mundial, donde culminaron cuartos. De ahí lo convocaron del club Helvetia de Pamplona, España (donde jugó dos años), que le dio pie para regresar a la selección y jugar el Mundial Junior en Egipto donde Argentina culminó sexto. Luego, en Alemania, estuvo un año y volvió al Helvetia institución a la que pertenece actualmente.
“Tuve la suerte y la oportunidad de estar en la selección, me llamaron desde que tenía edad para estar en el seleccionado en distintas categorías y forma parte de mi carrera; la albiceleste me acompaña hace diez años, me gusta y lo llevo en el corazón”, relató a este medio.
Juampi desde los 17 años juega en clubes de Europa y se dedica al ciento por ciento a la disciplina.
El handball es un deporte amateur y no tiene la misma rentabilidad económica como el fútbol o básquet, “en cuanto a lo económico en el exterior no se gana mucha plata, alcanza para ahorrar un poco, pero me importa lo deportivo, estar en las mejores ligas del mundo y poder encontrarme en buen estado y mejorar en el aspecto deportivo.
En Argentina, al ser amateur es un poco más complicado; después, en cuanto a la selección si bien cambió hace un par de años desde la creación del Enard, donde se apoya un poco más a los jugadores desde lo económico, y en lo deportivo con giras a Europa, en lo económico recién ahora está empezando a mejorar.
Acá los jugadores pueden estudiar y trabajar, pero en Europa hay que dedicarle el mayor tiempo posible a los entrenamientos”, contó.
El fanatismo en Montecarlo
El handball en Montecarlo tiene historia, teniendo en cuenta que es casi la única localidad que la promociona en escuelas de iniciación deportiva, en clubes y escuelas. Fue cuna de importantes figuras en décadas anteriores, tuvo altibajos en una época por falta de semilleros pero hace cuatro años volvió a remontar, siendo sede de varios torneos nacionales en diversas categorías como sucedió en los 80.
Esta semana, al recibir la visita de Juan Pablo Fernández, se logró mucho más entusiasmo, tanto de adultos como pequeños que sueñan ser como Juampi y llegar a la selección.
“La verdad desde chiquitos hay que aprovechar los momentos, se puede ver a la selección en televisión y eso entusiasma y ayuda a que la gente se inserte más en el deporte, que lo practique, que quizás un chico de 9, 10 años ve en la tele, en la escuela le interesa mucho más; cuanto más gente lo practica mejor nivel conseguís. Por ahí el handball es un deporte un poco egoísta porque si los chicos del interior quieren seguir mejorando tiene que ir a Buenos Aires”, opinó Fernández.
Por otra parte destacó: “He tenido la oportunidad de estar en ciudades grandes donde se practica este deporte, pero lo que veo en Montecarlo es que lo llevan en la sangre, cualquier persona que hablás en algún momento de su vida practicó el deporte, formar parte de esta comunidad te hace sentir apañado, apreciado y sabemos que gritaron cada gol de la selección en este Panamericano, que logramos por primera vez el oro”.
Además dijo que “esto de visitar el club, la escuela, durante estos días fue lindo, para mí fue una forma de devolverles el apoyo que nos dieron durante nuestros partidos y creo que eso también motiva a que sigan con más entusiasmo”.
Juan Pablo regresó a la Argentina meses antes del Panamericano debido a una lesión en la espalda; luego poco a poco realizó su rehabilitación que le dio pie a estar en la selección; en estos días retomará su tratamiento hasta enero, para sumarse nuevamente a su club en España y con la selección para una gira en Japón.
“Después de la gira vamos a poner todo en vistas a los Juegos Olímpicos que para nosotros va a ser el primero, hay que ser cautelosos, es una gran experiencia y si se llegan a dar los resultados tratar de aprovecharlos, poner objetivos sería duro. Llevamos cuatro años entrenando fuerte dedicados a los Panamericanos, al ser la primera vez que se clasifica era la deuda pendiente ganar a Brasil, porque veníamos de perder dos finales contra ellos”, remarcó.
Fuente: territoriodigital.com




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