Cuando se pone en marcha un nuevo proceso, empezar el torneo sumando un punto, en condición de visitante, significa un aporte importante. Juventud Antoniana se presentaba ayer, en Misiones, con un equipo que prácticamente -en un ochenta por ciento- lo integraban jugadores que fueron incorporados como refuerzos para esta temporada. Y tan mal no le fue; porque empató dos a dos frente al debutante en la categoría, Guaraní Antonio Franco, y dejó una mejor impresión que su rival en cuanto al juego.
Vaya sorpresa que produjo el equipo antoniano en el inicio del partido. Juan Pablo Rial estuvo atento a los groseros errores defensivo de los misioneros y, en la primera estocada a fondo, el delantero abrió el marcador. El tanto en contra fue un golpe muy fuerte para los locales. Ese impacto profundizó los desajustes en la última línea local, pero Juventud no supo sacarle provecho ni utilizar la fórmula adecuada para estirar las diferencias. Así, el mismo Rial, Cristian Badaracco, Diego Gottardi o Nicolás Aguirre se encontraron con jugadas que hubieran podido terminar en gol.
Luego de salir del encierro que le provocó, durante los primeros veinte minutos de la etapa inicial el acertado trabajo antoniano, Guaraní empezó a arrimar peligro en el arco defendido por Angel Pedroso. El arquero pasó por algunas zozobras, pero no pudo impedir que Ezequiel Gaviglio, de cabeza, consiguiera la igualdad para su equipo.
Desde el vestuario, Juventud recibió el mensaje de mantener orden; especialmente en la zona media donde se descompensó en la última parte del primer tiempo. En este sector de la cancha se presentó la pelea por la posesión de la pelota; mientras que en la defensa salteña los movimientos para efectuar los relevos se coordinaban con mayor atención y, además, Pedroso mostró seguridad.
Cuando el santo lograba precisión ofensiva, Guaraní la pasaba mal. En un pase para Nicolás Aguirre, por derecha, el jugador levantó la cabeza y lanzó un centro que cayó justo para que Cristian Badaracco le gane a su marcador y elija la dirección para anotar el segundo tanto.
Parecía que se le venía la noche al dueño de casa. Pero en un tiro libre, Leandro Roldán le pegó a la barrera que había formado Pedroso, con tan poca fortuna para el santo que el balón descolocó al arquero y estableció el definitivo dos a dos.
Esa conquista le otorgó al conjunto misionero, quizás, un premio excesivo. En cambio, para Juventud, la igualdad dejó gusto a poco por la buena labor que realizó en gran parte del desarrollo del juego. Quedó en claro que el perfil de equipo portogonista que Iván Delfino busca consolidar va por buen camino.
Fuente: El Tribuno.




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