De la agonía al placer de la permanencia

festejo permanencia CruceroSe festejó como el ascenso al torneo Argentino A, en Mar del Plata, o quizás como el pasaje a la B Nacional, en Puerto Madryn, el año pasado. Pero el 1-0 frente a Olimpo de Bahía Blanca, el último sábado, se vivió como una hazaña en Santa Inés.
Después de vivir con la soga al cuello durante 15 fechas, en las que estuvo en zona de descenso, el equipo misionero logró su triunfo más importante en el fútbol nacional y con la victoria se aseguró un año más en la Primera B Nacional.
El objetivo “permanencia” establecido en el inicio de la temporada se fue empañando con el correr de los partidos. Tras ganar 15 puntos en las primeras ocho fechas, y pelearle la punta a Gimnasia (LP), la categoría la mostró los dientes al Colectivero. Los rivales encontraron los puntos débiles y le tomaron la mano. No hubo lugar para sorpresas y sumar de visitante se convertía en misión imposible.
Así y todo, los 26 puntos que consiguió en la primera mitad del torneo alcanzaban para estar fuera de la temida zona del descenso, esa que parecía tener como fija a Nueva Chicago y que buscaba un segundo acompañante.
Las tres derrotas consecutivas que llegaron con el comienzo de año le pusieron punto final al ciclo de Pedro Dechat. Y para sorpresa de todos el sucesor del técnico más ganador del club fue un nombre no tan conocido en el ambiente y con nula experiencia en la categoría. La apuesta resultó por demás arriesgada, pero Koropeski se dio el gusto de traer a casa al entrenador que más había hecho sufrir a Crucero en los diferentes clubes en el Argentino A.
Y el estreno de Iván Delfino, en la 23ª fecha, no pudo haber sido peor. Derrota en casa ante Almirante Brown e ingreso a la zona de descenso. Pasaron nueve fechas hasta que celebró su primer éxito en la categoría, en la 32ª fecha, frente a Merlo, el rival más directo en su lucha por evitar el descenso. Se la jugó por Ricardone y Barreña en el fondo, por Nievas Escobar como socio ideal de Marczuk, por el incisivo Enzo Bruno y, fundamentalmente, por el sediento Ernesto Álvarez, que venía pidiendo pista en cada entrenamiento.
Así como es cierto que dejó escapar varias oportunidades de zafar de la zona roja, resignando puntos increíbles, también es verdad que los rivales le dieron vida, sobre todo Deportivo Merlo. Su Crucero navegó 15 fechas en las oscuras aguas de la B Nacional, y recién con el último suspiro enderezó el barco y llegó a buen puerto.
Tras ese triunfo bisagra ante el Charro, el equipo sacó rédito de la localía y metió los restantes tres triunfos en serie, ante Boca Unidos, Banfield y Olimpo (siempre con goles clave del paraguayo). En las últimas tres fechas debía sacar al menos 7 de los 9 puntos en juego, cumplió a rajatabla y se aferró a la categoría con la última gota de sudor. No le sobró nada. Sólo un gol lo privó de volver a jugar el torneo Argentino A. Ahora será cuestión de disfrutar. Ya habrá tiempo para barajar y dar de nuevo.

Fuente: El Territorio.

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