El 30 de mayo de 2004 quedó en la memoria de varios amantes del fútbol en Misiones. Aquel día, Candelaria lograba un histórico ascenso al Argentino A con un plantel prácticamente sólo local.
Parte de ese equipo que conducían los hermanos Alberto y Miguel Ayala y que tenía a Luis Bruchón como entrenador y a Sergio Lotz como preparador físico, se juntaron el miércoles para recordar, asado mediante, buenas épocas. Germán Caffa, Dardo Romero, Horacio Galeano, Richard Núñez, Cristian Runque, Fernando Ortega, Diego Kosachek, Alejandro Chapay, Carlos Vicente, Paco Iturbe y Luis Defilippi dijeron presente.
Así lo reflejó El Territorio
Candelaria ubicó al fútbol misionero en un lugar importante. A pesar de su caída 1-0 ante Alumni, el elenco misionero ascendió al Argentino A. Para hoy preparan una caravana como bienvenida al plantel
VILLA MARÍA (CÓRDOBA). Vaya paradoja. De las dudas acerca de la participación en la competencia a este presente. Candelaria vive su hora más gloriosa y todo Misiones está de fiesta. No importa el resultado, sino que el grupo en la parada más importante respondió. Y el final fue tal como se había planeado: Candelaria está en el Argentino A. Por eso, las lágrimas, la alegría, la locura. Candelaria, hoy es clase A, y eso no se lo quita nadie.
Ayer, quizás, Alumni dejó escapar la posibilidad de ascender directamente, pese a imponerse por 1-0 a Candé, que festejó el pasaje a otro nivel defendiendo la diferencia lograda en Misiones, donde había ganado 2-0.
Los misioneros enmudecieron a la multitud que llenó el estadio Manuel Anselmo Ocampo (5.500 personas), con una propuesta tan mezquina como eficaz, tendiente a proteger una diferencia que había conseguido en su reducto.
Igualmente, apoyados en el orden táctico, Candé consiguió imponer su objetivo y festejar ante la desesperación de un Alumni que equivocó los caminos en su búsqueda del arco custodiado por Caffa, una de las figuras del encuentro.
Con actitud le alcanzó para ganar el primer tiempo, pero para marcar una diferencia de dos goles necesitaba juego en el complemento, etapa en la que no encontró las variantes adecuadas para vulnerar a un equipo que se dedicó a proteger su arco con disciplina táctica, no se desarmó jamás, y creó las mejores situaciones del partido.
De la misma manera que Alumni pudo haber logrado el segundo gol, la visita pudo haberlo empatado de contra, pero Barrera lo impidió. De la misma manera que Alumni protegió diferencias mínimas ante Sportivo y Concepción, lo hizo ayer Candelaria, que lo anesteció y le quitó el sueño con su misma medicina.
El que a hierro mata, a hierro muere, y aunque Alumni fue mínimamente superior, no le alcanzó para acabar con un rival que reconociendo sus limitaciones, le otorgó la responsabilidad de llevar el peso del partido.
Catalano no dudó ni un segundo en aceptar el reto, y su equipo buscó desde el inicio con una línea de 3 en el fondo (Theiler, López y Echevarría), 4 volantes (Amarilla, Guzmán, Vergara y Carassai), 1 enganche (Ceballe) y 2 puntas (Ferrer y Zorzenón).
La visita lo esperó con un prolijo 4-4-2, amparada en la solvencia de los centrales Giovenale y González (Fileppi y Runque marcaron los laterales), apoyados por un mediocampo muy retrasado, no otorgó espacios defensivos, aunque le brindó la pelota y el dominio territorial al local, que fue por el gol que conseguiría a los 33, a través de Zorzenón.
El propio Zorzenón dispuso de la primera situación clara a los 2, cuando recibió un largo envío de Echevarría, y tras ganar las espaldas de los centrales, definió a las manos de Caffa.
Con furia y sin claridad, Vergara empujó a un Alumni sumido en las imprecisiones. Achicó correctamente la defensa misionera, y con un par de posiciones adelantadas de Ferrer y Zorzenón, escapó al asedio del local, y a través de un tiro de esquina ejecutado por Romero, Melo fusiló con un frentazo a Barrera, que alcanzó a despejar a duras penas.
Así, penando por el 0-2 de Misiones que lo atormentaba, Alumni adelantó sus filas con marcada desesperación, y sin profundidad. El sistema táctico elegido por Catalano lo forzaba a instalarse en campo enemigo, donde las dos líneas de cuatro de la visita acababan con cada uno de los embates. Pudo pagar caro precio a su descompensado esquema, cuando a los 26, Avila capturó un pelotazo de Runque, encaró sin oposición, pero le entregó el balón a Barrera.
Alumni iba al frente, pero sufría en ataque y en defensa. Ceballe le otorgó más claridad a su obstinada búsqueda, pero no tuvo precisión en un remate que se fue junto al poste derecho. El volante generó la mejor jugada de la etapa al asistir a Carassai, quien envió el centro y Amarilla, sin demasiado ángulo, definió a la carrera, pero el palo izquierdo salvó a Caffa a los 31.
Fue el anuncio del gol, que llegaría a los 33, tras un centro de Ceballe que con un frentazo en el área, Zorzenón envió el balón a la red, contra el palo más alejado de Caffa (el izquierdo).
Estallido e ilusión de los villamarienses, que confiaron en un desenlace diferente, especialmente cuando Vergara peleó una pelota perdida, y su centro fue conectado con otro cabezazo de Zorzenón, pero esta vez por sobre el travesaño. La visita se animó a adelantarse en el final de la etapa y desnudó las falencias de Alumni. En tiempo de descuento, Melo falló otro mano a mano, y un centro de Avila cruzó toda el área, sin que nadie puediera capitalizarlo.
Alumni encaró con decisión el complemento, y Caffa se quedó con un remate de Ceballe, tras doble pared con Amarilla, quien fue excluido un minuto después, pese a que era la llave que había encontrado Alumni para abrir el cerrojo rival. El ingreso de Andrada no aportó claridad ni conducción, ya que la pelota no pasó por el talentoso volante, que confundido recibió luego la orden de jugar como carrilero, cuando Catalano apostó a Bulgra por Carassai, después de que Melo dilapidara otro mano a mano al cederle el balón a Barrera.
Con un 3-3-1-3 muy desordenado, Alumni entregó el resto al borde de un ataque de nervios, y apostando al triunfo sin saber buscarlo, a las patadas y por arriba, con gente capacitada para hacerlo por abajo. Los pelotazos frontales se repetían, y con ellos algunos remates sin riesgo para Caffa, que no falló nunca en los centros que llovían.
Bien abroquelado, Candelaria dispuso de las mejores situaciones de la etapa. En el fútbol, ir no es sinónimo de llegar, y ni buscar de encontrar. Catalano apostó a todo su arsenal ofensivo, pero Alumni optó por guapear, y se repitió en pelotazos aéreos y frontales, fácilmente respondidos por Giovenale y compañía.
Ni el tiro del final de Bulgra (besó el parante izquierdo) le otorgó el milagro, que el humilde Candelaria concretó en Plaza Ocampo. Alumni lo buscó a las patadas, y como el que a hierro mata a hierro muere, recibió una patada misionera en el corazón.
Fuente: El Territorio.









Comentarios recientes