
15 años después, en Posadas. Riquelme, marcado por Mauro Gómez, vino a Misiones con Boca en 1999. Fue bien absorbido por la marca y no pudo desplegar su juego en Villa Sarita (Foto El Territorio)
El de la pelota al piso y la gambeta. Riquelme no tuvo un buen arranque. Fue impreciso en las pocas chances que tuvo de tomar contacto con la pelota, en parte porque sus compañeros prefirieron aprovechar las bandas para desplegar el juego, pero además tuvieron que ver, y mucho, las marcas que el Chaucha Bianco dispuso para con el ex Boca. Zbrum fue el que primero se hizo cargo de seguir al 10, pero cuando tuvo que soltarlo aparecieron Albarracín y Young.
Recién a los 26′ de la primera parte Riquelme se encontró con Basualdo, uno de sus mejores compañeros dentro de la cancha, pero la jugada se diluyó. Como no tenía la pelota en su poder y como Argentinos se dedicó en la primera etapa a no jugar por el medio, el 10 dio varias indicaciones a sus compañeros. Para que salgan y para que se acerquen para tocar también.
En el complemento se notó el cansancio de la cancha pesada y también de la lesión que arrastra Riquelme, que se mantuvo la mayor parte de la segunda etapa estático. Sin embargo, cada vez que el mediocampista apareció fue un alivio para los de Borghi. Les dio tranquilidad y ordenó el ataque. De nada le sirvió a Riquelme la libertad que tuvo después de los 38 minutos, cuando se fue expulsado Zbrum –una de las marcas del 10-.
El ex Boca sólo se hizo cargo de un par de córners durante el partido y de algunas pelotas cercanas al arco que defendió De Olivera, pero tampoco pudo sacar provecho en ese aspecto.
Riquelme se fue del estadio como llegó: con aplausos. Está claro que fueron más por la idolatría de muchos hinchas que por lo que el 10 pudo demostrar dentro de la cancha.
Fuente: Emiliano Andreoli, El Territorio.




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