Perder para ganar

Trío batallador. Yonatan, Darío y Matías buscarán demostrar lo aprendido en este año. Los tres están acompañados por Osvaldo, el padre del boxeador de San José (Foto El Territorio)

Trío batallador. Yonatan, Darío y Matías buscarán demostrar lo aprendido en este año. Los tres están acompañados por Osvaldo, el padre del boxeador de San José (Foto El Territorio)

Darío De Olivera, Matías Núñez y Yonatan Galeano son tres boxeadores misioneros que hicieron un gran sacrificio junto a sus familias para estar hoy representando a Misiones en los Juegos Evita.
Generalmente la vida de los boxeadores está marcada por una infancia complicada. Muchos de los grandes pugilistas argentinos que quedaron en la historia grande de este deporte supieron enfrentar y superar las adversidades que se les presentaron desde los primeros años de vida para llegar a la gloria.
La falta de recursos económicos, la ausencia de educación, de afecto y de apoyo por parte de las familias o el Estado, son algunos de los inconvenientes contra los cuales tienen que luchar cada día esta raza de deportistas que golpe a golpe se va abriendo camino hacia un futuro mejor.

Si bien es cierto que no en todos los casos esta historia se repite, también hay que reconocer que la mayoría de las veces es así. Con un claro ejemplo de este análisis se encontró El Territorio en los Juegos Evita. Darío De Olivera, Matías Núñez y Yonatan Galeano son tres jóvenes boxeadores misioneros que se encuentran participando desde ayer en el Cenard y que están unidos por algo más que su amor y compromiso por el boxeo.
Los tres tuvieron que esforzarse y sacrificarse para llegar a una competencia tan importante como los Evita, dejando de lado muchas cosas que cualquier chico de su edad las vive como algo normal. Darío, Matías y Yonatan pusieron el sentido de su vida en otro lado.
Ellos viven pensando en el boxeo, en estar bien entrenados para cumplir arriba del ring y para el día de mañana poder vivir de este deporte. Sin embargo, los tres saben y reconocen que cumplir con dicho objetivo no les resultará para nada sencillo, pero tienen la voluntad y la constancia como para al menos intentarlo. “Estoy orgulloso de representar a Misiones y voy a tratar de dejar todo por mi provincia”, abrió la charla Darío de Olivera.
“Más allá de los resultados que consiga, trato de tomar esto como una experiencia para seguir en el boxeo”, agregó el joven de 16 años que hace seis meses se puso a practicar box y que viajó por primera vez a la Capital junto a su padre Osvaldo, un gomero de San José que todos los días le paga el pasaje a su hijo para que vaya a entrenar hasta Apóstoles.
“Entreno dos horas por día, de lunes a viernes. A mí siempre me gustó este deporte y un día vi por internet una página de boxeo que queda en Apóstoles y comencé a viajar. Mi papá me ayuda con la plata para los viajes”, contó orgulloso Darío ante la atenta mirada de su padre, quien agregó, visiblemente emocionado, que “es un sacrificio que hago para el futuro de él. Está dentro de mis posibilidades y es un deporte que a mí siempre me gustó cuando era chico, pero que nunca tuve la posibilidad de practicarlo. Ojalá que él pueda avanzar como boxeador”.

Cataratas de sacrificios
Matías y Yonatan son oriundos de Puerto Iguazú y ambos tienen 16 años. Al igual que Darío, es la primera vez que ambos pisan Buenos Aires y esta experiencia no la pasan por alto.
“Me gusta la ciudad, me llamó la atención lo grande que es todo. Comemos muy bien porque vamos a un tenedor libre”, fue lo primero que resaltó Matías, hijo de una ama de casa y de un empleado que trabaja en una fábrica de harina.
Por su parte, Yonatan, cuyo padre es un ex boxeador que se gana la vida como albañil, remarcó que él “nunca había estado en Buenos Aires. La ciudad, los hoteles, todo es muy lindo, me siento muy bien”.
Pero esta oportunidad de conocer la Capital, de competir en el Cenard o de alojarse en hoteles, que para su situación económica serían inalcanzables, no les llegó de la nada. Ellos se sacrificaron. Mucho. Se pusieron un objetivo y lo lograron, dando, a pesar de su corta edad, una clara muestra de que por más difícil que sea el camino, con esfuerzo y constancia todo se puede conseguir.
“Hace un año que estoy entrenando duro para este evento. Entrenamos de lunes a sábados. Salgo a correr 20 kilómetros por día a las 5 de la mañana. En el boxeo es fundamental estar bien físicamente y por eso salgo a correr para no quedarme sin aire y sin piernas en las peleas”, contó Matías con absoluta naturalidad.
Y se encargó de aclarar que para llevar a este tipo de vida tuvo que dejar muchas cosas de lado, como salir a bailar con amigos, beber alcohol o simplemente quedarse hasta tarde sin hacer nada, como lo hacen muchos adolescentes.
En el mismo sentido se expresó Yonatan, quien este año tendrá una especie de revancha, ya que estuvo en Mar del Plata en la edición de 2013, pero perdió en las dos presentaciones que tuvo.
“El año pasado estuve en Mar del Plata y no me fue bien, por eso me preparé mejor para este año. Yo no salgo a bailar ni nada. Tengo amigos que todos los domingos se la pasan tomando en la esquina de mi casa, pero yo no tomo alcohol porque priorizo el deporte”, aseguró Yonatan.
Para finalizar, los tres coincidieron en que además del boxeo para ellos es muy importante seguir estudiando como lo hacen. Todos están cursando sus estudios en la secundaria y reconocieron que “lo del boxeo no es nada seguro, por eso queremos recibirnos, para contar con las herramientas necesarias si el día de mañana queremos seguir una carrera”.

Fuente: Facundo Álzaga, El Territorio.

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