El sueño marcha sobre ruedas

Alan RiosComo reza la frase “la tercera es la vencida”, a Alan Ríos (15) su tercera participación en la instancia final de los Juegos Evita le trajo una grata noticia, por lo que siente que su esfuerzo tuvo su recompensa.
Es que el campeón de San Vicente logró cumplir uno de sus sueños y su camino en la prueba de los 80 metros de atletismo lo tendrá en una silla de ruedas competitiva gracias al corazón grande de seres que se cruzaron en su camino.
Alan, quien ayer llegó a esta ciudad junto al resto de la delegación misionera, percibe sensaciones diferentes. “Hoy tengo la silla, y si bien no tuve mucho tiempo de entrenar con ella, trataré de hacer lo mejor que pueda”, destacó el misionero que el año pasado fue uno de los agraciados nominados al “Misionero del año” por los lectores del diario El Territorio.
Pero todo final, en este caso feliz, tiene un comienzo. Y la silla de ruedas con la que competirá tiene una historia de cadenas de favores.

Es que el triciclo, sillas especiales para competencias de atletismo, fue creado por Daniel Prieto, profesor de Educación Física de Jardín América y también responsable del área de deportes de la Municipalidad, quien junto a un grupo de colaboradores ideó y llevó adelante esta silla justamente destinada a atletas con discapacidad de esa localidad.
Y, como este año no estaba en los planes que ningún atleta la use, Prieto se comunicó con el entrenador de Alan Ríos, Javier Espíndola, y le ofreció prestársela a Alan luego de enterarse que el atleta sería el único misionero que competirá en silla de ruedas en la instancia final de los Juegos Evita 2014, que ayer fueron oficialmente inaugurados (ver aparte).
“La semana pasada fuimos a buscar el triciclo, junto a Sergio Nolasco, que apoyó la causa y puso la camioneta; y el doctor Peñalva donó los vales de nafta. Y la trajimos a San Vicente pero estaba rota la dirección, así que la mandé a arreglar”, detalló Espíndola.
El profesor buscó un chapista y dio con uno en la zona, reconocido como el Brasileño. “Cuando fui a buscar la silla me preguntó para qué era, le conté que era para un atleta con discapacidad y se negó a que le pagara, insistí en el pago pero no quiso y me dijo que así él iba a colaborar con la causa”, explicó el profesor. “Los que menos tienen siempre son los que más desinteresadamente colaboran”, valoró.
El año pasado, el carismático Alan logró la medalla de oro en lanzamiento de bala y debido a su silla fue cuarto en la prueba de los 80 metros.
Tras la carrera, el optimista atleta tuvo unos primeros minutos de silencio, pero luego, con el aliento de sus pares y consciente de que el podio es solamente una anécdota, dijo que “los otros chicos tienen una Ferrari al lado de mi silla”.
Pero este año, resultado anecdótico de por medio, la actitud de Alan será diferente; no ante la vida, porque siempre se muestra como un campeón afrontando con entereza sus actividades diarias, naturalizando su condición y hasta riéndose de sí, sino ante una circunstancia de sentirse en las mismas condiciones que sus contrincantes.
“No puedo negar que tengo miedo a saber cómo me voy a adaptar en la pista (risas), es que por el temporal que hubo en San Vicente, que gracias a Dios no afectó a nuestra casa, sólo pude probar el viernes, pero igual estoy contento, le voy ‘agarrando la mano’ a la silla que es mucho más liviana y rápida”.
Por su parte, su entrenador Espíndola acotó que “gente como las que nos ayudaron en esta oportunidad necesitamos para mejorar San Vicente, sobre todo para la vida de los discapacitados, porque también existen las otras personas que, a pesar de saber que desde hace más de cuatro años trabajamos gratis y de forma desinteresada, no tienen la delicadeza ni siquiera de mandar un mensaje preguntando si necesitamos algo; aun sabiendo los resultados obtenidos en estos últimos años. A pesar de eso nada es más gratificante que dar sin esperar nada a cambio”.
Junto a Alan y su entrenador Espíndola también viajó el atleta Diego Soma, que con sus 18 años afrontará su último año en los Juegos Evita, que lo supieron ver campeón con excelentes marcas, como las del año pasado en salto en largo y un segundo puesto en los 80 metros llanos.
“Haber conseguido sólo el subcampeonato fue, estoy seguro, por no tener zapatillas con clavos; yo conseguí una prestada y claro que no es lo mismo, porque nunca practicó y no se animó a correr en la pista; cuánto puede costarle a los interesados en que el deporte crezca una zapatillas de esas, nada… en ese aspecto seguimos sumergidos en la ignorancia en cuanto a la parte de discapacidad, sin ayuda alguna”, señaló Espíndola.
Esta seguramente será una de las tantas historias de los más de 30 atletas discapacitados que representarán a Misiones en los Juegos Evita y que año tras año son piezas fundamentales en el medallero. Pero más importante aún, piezas ejemplares para la sociedad, espejos para los niños y adultos para que el “sí se puede” sea el estandarte de una sociedad más sana y justa.

Fuente: El Territorio.

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