Una vergüenza nacional

AbibDías atrás, en la capital correntina, sucedió un hecho deleznable. Vergonzoso. Inaudito e insólito que puso al fútbol de esa ciudad y a Corrientes todo en los primeros planos informativos del fin de semana.
Ocupó los principales lugares de toda la prensa, junto con los hechos y consecuencias políticos, los temas económicos, las especulaciones políticas, crímenes y así por el estilo.
Ligado a esto estuvo el llamado club Textil Mandiyú, nombre este segundo que se mantiene en la cúspide por aquel Mandiyú (Deportivo), conducido durante años por el señor Eduardo Seferián.
En Buenos Aires y otros lugares no se distingue eso de Textil y Deportivo. Lo que ocupa un lugar de respeto es la palabra Mandiyú, vocablo que en guaraní significa “algodón”, de cuyos capullos se prendieron muchos y otros confían porque se confunden. Porque no logran separar las aguas.

Lo sucedido, que tuvo como víctimas a los futbolistas de Textil no tiene nombre. Fueron agredidos en sus propios domicilios con el propósito de recuperar documentación referida al pago de haberes, según dijo el presidente de la entidad, Jorge Abib, ex legislador provincial y con ascendencia política años atrás de aquel candidato a gobernador, Alberto Di Filippo.
Algún día, quizás, se sepa con exactitud qué es lo que sucedió o a qué respondieron esos desmanes de lo cual fueron partícipes decenas de presuntos seguidores del club, que responden indisimuladamente al presidente de la entidad en cuestión.
Violencia física y verbal subida de tono caracterizaron ese movimiento suscitado en un edificio lindero con la costanera Sur, según se dice, propiedad del presidente del club donde se alojan jugadores y cuerpo técnico.
Se escucharon “mil” explicaciones. Se conoció que hubo una denuncia policial por parte de uno de los futbolistas agredidos. Otros se “esfumaron” ante el peligro, dado que hubo quienes no zafaron de golpes y otras agresiones e incluso robo de pertenencias personales.
Un triste episodio policial en torno al vapuleado fútbol. Lo dijimos en varias ocasiones en esta columna que esta categoría del fútbol argentino no tiene ningún respaldo. Los futbolistas son parías, algunos incluso juegan sin contrato, lo cual los aleja más de una actividad institucionalizada pero insuficiente en su organización pese a la ayuda del Gobierno con dinero de todos los argentinos. Deficiencia que alcanza al gremio Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA).
Un tema delicado que demanda muchos esfuerzos y dinero. Con estas características, todo lo que se hace es inapropiado aunque haya alguien que salga ganador, si así se puede indicar a quien se alza con algún dinero.
El fútbol, actividad que tiene la máxima atracción en el país (y en el mundo), no se puede manejar de esta manera. No se debe, por lo cual, cabe esperar que si algún día hay cambios en la AFA, entidad que promovió este tipo de torneos con esas características de liviandad, se corrija.
Lo sucedido entre Abib y los futbolistas, es un primitivismo salvaje que debe ser desterrado.

Fuente: El Litoral.

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