Cravero dijo hasta aquí llegué y dejó Textil Mandiyú

Daniel Cravero1Agotado por los malos resultados y problemas extra deportivos, el “Chango” Cravero renunció a su cargo de director técnico. El viernes, tras perder en Concepción del Uruguay, el plantel se quedó en la calle y por algunas horas sin medio de transporte para retornar a Corrientes.
Textil Mandiyú perdió el viernes 1 a 0 en su visita a Gimnasia y Esgrima en Concepción del Uruguay y cerró la primera rueda de la zona 3 en el último lugar de la tabla de posiciones y sin conocer la victoria aún en la actual temporada del torneo Federal A de fútbol. Por si esto fuera poco una serie de desprolijidades condujeron a la renuncia del entrenador Daniel Cravero.
Nuevamente al “Algodonero” le tocó atravesar una situación desagradable, dado que los integrantes de la comitiva del club quedaron varados y sin hospedaje en las últimas horas de su estadía en Concepción del Uruguay.
El viernes fueron desalojados a las 16 del hotel donde se hospedaban, debiendo esperar en el lobby del mismo hasta el momento de trasladarse al estadio Hermanos Núñez. La espera fue larga, tediosa e incómoda dado que el partido se jugaba a las 21. Este suceso, que sumado a otros que les tocó atravesar en su breve lapso como entrenador, desencadenó la renuncia de Cravero.

Luego vino la derrota ante el elenco entrerriano como coronación de una primera rueda de amarguras. Lo que ocurrió después fue lo peor. El plantel tenía previsto retornar una vez finalizado el partido, pero el micro de la empresa que debía trasladarlos de regreso a Corrientes no estuvo presente.
La comitiva “Algodonera” ya sin hospedaje quedó abandonada a su suerte. Afortunadamente, y gracias a la gentileza de los dirigentes del club Gimnasia y Esgrima quienes les ofrecieron a la delegación correntina pernoctar en la sede de la entidad, pudieron paliar esta difícil situación.
Finalmente, un nuevo micro de la empresa que los transporta en cada viaje fuera de Corrientes llegó a las 3.30 ya del sábado a Concepción del Uruguay y recién a esa hora pudieron emprender el regreso.
Esto provocó un enojo total de los jugadores y del cuerpo técnico por la gigantesca desprolijidad de parte de la directiva del club. La dirigencia encabezada por Jorge Abib se excusó afirmando que hubo un incumplimiento por parte de la empresa de transporte (la versión de los transportistas es totalmente opuesta), aunque para la falta de hospedaje y del abandono de la comitiva “Textil” no hubo excusa posible.
En medio de esta conflictiva actualidad Textil Mandiyú recibirá el miércoles a Chaco For Ever en el estadio de Huracán Corrientes y se especula que en las próximas horas asumirá un nuevo director técnico. Sí, al final, la vida sigue igual…

Yo no fui, fue aquel
(Re­al­men­te no re­cuer­do qué ca­pí­tu­lo de la za­ga “Yo no fui, fue aquel” es és­te, só­lo pue­do de­cir que el que a con­ti­nua­ción pa­so a con­tar es la úl­ti­ma ver­sión).
La his­to­ria se vuel­ve a tra­tar del “hom­bre bue­no” al que lo quie­ren ha­cer apa­re­cer co­mo ma­lo, pe­ro él es bue­no, él no es cul­pa­ble ni res­pon­sa­ble de to­do lo que su­ce­de en su de­rre­dor.
A él lo mal juz­gan y lo acu­san de co­sas que él no hi­zo, que fue el otro (lo que no sa­be­mos es si hay otro yo que es­tá den­tro del mis­mo yo, no sé si se en­tien­de).
Pe­ro él no es el ma­lo de la pe­lí­cu­la, a él lo quie­ren ha­cer apa­re­cer así, pe­ro no lo es, él es el “hom­bre bue­no”, de eso se tra­ta es­ta nue­va za­ga del “Yo no fui, fue aquel”.
Trans­cu­rrí­an los pri­me­ros dí­as del mes de di­ciem­bre de 2014 cuan­do la ciu­dad de Co­rrien­tes pa­só a ser no­ti­cia en los me­dios na­cio­na­les que da­ban cuen­ta de que el pre­si­den­te de un club, acom­pa­ña­do de una pa­to­ta, “co­rrió” a ju­ga­do­res y cuer­po téc­ni­co de una ins­ti­tu­ción. To­dos se hi­cie­ron eco de lo su­ce­di­do por­que los mis­mos ju­ga­do­res fue­ron los que de­nun­cia­ron tal su­ce­so, que lue­go fue con­fir­ma­do por el mis­mo pre­si­den­te de ese club, ar­gu­men­tan­do que su ac­tua­ción se de­bió “a que es­tos se­ño­res me vi­nie­ron a ro­bar mi pla­ta. Es­tos se­ño­res con ‘Ca­chín’ Blan­co a la ca­be­za me ro­ba­ron no só­lo pla­ta si­no tam­bién mi ilu­sión, por­que yo que­ría es­tar ju­gan­do en la B Na­cio­nal. Es­te se­ñor (por “Ca­chín”) vi­no a Co­rrien­tes con esa ban­da de de­lin­cuen­tes ele­gi­dos por él”.
“Yo no fui, fue aquel”, quien me hi­zo ha­cer mal las co­sas y por eso es­ta­mos co­mo es­ta­mos.
Lue­go de es­to, y con las aguas un tan­to más cal­mas se co­men­zó a mi­rar en el 2015, en el nue­vo tor­neo que ve­ní­a, aun­que sin mu­chas pre­ci­sio­nes so­bre có­mo se­ría el mis­mo.
En­ton­ces lo pri­me­ro fue ha­blar de quién se­ría el en­tre­na­dor de ese equi­po. “Mi­rá, es­tu­ve ha­blan­do con ‘Pi­ti’ Mu­rúa y quie­re ve­nir él co­mo ma­na­ger y que Da­río Tem­pes­ta sea el téc­ni­co, no sé voy a ver, no me quie­ro apre­su­rar, lo voy a pen­sar bien, que no me su­ce­da lo mis­mo que me pa­só con los la­dro­nes que es­tu­vie­ron an­tes”.
Me­dia­do de ene­ro de es­te año, “ya es­ta­mos tra­ba­jan­do con el nue­vo téc­ni­co y eli­gien­do bien los ju­ga­do­res que van a ve­nir. Quie­ro gen­te jo­ven con ham­bre de glo­ria y que se­an de la zo­na. Pa­ra fi­nes de ene­ro te­ne­mos que te­ner ar­ma­do el equi­po pa­ra co­men­zar a tra­ba­jar los pri­me­ros dí­as de fe­bre­ro”.
Pri­me­ros dí­as de fe­bre­ro, “hay al­gu­na no­ve­dad del téc­ni­co, se sa­be cuán­do vie­ne Mu­rú­a” (por­que ya Tem­pes­ta ha­bía arre­gla­do pa­ra ha­cer­se car­go de San Mar­tín de Tu­cu­mán).
“No sé, no me cie­rra lo de es­te mu­cha­cho Mu­rúa por­que él tie­ne un con­tra­to allá con el club en el que es­tá y re­cién se va a li­be­rar a fi­nes de fe­bre­ro, y pa­ra mí ya es tar­de por­que yo quie­ro que el plan­tel co­mien­ce a tra­ba­jar cuan­to an­tes”.
En­ton­ces, si no vie­ne Mu­rú­a, ¿quién? Pue­de ser Da­niel Cra­ve­ro, “no hay que apu­rar­se, hay tiem­po, to­da­vía no se sa­be ni cuán­do co­mien­za el tor­neo y ju­ga­do­res son los que so­bran”.
Si no vie­ne Mu­rú­a, quién pue­de ser el téc­ni­co de Man­di­yú, era la pre­gun­ta en ese mo­men­to. Has­ta que un dí­a, en­tre ga­llos y me­dia­no­che, Mu­rúa lle­gó a Co­rrien­tes. “A­hí te­nés el téc­ni­co que vos que­rí­as”, no sa­bía es­te pe­rio­dis­ta que po­día in­ter­ce­der en la de­ci­sión de un di­ri­gen­te pa­ra con­tra­tar a un téc­ni­co, sim­ple­men­te al­gu­na vez co­men­ta­mos que pa­re­cía un hom­bre se­rio en su tra­ba­jo.
“Yo no fui, fue aquel”, tu­vo otro ca­pí­tu­lo más en me­dio de la lle­ga­da del nue­vo en­tre­na­dor, y fue la ida de Al­do Arau­jo, la pre­cia­da “jo­yi­ta” de Man­di­yú a Ta­lle­res de Cór­do­ba. Pe­ro no fue un pa­se más, se dio en me­dio de una si­tua­ción que al día de hoy no es­tá cla­ra por­que, se­gún es­te “buen hom­bre”, él no fir­mó nin­gu­na trans­fe­ren­cia, y quien lo hi­zo no tie­ne re­pre­sen­ta­ción co­mo pa­ra ha­cer­lo.
Pe­ro lo con­cre­to es que Arau­jo lle­gó a Cór­do­ba co­mo ju­ga­dor li­bre, y por más in­sul­tos, ta­les co­mo “es­tos sin­ver­güen­zas, nar­co­tra­fi­can­tes, no me van a ro­bar un ju­ga­dor. Si lo quie­ren que ven­gan y ha­blen con­mi­go. Las co­sas se tie­nen que ha­cer co­mo co­rres­pon­de, no co­mo lo quie­ren ha­cer es­tos nar­cos que es­tán acos­tum­bra­dos a mo­ver­se de esa ma­ne­ra”, fue­ron al­gu­nas de las co­sas que se es­cu­cha­ron en esos dí­as.
Lo con­cre­to es que Man­di­yú cuan­do in­ten­ta­ba ar­mar­se se de­sar­ma­ba, los ju­ga­do­res “e­le­gi­dos por el téc­ni­co (o sea Mu­rú­a) son los que vi­nie­ron y él mis­mo a mu­chos se en­car­gó de echar­los. Yo só­lo tra­je a Re­ta­mar, Arrio­la, Ga­lar­za y un par más, el res­to vi­no con el téc­ni­co”, de­cía una y otra vez, cuan­do el mis­mo en­tre­na­dor por otra par­te ma­ni­fes­ta­ba que con él só­lo lle­ga­ron Fer­nan­do Cas­tro y Mau­ri­cio Ho­yos.
Lo de Mu­rúa vol­vió a du­rar po­co, a las po­cas ho­ras de que el mis­mo téc­ni­co ex­pre­sa­ba que se sen­tía en con­di­cio­nes de re­ver­tir la si­tua­ción, la di­ri­gen­cia de Man­di­yú de­ci­día po­ner­le fin a su pa­so por Co­rrien­tes y co­men­zar a ha­blar con su re­em­pla­zan­te, que fue otro co­no­ci­do de la ca­sa co­mo Da­niel Cra­ve­ro, que muy con­fia­do to­mó la pos­ta, pe­ro al po­co tiem­po se dio cuen­ta que es­ta vez las co­sas no eran co­mo ha­bí­an si­do en sus ci­clos an­te­rio­res, que no te­nía un plan­tel acor­de a la ca­te­go­ría y que ade­más los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos es­ta­ban a la or­den del dí­a.
Y así co­mo lle­gó Cra­ve­ro, en me­dio de cues­tio­na­mien­tos por par­te de al­gu­nos alle­ga­dos a la ins­ti­tu­ción, una no­che, allá en Con­cep­ción del Uru­guay, de­ci­dió an­tes de que se jue­gue el par­ti­do fren­te a Gim­na­sia que su ci­clo es­ta­ba ter­mi­na­do, que fue­se cual fue­se el re­sul­ta­do él se iba, y así fue.
En­ton­ces, es­te “hom­bre bue­no”, que no es res­pon­sa­ble de los ma­les que aque­jan a Man­di­yú, vol­vió a que­dar so­lo, di­cien­do “yo no fui, fue aquel”, el cul­pa­ble de to­dos es­tos ma­les.
(Cual­quier se­me­jan­za con la re­a­li­dad, es pu­ra coin­ci­den­cia).

Fuente: El Litoral y Luis Rei­nal­do Gó­mez, diario Época.

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