
Gustavo Gotti no puede creer. Sobre la hora, su chilena pegó en el travesaño. (Foto: Sergio Cejas, Mundo D)
El equipo albirrojo fue dueño de la pelota, la iniciativa y del territorio desde el comienzo del partido, pero la falta de un socio para su figura más incisiva, Mateo García, frenó su generación de juego ofensivo y las situaciones de peligro pasaron entonces por las apariciones de Bauman, otra de las figuras del equipo, sobre el arco de Cosentino.
Guaraní simplemente se limitó a aguantar y ver si salía “algo” de contra. Así las cosas, Instituto sólo llegó con peligro tres veces sobre Cosentino: un ingreso por sorpresa de Bauman que mandó la pelota por sobre el travesaño, un cabezazo del mismo Bauman en una pelota parada que generó la mejor atajada de la noche del arquero visitante y un ingreso de Machín por derecha que pateó de volea pero sin ángulo.
El segundo tiempo marcaría un aumento inicial de la presión por parte de la Gloria. La idea de poner a los misioneros contra el arco parecía que era la fórmula elegida para quebrar la resistencia visitante.
Sin embargo, Guaraní se las arregló para aguantar pese a que por momentos daba la impresión de que sus muralla colapsaban. Por contrapartida sus contragolpes se volvían cada vez más amenazantes. Fue así que a los 22 llegó el momento fatal. Leyes lanzó un cambio de frente para Leguizamón, el delantero sacó un centro y Schmidt en un intento por despejar terminó mandando la pelota adentro.
El gol fue un golpe durísimo sobre el ánimo del Albirrojo, que ingresó en el plano de la desorganización del cual ya no saldría. Y la suerte, también jugó en contra en el último minuto, cuando Gotti se encontró con una pelota frente a los palos y su remate dio en el travesaño.
Instituto jugó mal pero no mereció perder, y Guaraní festejó un impensado regalo del fútbol.
Fuente: Mundo D.




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