Lejos de encerrarse en lo traumático que resultó a un niño de cuatro años ser amputado de una pierna, tras la picadura de una yarará, Jonathan le ve el lado positivo a esa parte de su vida y resalta que “tal vez sino me pasaba eso hoy no estaría viviendo esto tan lindo”.
“Sería difícil pensar cuál sería mi realidad hoy. Le decía eso a mi entrenador el otro día que tal vez esa yarará cambió sólo el rumbo de mi vida por algo y el atletismo me abrió muchas puertas”.
La vida de Jonhy fue como la de cualquier niño hasta los 4 años. En una tarde fatídica pasó lo impensado. “Estaba jugando en una zanja, sin darme cuenta corrí unas hojas y de abajo me saltó una víbora y me mordió la pierna”, comentó.
Jonathan fue trasladado al hospital de la zona. Allí los médicos analizaron la hinchazón y determinaron que se trataba de una picadura de yarará, quizás el ofidio más temido de la Argentina.
Pasaron horas, días y meses de internación, pero el veneno seguía con su paso demoledor. Finalmente la primera batalla estaba perdida… Los médicos le comunicaron que tenían que amputarle la pierna. “Siempre tuve el apoyo de todos, aunque en los primeros años me costó mucho adaptarme”, dijo.
En la primaria y parte de la secundaria, Jonathan siguió su curso con el aliento de sus más allegados pero con la conciencia algo intranquila por la indiferencia.
“Un día todo cambió, me di cuenta que no podía estar así, decidí mirar para adelante”, recordó y los estímulos comenzaron a llegar y qué mejor que el deporte para levantar la autoestima.
Fue así que desde los 15 años con su debut en los Juegos Evita, primero en natación, nunca más dejó el deporte y luego, al ver sus condiciones en atletismo, se inclinó hace tres años hacia el salto en alto decisión más que acertada ya que ahora cumplirá el sueño máximo de estar los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro.
Fuente: Roxana Ramírez, Enviada especial El Territorio.




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