La Franja cortó una racha que ya era preocupante

El abrazo emocionado del «Tomatito» Pena con cada uno de los jugadores que pusieron el corazón para romper la inédita racha adversa, fue el final de un encuentro que pudo haber significado el alejamiento del técnico, según el plazo que él mismo se puso después de la derrota frente a Juventud Antoniana.
Fue el final de un encuentro de alto voltaje emocional, en el que Guaraní que llegaba con el golpe anímico que significaban cinco derrotas consecutivas (y varios lesionados que no pudieron integrar el equipo), bancaron al técnico «poniendo en la cancha todo lo que hay que poner», para que el entrenador que, entre sus antecedentes más cercanos, tuvo la virtud de salvar a la franja del descenso en los memorables partidos del primer semestre de este año.

Después de esta introducción que corresponde, por que incluso ya se barajaban nombres de los posibles reemplazantes en el conducción del equipo, se puede afirmar que Guaraní sacó a relucir su estirpe de equipo luchador, en el que incluso el corazón superó al cansancio o al agotamiento físico y de esa forma llegó a protagonizar un ida y vuelta que llevó incertidumbre hasta los minutos finales del intenso partido.
Antes del gol de Pablo Ostrowski habo remates en los palos de ambos arcos, uno de ellos un zurzado potentísimo de Elian Kopp y en el otro un disparo de Morales que el «Monito» Navarro Montoya (la figura de la franja) desvió con notable esfuerzo y se estrelló en el travesaño.
Con ese caudal emocional, con esa dinámica, con Darío Cardozo en su mejor partido (como para demostrar que puede ser tendido en cuenta más seguido), con los centrales Pereira y Brizuela, sacando todo lo que llegaba al área por elevación, se llegó a los 39 minutos de la etapa final.
Un tiro libre de un extenuado «Caito» Fileppi al corazón del área, fue rechazado parcialmente por Mazzón, volvió un jugador de Guaraní a enviarlo hacia el arco y ahí, muy cerca de uno de los postes, la pelota quedó boyando, nadie lograba sacarlo, parecía que nadie tampoco lograría empujarlo, pero apareció el delantero de punta (el nueve de área), el hombre de la casa (que se fue y volvió) era Pablo Ostrowski para impulsarlo a la red con el arco desguarnecido. Guaraní ganaba muy cerca del final. Era noticia, claro.
Después Guaraní, con gran amor propio, aguantó a pie firme los minutos finales. Después de tantos sinsabores, ese gol le dio la primera victoria. Festejo emocionado de titulares, suplentes y cuerpo técnico. Se rompió el maleficio. Ganó Guaraní. Siempre hay una primera vez.
Ahora viene For Ever, el jueves, para protagonizar el añejo clásico del nordeste.

Fuente: Rubén Ayala Ferreira, prensa club Guaraní.

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