Nuevamente un inadaptado, delincuente del fútbol, provoca la suspensión de un partido. Fue a los 33 minutos cuando una bomba de estruendo cayó en el área del arquero Matias Cano. Pasaron varios minutos, el arquero se repuso y parecía que se reiniciaba. Pero desde el banco Héctor Rivoira envió el mensaje que si no estaba bien que no siga, y el arquero del Colectivero volvió atrás con su decisión.
Los dirigentes albinegros explotaron. Hubo discusiones, a la salida del plantel misionero nuestros cronistas lograron entrevistar a Cano y este dijo “estoy preocupado, siento un zumbido en mi oído”.
Define el Tribunal de Penas, pero por los últimos antecedentes en el certamen, se jugarían los minutos restantes a puertas cerradas, podría caberle una multa al club albinegro y a partir de ahora podría jugar sólo con socios lo que resta del torneo.
La policía también es responsable, ¿cómo pasó una bomba de estruendo cuando a los periodistas nos controlan los bolsos y hacen cada jornada imposible nuestro ingreso al estadio?
Si bien se jugaron 33 minutos y ambos equipos mostraron claras intenciones de jugar y quedarse con el premio mayor de la noche. La nota la dio un delincuente, un tipo que arruinó una noche donde la mayoría de los hinchas albinegros estaban ilusionados con el triunfo y seguir subiendo en la tabla. Pero no, este violento arrojó una bomba de estruendo que cayó en el área de Cano y este se desplomó. Inmediatamente el juez paró el partido para atenderlo. El médico de Crucero del Norte y sus compañeros se acercaron, también los de For Ever. Pasaron varios minutos, Cano se puso de pié, pidió agua para tomar y refrescarse. En ese momento el juez Rivero le preguntó si estaba en condiciones de jugar y el guardameta dijo que “sí, solo quiero un poco de agua y puedo seguir”. Desde el banco del Colectivero Héctor Rivoira gesticulaba, incluso tuvo un cruce de palabras con el entrenador del Negro Miguel Fullana. “Si no está bien que no siga, andá y decile que no siga”, fue la indicación del Chulo para uno de sus asistentes que con la excusa de llevarle agua se acercó con el mensaje.
A partir de ese momento Cano volvió para atrás, manifestó que no estaba bien y que no podía seguir. El juez no le creyó, le dijo “mirá que esto en 15 días se vuelve a jugar”. Cano acompañado por el médico encaró para los vestuarios y allí hubo discusiones y el enojo contra Rivoira que era quien había enviado el mensaje de no jugarlo.
Unos minutos más tarde, Matias Cano acompañado por el médico de su club, el doctor de Chaco For Ever Alejandro Córdoba, uno de los asistentes, fueron trasladados en ambulancia para realizar el control en el hospital Perrando, donde no se detectó daños en los tímpanos pero si un zumbido en los oídos, tal como lo manifestó el mismo arquero.
Ahora define el Tribunal de Penas, pero más allá del delincuente que arrojó la bomba, hay otros responsables que permitieron que ese artículo de pirotecnia este adentro del estadio. Y es la policía, porque fallaron en el cacheo. A nosotros los periodistas no nos dejaron estacionar en la calle 14 como lo hacemos habitualmente, nos revisaron los bolsos como si llevamos algún objeto que pudiera ser utilizado para agredir y resulta que donde tienen que hacer su trabajo no lo hacen. También es hora que se hagan las cosas como tienen que ser, la policía no está sólo para impedir el trabajo periodístico sino para prevenir lo que sucedió anoche. En cuanto al violento, no debería pisar nunca más un estadio, es esa lacra que daña al fútbol y este viernes lo hizo con For Ever.
Por último, la participación del Chulo Rivoira, que quiso sacar tajada de la situación y lo hizo, de todas formas, habrá que esperar el fallo. Los últimos antecedentes fueron que se jugaron los minutos restantes a puertas cerradas y hubo multas económicas para el club infractor. Veremos…
Fuente: Marcelo Mantaras, El Aguante Deportivo.
(Fotos gentileza Cesar Fernández)




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