
Mónica Doberstein (43) y Guillermo González (34) conjugan arte y deporte en las figuras del patín artístico en pareja. Los misioneros repasan los secretos de una difícil química (Foto: Marcelo Rodríguez, El Territorio)
Adentrarse a lo desconocido y salir de la zona de confort nunca es fácil. Abrir caminos es sólo para valientes. Ellos lo demostraron. Mónica Doberstein (43) y Guillermo González (34) conjugan arte con deporte en patín pareja y con arriesgados trucos generan en el ambiente algo mágico.
Justamente este microclima que ellos comparten hace que todo prejuicio sea aplastado por una marea de elogios.
Para ambos fue romper barreras, pero la pasión todo lo puede. Guillermo viene de otro ‘palo’, como él lo describe, ya que tuvo su paso por el automovilismo, el fitness y el karting, pero su amor por el patín, que practicó en su infancia, jamás se fue y sólo mutó para una modalidad un tanto desconocida en la provincia como el patín artístico en pareja en alto (levantamiento).
Uno para el otro
Pero faltaba una pata en esta historia y después de dos compañeras fallidas para Guillermo, en noviembre pasado llegó la indicada. Mónica también tenía esa llamita encendida de demostrar que, si se quiere, se puede, y no hay límite de ningún tipo para cumplir sueños.
“Competí en varios deportes, como automovilismo en Misiones, y después viví diez años en Brasil; allá hice fitness y karting. Siempre me gustaron los desafíos y me llamó la atención el patín; yo lo había practicado cuando tenía cuatro años, así que después de 29 años volví al deporte”, explicó el ex piloto de la categoría Promocional del Campeonato Misionero de Pista.
A su tiempo, Mónica también tuvo una infancia marcada por su destreza sobre las ruedas chicas que duró hasta los 15 años e incluso había realizado la modalidad en pareja junto a su profesor en los últimos años y siempre le quedó “esa deuda pendiente de volver a hacerlo y cerrar un ciclo” , explicó.
Fue así que un mensaje en el grupo de patín de Hot Wheels, escuela en la que practican y entrenan junto a sus profesoras Graciela Garau y Viviana Kruger, fue el inicio de esta historia.
Guillermo se había quedado sin pareja, lo transmitió y Mónica, que se alistaba para un Nacional luego de muchos años, le comentó que a su vuelta podrían probar cómo se llevaban como equipo. Fue tanta la confianza y el grado de responsabilidad en el entrenamiento que generó uno en el otro que los llevó en apenas dos semanas ir a un festival.
“Retomé 25 años después patín, antes lo hacía sola y el año pasado tuve la idea de ir al Nacional de patín danza en Catamarca, había entrenado todo el año y justo antes de irme, Guillermo puso en el grupo de WhatsApp que se lamentaba que se quedó sin pareja de patín y a mí me agarró el recuerdo de que lo hacía antes y era como una materia pendiente y, como él estaba buscando a alguien, le dije que a mi regreso ‘si querés probamos’, y acá estamos”, dijo risueña Mónica.
Ambos coincidieron en que “conectamos de entrada, nos pusimos de acuerdo en muchas cosas, nos caímos mucho al comienzo pero en dos semanas nos invitaron a un festival en Bella Vista, Paraguay, y buscamos música, coincidimos en el traje, la coreografía y allá fuimos. Crecimos en un período tan corto que también nos invitaron a Montecarlo e hicimos nuestro festival en el Cepard, después en Apóstoles, Villa Cabello e Itaembé Miní”.
Tal vez el único contacto que uno tiene con el patín artístico pareja en Misiones es haberlo visto en la televisión en los mundiales de esta modalidad sobre hielo o alguna que otra película estadounidense con un toque de romanticismo, pero el trasfondo es de mucho trabajo, no sólo de entrenamiento, que de por sí es tan apasionante como agotador, si no contagiar a que haya nuevas parejas en la provincia y también entrenadores capacitados para el patín en pareja.
De los fierros al patinaje
“Hay que romper con el prejuicio de que el patín es sólo para mujeres, es un deporte como cualquier otro. Fue muy gracioso este tema de mi entorno, sobre todo en mis amigos del automovilismo, porque pasé del autódromo a la pista del patín, pero hoy ya lo aceptan; también mi papá no sabía que patinaba y lo invité al festival en el Cepard, en diciembre, y se sorprendió porque le gustó mucho”, dijo orgulloso Guillermo.
En Hot Wheels, por ejemplo, de 400 patinadores sólo tres son varones, lo que habla por sí solo del poco equilibrio que hay para poder formar parejas de patín.
A su vez, Mónica, a sus 43 años, también tuvo que sacar esa estructura de que sólo las niñas pueden hacer patín y competir: “Tener la oportunidad de poder hacerlo a mi edad es decir ‘yo quiero, yo puedo y lo hago’ y, eso para mí es un orgullo, porque las mujeres de mi edad que son mamás y que traen a las hijas tal vez quieran pero no se animan y les da vergüenza por ahí exponerse, pero la vida es para disfrutarla y hacer lo que a uno le apasiona, sino no tiene sentido, en mi caso yo traigo a mi nena y lo disfrutamos juntas”.
Además, la patinadora misionera, madre de dos hijos, compartió que “mi mamá me vino a ver y se emocionó, me abrazó y lloró, le gustó mucho y eso es lo que se genera en la gente porque en cada festival que vamos el público aplaude, grita y retribuye con cariño el esfuerzo que nosotros le ponemos a las cosas. En nuestra última presentación una nena me preguntó si me podía abrazar y me llenó de ternura y satisfacción, es decir voy por el buen camino, tengo que seguir”.
Ambos, además de las horas diarias que le dedican al entrenamiento, le suman trabajo en el gimnasio para poder realizar los levantamientos y las coreografías que no son para cualquier improvisado, por lo que el compromiso es absoluto de los dos para seguir creciendo y poder competir, que es su gran sueño.
“Una persona que no tiene sueños no tiene razón de vivir, nuestra idea es ir al Nacional en noviembre, adaptarnos al reglamento de la categoría que nos toca competir y de ahí también ver qué otras puertas se nos pueden abrir”, explicó Guillermo.
De esta manera ambos intentan contagiar esta pasión que los une, que los hace ver videos por horas y adaptarlos a sus rutinas; también que su profesora se adapte a ellos, ya que al ser pioneros en patín de adultos en alto, van aprendiendo de lo que ven, con caídas y golpes de por medio, pero también de risas y satisfacciones en el proceso.
“Es que patinar nos genera una adrenalina y libertad absoluta, es una conjunción de pasión y arte que traspasa los límites”, fue la definición de ambos, que se animan a romper las cadenas de los prejuicios y la gente le retribuye con aplausos y cariño.
Desafío aceptado
“Hay que romper con el prejuicio de que el patín es sólo para mujeres, es un deporte como cualquier otro. Fue muy gracioso este tema de mi entorno, sobre todo en mis amigos del automovilismo, porque pasé del autódromo a la pista del patín, pero hoy ya lo acepta”
Guillermo González
Patinador
Cuestión de pasión
Tener la oportunidad de poder hacerlo a mi edad es decir: ‘Yo quiero, yo puedo y lo hago’, y eso para mí es un orgullo; en mi caso yo traigo a mi nena y lo disfrutamos juntas”
Mónica Doberstein
Patinadora
Fuente: El Territorio.




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